28 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Eduardo Gavín

Los paradores de Ábalos

El exministro José Luis Ábalos.
El exministro José Luis Ábalos.

Con la llegada del otoño, a uno le entran las melancolías provincianas, campestres e históricas y no puede evitar pensar en continuar gastando dinero, pero de manera diferente: en una escapadita a un parador (exnacional). Los paradores (exnacionales) tienen lo fascinante de ser una cosa pública y a la vez con bastante calidad. No me refiero a que haya dos peines de plástico en vez de uno o ninguno, o a otro tipo de "ammenities", en vernáculo "zarandajas".

Los paradores son un invento muy de su época, la "dictablanda" de finales de los años 20 y son una fantasía de la verticalidad, un hermano mayor y más adinerado de las estancias para empleados de las empresas del INI y más informal que las "messes" militares (Residencias Militares de Acción Social de Descanso). Todo ese tufillo y ese lujo anticuado y por lo tanto verdadero al alcance de un humilde médico del Sistema (exnacional) de Salud. Hoteles de lujo al alcance de la clase media española surgida hace medio siglo y de la que hoy apenas queda el recuerdo. Quizá vayan por ahí los tiros.

Esas ansias del pasado me hicieron mirar, en las últimas semanas, los precios de varios paradores (exnacionales) y no me podía creer los precios que yo vi (oh, sí)... Fines de semana en León por un total de 1000 euros; en Cuenca, por 600; ¿Segovia? Parecido.

"Los paradores tienen lo fascinante de ser una cosa pública y a la vez con bastante calidad".

Imaginen, pues, mi sorpresa al ver hoy la prensa: el ministro (exministro) Ábalos parece que comparte mis gustos (hoteleros). Resulta que es cliente de Paradores, además de amigo de la fiesta y la alegría, y esto ocasiona gastos extraordinarios a dicha empresa. Parece que sobre todo de limpieza. Se hizo la luz. Donde manda un exministro (y varios secretarios, subsecretarios y exsecretarios), no manda el contribuyente.

A pesar de la apariencia injusta de este asunto, sentí un cierto confort en mi epifanía, como el calor del regreso a la infancia. Mucho mejor que cualquier reflexión en un salón de lectura de un castillo. Había vuelto aquella España. La España del pelotazo, esta vez más restringido, más selecto. La España de las mariscadas, los yates, las vacaciones ministeriales, las fotos y videos en paños menores. La España de la aristocracia del pueblo y para el pueblo. La España del progreso y del bienestar de los trabajadores. La España exnacional. La España del PSOE.

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