25 de septiembre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Vergüenza ajena

Los acontecimientos que marcan la actualidad nacional superan cada día los colmos conocidos, sin embargo, la capacidad de algunos referentes sociales para enervar la conciencia colectiva no tiene parangón. Es corriente padecer situaciones especiales en las que se pone a prueba la paciencia de sus semejantes. Hasta las más ejemplares conductas pueden errar en algún aciago momento, situación que afecta a los protagonistas de dispar modo.

Los hay que sufren una terrible vergüenza o se camuflan justificando el desaguisado. En numerosas circunstancias, quienes se ven afectados indirectamente perciben los efectos como una mala experiencia, que los hará sentirse culpables o pasar vergüenza ajena. Hasta en el banquillo de los acusados los peores delincuentes llegan a pedir disculpas a los afectados y muestran su desasosiego por haber regalado tanta maldad.

El arrepentimiento, incluso falso, suele restar periodos de permanencia en prisión; ya se encargan de ello los asesores legales que buscan reducir penas como buenamente pueden, porque la mentira del que defiende está perfectamente aceptada por el sistema procesal. Es más, en algunos casos, los que inventan coartadas para esquivar la acción de la Justicia deberían sentirse avergonzados si hubiera en ellos algo de dignidad, valor que se pierde demasiadas veces, como el color cuando se ve afectado por la química de las falacias.

Y es recurrente el modo de sacar provecho injusto retorciendo las normas legales o driblando el control de quienes deben fiscalizar la correcta aplicación de las leyes. Cuando la desvergüenza política corrompe las fortalezas de lo digno, no es de extrañar que muchos bien nacidos se sientan seriamente afectados.

La ideológica, en ocasiones, pudre valores sociales, que siempre se han considerado intocables. La asepsia social se corrompe con inusitada frecuencia para desgracia del sistema democrático. Los nuevos representantes de esta industria política se han apoderado del honor para ensuciarlo con estrategias, que no hacen más que sonrojar a los que tienen un atisbo de vergüenza. Muchos son los que sufren al contemplar bufonadas en los escenarios donde se legisla. Maldito modo de entender el ejercicio democrático, que llena la boca de los que más deberían cerrarla para impedir la evidente halitosis de su desvergüenza podrida.

Lo que es legal no debería esconder dobleces interesadas. El cumplimiento riguroso de las normas no puede ser discutido o tergiversado para sacar provecho injusto. Un acuerdo entre colectivos afectados no debería manosearse. Los que antes se cerraba con un apretón de manos, en estos días precisa redactarse al milímetro para impedir su manipulación postrera. Los sinvergüenzas no cejan en el empeño en ensuciarlo todo si está en juego su victoria. No valen las trampas, tampoco se pueden cambiar las reglas del juego cuando quiere una de las partes.

Y los gestos, como las palabras, dicen mucho de comportamientos indecentes, que suelen trascender con un sutil y evidente lenguaje no verbal. No debería ser aceptada la contienda ideológica como una batalla de filibusteros tratando de timar al que está firmando documentos, que tanto tienen que ver con la supervivencia y bienestar de la gente. Quienes no conocen los secretos de la negociación tienen desventaja; saldrán trasquilados pensando que han acordado un contrato limpio y justo.

Está quedando poca ropa esterilizada para seguir manteniendo el nivel de asepsia social que nos haga tener confianza. No hay más que trucos y competencia entre tramposos desvergonzados. Los demás, cuando nos llamen, iremos a votar sin convencimiento, porque nos sentimos estafados sin tener claro quién nos está engañando. Contemplando el descarado ejercicio de ese cinismo político padecemos, desgraciadamente, a una casta de paniaguados llenándose el refajo de billetes garantizándose su futuro, y el de los suyos, que de otro modo no sabrían asumir con semejante catadura moral y profesional. Es deprimente no hallar atisbos de honorabilidad. Muchos de los que observan esta serie de sainetes políticos, y sabemos que no es justo generalizar, incluso pesándoles, no tienen más remedio que sentir vergüenza ajena.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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