08 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Ignacio Herce Álvarez

Réquiem por el arte “cotidiano”

El mundo del arte siempre ha formado parte de mi vida a nivel personal e incluso durante una época, profesional como crítico de arte.

En los últimos tiempos,  cuando visito a mis amigos anticuarios, galeristas, etc., me repiten como un mantra perfectamente asumido aquello de, “no se vende nada”.

Parece ser que a estas generaciones les sigue gustando decorar su casa con “arte” (cuadros, esculturas…),  pero ahora  lo más fácil y habitual es irse a la tienda sueca y comprarse media docena de piezas absolutamente estandarizadas y, como además quedan bonitos, todo arreglado.

Queda claro que no estoy hablando de colecciones, sino de algo mucho más asequible como es  la “decoración” de nuestros espacios más cercanos, sea casa o lugar de trabajo.

La  verdad es que el arte en general, -el teatro, el cine, la  literatura, la pintura, etc.-,  como vehículo de expresión, ocio o diversión entiendo que siempre se mantendrá en un puesto privilegiado en nuestra sociedad, pero yo  voy un poco más allá y me quiero referir a ese arte más cercano, el que tenemos en nuestras casas, el que siempre formo parte de nuestra vida cotidiana.

Generalmente, cuando se iba a decorar una casa, siempre se buscaba algún cuadro, réplicas de  pinturas, esculturas de una mayor o menor calidad….cada uno  al nivel que le permitía su capacidad adquisitiva.

Sabido es que un principio básico de la decoración es aquello de que cuando se está “poniendo“ una casa u oficina, hay que buscar una o dos piezas de arte que, estratégicamente situadas, den un “toque” de distinción al espacio.

Y con ello entramos en uno de los aspectos más divertidos de la adquisición de este tipo de piezas; encontrarlas. Además del sistema normal de acudir a galerías de arte, hay algo mucho más interesante: bucear en anticuarios, almonedas, desembalajes, tiendas de viejo (ahora vintages) o hasta en el mismo Rastro donde, en sus mejores tiempos,  te podías encontrar cosas verdaderamente interesantes.

Ese rebuscar me ha permitido encontrar piezas que quizá  no cuenten con un gran valor artístico pero si con un sabor especial que hace que sientas un verdadero placer en colocarlas en tu entorno más cercano y cruzarte con ellas diariamente. Además tienen un aspecto que las hace aún más interesantes, que se pueden conseguir a buen precio, porque cierto es que acudir a las galerías de reconocido prestigio suele ser algo prohibitivo para la mayoría de los mortales.

Más allá del esnobismo, si lo que queremos es decorar nuestro espacio baste con ir a una galería o anticuario y buscar piezas  que, como decíamos al principio, den ese toque “especial” al espacio que se busca decorar. Una mesita, un escultura…. bien elegidas, aportan calor a una estancia en principio impersonal.

Esto puede parecer una contradicción con mi afirmación inicial de  que se está acabando con el arte como elemento decorativo. Evidentemente no ha desaparecido el interés por “poner arte en nuestra vida”, lo que está desapareciendo es buscar algo más allá en la decoración que algo impersonal y de lo que existen doscientas mil copias por todo el mundo, entrando con ello en el reino del arte  de supermercado.

Cierto es también que el mundo de las galerías se ha vuelto un poco loco. Se pagan precios astronómicos por obras que prefiero no entrar a definir, con unas tendencias y estilos que están muy alejadas del gusto de la “gente normal” y tan solo para el de la que se considera “élite” del mundo del arte, formada fundamentalmente por coleccionistas o sencillamente por “ricos” que no saben en que invertir su dinero. Este sería el caso de ARCO que para mí es la mayor expresión de esnobismo artístico,  que intenta colocarnos como arte con mayúsculas algo que no pasa de una mera expresión más o menos artística de una serie e ideas de gusto dudoso y que, además, pretende que sea la imagen reflejo de nuestro tiempo.

Reivindico por tanto luchar por la supervivencia de los anticuarios, galerías, tiendas de viejo….donde podamos seguir buscando y rebuscando con la sana intención de encontrar esa pieza que ocupe un espacio en nuestra casa u oficina, en nuestra vida en suma. No perdamos ese olor a “viejo” de los anticuarios, a pintura de las galerías, o al menos no lo cambiemos por el fresco aroma proporcionado por los ambientadores de las tiendas al uso.

Quiero finalizar con una llamada de atención a los propios anticuarios, galeristas y demás, para que se vuelva a la realidad. El boom económico ya paso y quedan pocos que tengan un Miró en el cuarto de baño, que no se venda lo viejo como antiguo y, sobre todo, que vuelvan a conseguir el sabor de antaño, que no se quiera ser lo que no se es y, sobre todo, que  se recupere la verdadera esencia de aquellos puntos de encuentro para los amantes del arte.

Disfrutemos del ARTE con mayúsculas pero no olvidemos que todos, a nuestro nivel, podemos poner arte en nuestra vida.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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