25 de septiembre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Eduardo Gavín

Venceremos la maldad, pero no la idiocia

Un dicho un tanto cursi afirma que la Cuarta Guerra Mundial será con piedras y palos. Además de cursi, es optimista, pues desconoce la capacidad destructiva de varios países que se encuentran, además, dirigidos por sátrapas y psicópatas.

A lo mejor no hago más columnitas. A lo mejor deciden una destrucción total del enemigo o a lo mejor nos rendimos antes de empezar y yo acabo en Vorkuta por todo lo que acabo de escribir. Pero lo cierto es que la cosa pinta mal. Porque es muy difícil combatir la estupidez humana. O mejor dicho, vencerle. Y no me refiero a Putin y sus aliados siniestros. Putin es el único que ha sabido leer el juego de la política internacional, como hizo Julio César cuando sus líos ptolemaicos o Kissinger toda la vida.

La estupidez es la del que cree que el mundo de la guerra era pasado, que ya no había villanos con poder. Del que miraba para el reggaeton y las “zapas” mientras se gestaba un imperio tenebroso que domina tres cuartas partes del mundo de manera insidiosa. Basta ver los aliados de Rusia, tanto en Europa como en Asia o América. China domina el lejano oriente de una manera casi absoluta, más aún desde que un virus salió de un murciélago o un armadillo, especies conocidas por su manía de diseñar virus de laboratorio (qui prodest?)… pero es que además domina el Pacífico Sur y todas las materias primas de África. Ahora empieza a encajar esa obsesión de los ayatolas iraníes por conseguir armas nucleares y por mantener el monopolio de la adormidera en Oriente Medio. Y mientras, ¿quién se encarga de la cocaína? Pues hay una serie de países comunistas y narcotraficantes que controlan ese lucrativo negocio para su amo.

Nada de esto es inventado o nuevo. Lo tenemos en nuestras narices desde los 90. Cedimos la industria a China de manera voluntaria, además de abrirles a ellos, los rusos y los sátrapas hispanoamericanos todo el mundo del capitalismo para su financiación y su blanqueo. Cualquier persona en sus cabales había oído hablar de la presencia china en África. Y todos, absolutamente todos, veíamos el avance de un particularísimo comunismo en Hispanoamérica. Comunismo de Ortega cargando fardos o de Delcy aterrizando con maletines.

Mientras, asistíamos, inocentes como mentecatos, a las manipulaciones permanentes de Rusia en occidente, fuese en forma de sillón radiactivo o de referéndum en Cataluña.

Y a todo hemos reaccionado de la misma manera. “Jaja, Venezuela”, se mofaban los comunistillas patrios de las redes sociales, entre la foto de sus zapas y la de su cachopo. Cuba es una república de diversión, ron y juerga para golfos como el bobo Toledo. China era un comunismo malo, pero por “capitalista”, no por sus abusos sobre sus propios ciudadanos o sus peligrosas investigaciones científicas. Irán era sólo el dueño de la televisión donde apareció con su programita el exministro Iglesias. Y Putin era carne de meme, montado a caballo, todo pecholobo. Todo era motivo de chanza y jolgorio en redes. Imagino que muchos lo hacían por dinero o por cervezas. Bravo por ellos. Los estúpidos son los que aplaudían gratis.

Mientras, los problemas del mundo eran Trump, Bolsonaro y Abascal. Y la solución eran el lenguaje “inclusivo”, los movimientos woke y los guerreros sociales. Seguir de fiesta mientras se preparaba el terror que ahora enfrentamos. Es posible vencer a toda esa maldad, pero es imposible vencer tanta idiocia. Dios quiera que me equivoque en todo cuanto he expuesto aquí.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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