18 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Lucio Séneca

El otro exilio

Con motivo del 80 aniversario de la muerte de Antonio Machado el actual Presidente del Gobierno, Sánchez Castejón, ha visitado su tumba en Colliure (Francia) al mismo tiempo que rindió tributo de homenaje a Azaña, último Presidente de la República española, y a los miles de españoles que al finalizar la guerra huyeron de España.

Ello ha dado lugar a que se vuelva a hablar del exilio español y como siempre, desde que volvieron al poder las izquierdas derrotadas y vencidas del año 39, haciendo creer que todo el exilio español fue motivado por la victoria de Franco y la sangrienta represión llevada a cabo antes y después de la guerra... Y otra vez hemos vuelto a ver las tristes imágenes de aquellas caravanas de catalanes harapientos y desolados intentando cruzar la frontera por los Pirineos y huir del horror franquista... y otra vez hemos vuelto a saber que miles de intelectuales abandonaron la tiranía militar que se avecinaba con la victoria.

Y es posible que todo lo que dicen y escriben se ajuste a lo que de verdad fueron los últimos meses de la guerra y los primeros años de la España Nacional.

Pero, hay algo que las izquierdas de hoy (los defensores a ultranza de la "Ley de Memoria Histórica") callan o interesadamente manipulan. Me refiero al exilio que el bueno de "Azorín" calificó como el "exilio del miedo", o sea de aquellos que abandonaron España (catedráticos universitarios, científicos, escritores, arquitectos, ingenieros, directores de cine, actores y actrices, periodistas, médicos, juristas, historiadores, pedagogos, militares, traductores, editores o simplemente profesionales liberales que no eran ni de derechas ni de izquierdas) antes del desastre. Según el Maestro fueron gentes a los que, como a él mismo, les invadió el miedo al ver cómo actuaban los milicianos incontrolados y como los sacaban de sus casas sin más delito que el ser católico o llevar corbata. Ese "exilio" comenzó incluso antes de que las tropas franquistas se aproximaran a Madrid, pues muchos, incorporados ya incluso a las Unidades republicanas, se asustaron al ver o enterarse de las "sacas" y de la existencia de las terribles "checas" donde los comunistas torturaban y mandaban a la muerte a vecinos, compañeros o conocidos que no habían hecho nada contra la República. Y especialmente cuando se fue sabiendo lo que había pasado en Paracuellos del Jarama. Sí, fue entre agosto del 36 y diciembre del 37 cuando se produjo ese "exilio del miedo" de "Azorín". Tantos eran los que se marchaban que las autoridades republicanas prohibieron la salida al extramjero a ciudadanos que no tuviesen un permiso especial. (Al doctor Marañón no lo dejaron salir hasta que pudo demostrar que había sido invitado por la Soborna de París a dar un curso sobre la Nueva Medicina).

Sé que de este "exilio del miedo" no es políticamente correcto hablar en la España de hoy. Sin embargo, los hechos son rotundos y tras estudiar detenidamente los estudios publicados recientemente por el "Centro de Investigación de los Exilios Europeos" de la Universidad de Oxford (Inglaterra), la "Tesis doctoral sobre el exilio español tras la Guerra Civil de 1936-1939", de don Armando L. Trueba, realizada en la Universidad Autónoma de Nueva León (México), los informes publicados por la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad de Moscú o los de la Universidad Interamericana San Martín (Argentina) e incluso los de la Universidad Aix-Marsella (Francia) podemos acercarnos a la realidad de lo que sucedió en esos meses y de las cifras más aproximadas de los que se fueron... y ese exilio fue muy anterior al exilio franquista.

Según el "Informe Valiere" (realizado a petición del Gobierno francés) a partir de la derrota de la República emigraron a Francia, a través de los Pirineos, 440.000 personas, entre ellas 170.000 mujeres, niños y ancianos; 40.000 inválidos y 10.000 heridos. El resto, 220.000, eran soldados, milicianos y mandos de los ejércitos vencidos.

De éstas unas 30.000 consiguieron salir para México (en los barcos "Sinaía", "Ipanema", "Mexico", "Flonadra", "Nyassa" y "Serpa Pinto") y casi un 50% decidieron regresar voluntariamente, y ante la mala acogida que recibieron en Francia, a la España Nacional. Entre 500 y unos 10.000 llegaron a Argelia y otros tantos a Marruecos... y no hay cifras exactas de los "exiliados" que se fueron a la Rusia soviética, Cuba, Chile, Venezuela o Estados Unidos.

Pero hubo otro exilio, ese que "Azorín" bautizó como el "exilio del miedo", que, injustamente o intencionadamente, se sitúan también como huidos al final de la Guerra y la victoria de Franco y digo "intencionadamente" porque está comprobado que muchos de esos profesionales salieron de España entre agosto del 36 y diciembre del 37 y no por miedo al franquismo sino a las actuaciones asesinas de los piquetes de milicianos incontrolados de los partidos más radicales de las Izquierdas.

En cuanto a los intelectuales "exiliados" he tenido especial interés en conocer cuál fue la peripecia de algunos de los famosos que acabaron fuera de España. Entre ellos Ramón J. Sender (se fue en 1937), Arturo Barea (se fue en 1938), Manuel Andújar (se fue en 1939), Pedro Salinas (se fue en 1936), Luis Cernuda (se fue en 1938), Luis Buñuel (se fue en 1936), Claudio Sánchez Albornoz (se fue en 1936), Falla (se fue en 1940), Emilio Prados (se fue en 1939), Max Aub (se fue en 1936), Américo Castro (se fue en 1936, volvió, y se fue en 1938). Por razones de espacio me reservo las salidas de Paulino Massip, Anselmo Carretero, Armando Alonso, Emilio Segovia, Navarro Tornás, Altolaguirre, Arturo Duperier, Enrique Molés, Enrique Rioja, Enrique Jiménez González y Odón de Buen.

También está comprobado que entre agosto de 1936 y junio de 1937 salieron de España 550 médicos hacia México; 44 notarios hacia Estados Unidos y Venezuela; 88 arquitectos y otros tantos científicos hacia diversos países hispanoamericanos. Todos ellos bajo los efectos del "exilio del miedo". No fue el caso de Rafael Alberti o José Bergamín, que por su entrega y militancia en el PCE entraron y salieron de España a su placer. Alberti acabó lléndose a Buenos Aires y Bergamín a México.

Y termino con la pregunta del millón: ¿y por qué estos profesionales no volvieron a partir del final de la Guerra Civil? Está muy claro, muchos de ellos, dada su valía profesional o intelectual, resolvieron enseguida su incorporación al país elegido y cuando se produjo la victoria definitiva de Franco ya estaban bien situados y ante la perspectiva de la difícil posguerra prefirieron quedarse. Aunque algunos volvieron como fue el caso más curioso de Alejandro Casona del que podría escribirse una novela, ya que a su regreso no fue perseguido ni desprestigiado por el franquismo sino por el "allí-pros" comunista.

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