22 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

El macho Alfa Centauro

Pablo Iglesias.
Pablo Iglesias.

Tres son los aspectos que afectan a la decisión de realizar una acción sujeta a recompensa: Su magnitud o cuantía, el grado de probabilidad o certidumbre con la que se obtendrá, y la dilación temporal entre el acto delictivo que se realiza en nombre de otro y la recompensa que se obtiene. La recompensa puede cobrar muchas formas y exige un juicio de valor sobre la seguridad con que se obtendrá en función del poder y prestigio de la fuente.

Preguntado Al Capone si prefería ser temido o amado en los términos en que planteaba la cuestión Maquiavelo, Al Capone respondía que prefería mas ser temido que amado, porque el amor es mas efímero que el miedo. Los seres humanos luchan desigualmente por la libertad y la igualdad. La igualdad es el origen de la seguridad. Nadie amenaza mis bienes si puede obtener por sí mismo bienes análogos y esto exige un cierto grado de igualdad, sin contar con que yo mismo puedo necesitar amparo, pero existe un tipo de igualdad que amenaza mi libertad en tanto cualquier éxito depende de que otro haga algo por mí. Este es el artificio del lenguaje: lograr que otro haga algo por mí, -la expresión del logro-, y lo haga sin amenazarme, -la expresión de la relación. Los seres humanos sacrifican su libertad a la seguridad, porque la libertad amenazada no permite el goce la cosa del mismo modo que si no está amenazada. Estas cuestiones son importantes para analizar las estrategias políticas y las conductas individuales, y explican a la perfección cuando los vicios privados se tornan pecados públicos. 

Uno de los conceptos mas abstractos del Derecho Penal es el de autoría. Un concepto que mantiene una estrecha relación con otro igualmente complejo, el de intención. El artículo 28.1 del Código Penal refiere tres tipos de autoría, individual o directa, coautoría, y autoría mediata. En el Código Penal se establecen además formas especiales de autoría y participación.

En la autoría mediata el autor del delito realiza el hecho punible por medio de otro que se emplea como instrumento. Si el autor mediato no tiene un control sobre el ejecutor material del delito se habla de inducción, por el contrario se habla de autor mediato si ese control es efectivo y se ejerce por medio de violencia, engaño o intimidación al autor material del delito. En el concepto de autor mediato cabe el control efectivo de la conducta ajena mediante la recompensa. Una forma de control notoriamente mas eficiente nace del hecho de que el autor material del delito obtenga una recompensa.

Existen a ese respecto dos modos de tener éxito: Emitir un mensaje que pueda ser escuchado por un descerebrado, un lobo solitario, que se convierte en ejecutor directo de un mandato, u ordenar una acción al ejecutor material del delito, y tenerlo sujeto a recompensa. En ambos casos, existe un caudillo. Solo el caudillo puede ser desigual. La condición natural del caudillo como la de cualquier jefe local es afectar la vida de otro, sea esclavo o asalariado. Y puede mas por la amenaza que por su ejercicio, porque la amenaza siempre es de mayor magnitud que si se realiza el castigo. En su vertiente individual, es ejemplo de lo primero el caso Salman Rushdie que sujeto a una fatua ha vivido toda la vida bajo una amenaza de ejecución. Pero el control de la conducta de los posibles ejecutores de la acción es efímera y precaria porque depende del amor al líder. Asimismo, en su vertiente individual, ejemplo de lo segundo, es el caso León Troski que no pudo escapar al mandato de Stalin sobre la madre del asesino Ramón Mercader, la pervertida Caridad Mercader. En este caso, el control suele ser mas efectivo porque depende del ejercicio simultáneo de la amenaza y la recompensa. ¿Cómo juzgar la autoría mediata del emisor de un mensaje y la autoría mediata de aquel que controla a otro por medio de amenazas y recompensas?

La Ley de Hierro de ETA es castigar de forma infinita la defección, y premiar de forma infinita la filiación, el caso de Yoyes es un caso ilustrativo entre muchos otros. Recobró su nombre, Maria Dolores Katarain, a partir del abandono de la banda y de su muerte. Pero también existen versiones colectivas de ambos casos. Del primer caso, el control efímero que proporciona un espejismo: ¿iba a descansar Podemos sobre ese control efímero nacido del empobrecimiento de grupos sociales inarticulados por amor a un líder emergente y cínico?

La ministra de Igualdad, Irene Montero.

Del segundo caso, el control efectivo del partido que sacrifica, como anunciamos en estas páginas, a todos y cada uno de los fundadores que no se echaron a un lado. La Ley de Hierro de ETA tan magistralmente manejada por Pablo Iglesias. Como un "capo mafioso", ordena a sus amantes, y ejerce hacia dentro la amenaza infinita y la recompensa. El Me Too nace de la posición que se ocupa, una vez ha mercadeado con la carne. Su camino está sembrado de cadáveres. En el trayecto las pasiones púbicas de Iglesias revelan esa aparentemente paulatina transformación entre el idealista revolucionario, el pragmático que convive con el poder establecido al que amenaza, y el goce de sus conquistas.

Como aquel barón de Beaumarchais de la revolución francesa, hoy barón de Galapagar. Un supermacho maltrecho y audaz que como Perón convierte a sus amantes en líderes. Irene Montero no puede llegar a ser la Evita que quería haber sido Tania Sánchez, pero como Isabelita acompaña al caudillo ministro de Bienestar Social, como era José López Rega en Argentina, recreando la Alianza Antifacista Auténtica que dicta a sus periodistas qué publicar. Y la Triple A siempre encuentra a sus Ferreras y a sus Pastoras.

El caso Dina es el espejo de Pablo Iglesias, el fraude de una acusación de delito del que el mismo es su autor mediato, la impulsividad del líder que satisface por igual sus ambiciones políticas y sus ambiciones sexuales alimentando la farsa que la mitología que le ha encumbrado, el macho Alfa Centauro que compra el sexo con moneda del poder. Granadina y Dina. Con dólares en una cuenta offshore de la dictadura venezolana pueden comprarse muchas voluntades. Siempre hay que sospechar de aquel que conjuga en un solo acto la indulgencia de sus delitos, el tráfico de influencias, su enriquecimiento y la satisfacción de su sexualidad machista.

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