28 de noviembre de 2021
|
Buscar
FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Cocer habas

"Es fundamental respetar la división de poderes".

El acervo literario español constituye un tesoro intangible donde podemos encontrar refranes y reflexiones que explican con nitidez muchas expresiones usadas para concretar el dispar comportamiento de las personas.

En la segunda parte de Don Quijote, capítulo trece, Sancho decía: "En todas casas cuecen habas; y en la mía a calderadas; más acompañados y paniaguados debe tener la locura que la discreción". Con las dificultades para comprender tantas palabras olvidadas, merece la pena, de vez en cuando, regresar a esa segunda parte del Ingenioso Hidalgo para recuperar valores que ahora, cuando contemplamos la degradación moral de tantos referentes sociales, precisan revitalizarse.

Otra reflexión viene de mucho más atrás: “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que le tire la primera piedra”. Jesús nos decía algo que jamás pierde actualidad, pero solemos olvidar porque nos interesa. Ningún partido político, institución o colectivo está en condiciones de enviar monsergas enorgulleciéndose de una trayectoria impoluta. Hay gente que no suele comulgar con ruedas de molino, incluso cuando se invoca a la disciplina o jerarquía. Nadie debería vanagloriarse del pasado donde se han conocido atrocidades de esos líderes carismáticos, algunos idolatrados sin justificación, adornando el pecho de las camisetas o enormes grafitis equivocados.

Pocos grupos humanos deberían agarrarse a la honradez incuestionable o propaganda falsificada. “Obras son amores, que no buenas razones” para esquinar refriegas sobre quiénes representan con mayor solvencia la honorabilidad social. Ya basta de mentiras para sacar rentabilidad. En esos mensajes tergiversados no hay más que un desmedido desprecio a la inteligencia de unos ciudadanos cansados de tanta perorata vacía.

No todos pueden alardear de superar la imprescindible prueba del algodón. Cualquier servicio público, donde se atiende con profesionalidad las demandas de los vecinos, esconde el despreciable comportamiento de unos desaprensivos haciendo daño. Desenmascararlos supone una labor de limpieza imprescindible para conseguir responder a  las exigencias de las tareas esenciales del bien común. Pero los indolentes, cobardes donde los haya, jamás se posicionan con energía para erradicar malas conductas. Es más rentable ponerse de perfil ignorando la necesidad de respaldar a los que hacen muy bien su trabajo menospreciándolos sin rubor.

"El sistema democrático está en serio peligro".

Escuchar esas frases manidas de tanto caradura vendiendo palabrería sin contenido, no es más que una desgarradora manera de contemplar esta deriva del despropósito, protagonizado por gente zafia que manosean los resortes del poder, y lo que es mucho peor, los dineros ajenos, que se embolsan sin miramientos y reparten las ganancias como quienes hacen lo propio con el botín de un robo.

No es justo generalizar, pero los ejemplos, que significan el escaparate oficial, nos repugnan de tal modo que nos impulsan a desear erradicarlos de cualquier forma. Hay que asear el panorama político y deberían ser los propios componentes de esas organizaciones los que comenzaran a hacerlo. No valen excusas sobre la jerarquización o el respeto a los cuadros que dirigen, porque se pueden remover si la mayoría lo pretende.

Las bandas de malhechores se apoderan de las instituciones y logran acaparar los resortes de la influencia más deleznable. Las altas instituciones del Estado están en entredicho como consecuencia de conductas tácitas y expresas de parcialidad. “Entre todos la mataron y ella sola se murió”. El sistema democrático está en serio peligro. Los miembros designados para los altos tribunales del Estado no pueden estar en boca de cotillas sin escrúpulos, pero tampoco deben aparentar parcialidad en sus conductas. Nos jugamos mucho y es fundamental respetar la división de poderes. El judicial supone la última cortapisa para impedir el desmantelamiento de la responsabilidad legal. También ahí, donde debe aguantar el Estado de Derecho, en ese muro poderoso y robusto en el que se sujetan con firmeza las democracias modernas, pudiera parecer que se cuecen habas.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

COMPARTIR: