19 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Ignacio Herce Álvarez

Salir... saldremos, pero ¿cómo?

Saludo con codos en periodo de pandemia.
Saludo con codos en periodo de pandemia.

Parece que se apunta la posibilidad de que pronto remita la ultima de las variantes reconocidas del COVID, que estamos a punto de conseguir la inmunidad de rebaño –apelativo que no me acaba de gustar por las implicaciones que puede tener en manos de este desgobierno– y que, en suma, estamos acercándonos lentamente a la tan ansiada normalidad.

Y no dudo de que sea así y que en un plazo mas o menos largo podamos recuperar aquello que fuimos y tuvimos… Pero lo que tengo claro es que a ese momento llegaremos todos abrazando farolas, tocados del ala, fuera de la olla o como queramos denominarlo.

Niéguenme ustedes que se han dado cuenta de que, ante la evolución y duración de esta pandemia, cada día nos estamos sintiendo más obsesivos, neuróticos, histéricos e hipocondriacos entre otras muchas cosas

Para no entrar en disquisiciones filosóficas, podemos resumir en dos las maneras de afrontar esta crisis, una a la que podríamos denominar de los TOCOVID (Trastorno Obsesivo Compulsivo COVID) y otra que correspondería a los HVCV (Hay que Vivir, aunque nos Cueste la Vida).

En el grupo de los TOCOVID encontramos a todos aquellos que como te oigan toser en sus inmediaciones –además de las miradas torvas y asesinas–, son capaces de hacerte un test de antígenos sobre la marcha, aquellos que portan una regla para mantener la distancia de seguridad, que entran en pánico si los tocas o no encuentran gel hidroalcohólico en los accesos a lugares públicos, e incluso en ciertos espacios privados… Y todo aquello que seguro que se os viene a la cabeza en estos momentos.

En el de los HVCV están aquellos que sus ansias de vivir les hacen hacerlo hasta llegar incluso a jugarse la vida en el intento, aquí encontramos a los negacionistas, a esos que dicen que asumen el riesgo pero que hay que vivir, los que te abrazan en cuanto te descuidas porque dicen que no hay que perder el contacto humano, los que se apuntan al carro de “no pasa nada que estamos vacunados”. Y por supuesto no olvidemos a los descerebrados que asisten a las fiestas multitudinarias, botellones… Esos que luego van a sus casas y contagian sus padres, hermanos, etc., eso sí, a sus amigos no les contagiarán porque eso ya lo han conseguido ellos por sí mismos.

Dejando aparte estas consideraciones realizadas en tono un tanto jocoso pero que no por ello están alejadas de la realidad, el hecho es que esta pandemia está afectando de una manera cada vez más fuerte a nuestra psique.

Como veíamos en nuestros “modelos” de comportamiento, ambos son consecuencia de una situación que creo que nos esta superando en toda línea. En concreto esta última variante OMICRON nos está llevando a todos los extremos, desde aquellos que ante la velocidad de propagación están cayendo casi en el auto confinamiento hasta los que montan autenticas manifestaciones para evitar cualquier tipo de medida que ayude a su control, bajo el autoconvencimiento de que se trata de unos supuestos recortes a la libertad individual.

El hecho es que es difícil encontrar a alguien que de una u otra manera no este incluido en alguno de los grupos o que no lo este en poco tiempo. Por mucho que se hable de vuelta a la normalidad siento que todos en mayor o menor medida, nos estamos viendo afectados psicológicamente por la pandemia con consecuencias a medio y largo plazo. Temor, ansiedad y demás síntomas asociados están aflorando día a día en todos nosotros, temor al contagio, ansiedad ante lo que te pueda ocurrir si ocurre...

Ver a la gente con el abrigo calado hasta las orejas, la bufanda y los guantes puestos mientras comen o cenan en la terraza de un restaurante es una escena habitual ante la que yo me pregunto cómo conseguirán mantener caliente la sopa… Notar síntomas de congelamiento en el personal apoyado en el barrilito de la entrada del típico bareto mientras toman el aperitivo, la angustia ante la falta de gel hidroalcohólico o ese saludo temeroso que solo superas después del segundo gin tonic como decía Ayuso son síntomas de la necesidad de salir, pero la de hacerlo bajo las mayores normas de seguridad vigilando, cómo, dónde y con quién.

Nuestro insigne presidente del desgobierno cada vez que nos avisa de que vamos triunfando frente al virus hace que al poco tiempo nos venga la del pulpo… Y claro, la desconfianza y el temor aumenta exponencialmente a su optimismo impenitente y eso es muy peligroso de cara a nuestro futuro inmediato.

Por todo ello me reafirmo en lo dicho al comienzo de este artículo, nuestra salud mental esta en peligro, no somos lo que éramos y va a tener que pasar mucho tiempo hasta que recuperemos la confianza, que desaparezca el miedo, que apartemos al gel hidroalcohólico y la mascarilla de nuestras vidas. Pero mientras tanto, quiero aprovechar para desear a todos aquellos que han sufrido mis artículos durante el pasado 2021, un Feliz Año 2022 y que se cuiden… por si acaso.

Por cierto, si conocen a algún psicólogo de confianza que aún se mantenga cuerdo, pásenme el contacto por favor.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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