27 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Felicísimo Valbuena

Albert Rivera, un Sísifo de la política española

            El 7 de Diciembre de 2015, tuvo lugar un debate en televisión. Intervinieron Soraya Sáez de Santamaría, del Partido Popular (en sustitución de Mariano Rajoy), Pedro Sánchez (Partido Socialista), Albert Rivera (Ciudadanos) y Pablo Iglesias (Podemos). El  20 de Diciembre se celebraron las Elecciones Generales en España.  “Ciudadanos” realizó una autocrítica. Los dirigentes reconocieron una serie de factores que pudieron haber influido en la desilusión que dejó ese partido en el electorado. Habían llegado a la campaña electoral con unas encuestas que señalaban unas expectativas muy elevadas entre los votantes. Sin embargo, la autocrítica dejó  para más adelante el examen de cómo había actuado el propio candidato, Albert Rivera, en los debates televisivos.

Rivera, como antes Aznar, falló en el momento decisivo

            Pienso que en España contamos con un precedente muy importante: En 1993, el candidato favorito para ganar las elecciones era José María Aznar. Había vencido en el primer debate. Sin embargo, Felipe González le derrotó en el segundo y ganó las Elecciones Generales. Aznar cometió el gran error de dejase aconsejar por Pedro Arriola y volvió a repetir el mismo discurso de entrada que en el primer debate. En política, los candidatos no deben cansar a los electores repitiendo los mismos argumentos. Pueden decir las mismas cosas, pero de manera diferente.

            A Albert Rivera le sucedió lo mismo que a Aznar. Las encuestas no le daban como el candidato favorito para ganar las Elecciones, pero sí que iba a conseguir alrededor de 60 escaños. Sólo obtuvo 40. 

Rivera se boicotea a sí mismo con su conducta no verbal

Estudié a Rivera viendo el debate varias veces e identifiqué con  fotografías los momentos que me parecieron más importantes en sus intervenciones. Rivera es un político que, aunque puede hablar muy bien, se derrota al mover sus brazos y piernas. No sé quién le asesoraba entonces, pero el resultado dejó mucho que desear.

Se tocó hasta 8 veces su ropa. Lo que el público no espera de un líder político es que parezca estar necesitado continuamente de apoyo. Prefiere un líder seguro que transmite confianza. Los edificios seguros no necesitan que los apuntalen. Son los inseguros los que necesitan puntales. Rivera transmitió falta de seguridad.

Y cuando Rivera entra en una zona de riesgo es cuando no está hablando; es decir, el problema de Rivera es qué hace cuando está en posiciones de descanso.

            Por ejemplo, practica un doble cierre: Cruza el pecho con un brazo y con el otro se tapa la boca.

El gran estudioso Desmond Morris afirma que sujetarse la barbilla es un ejemplo que utilizan las personas para intentar un consuelo momentáneo a sus preocupaciones y proble­mas.

“El acto de cruzarse de brazos, que crea una barrera protectora ante el pecho, también contiene un elemento consolador y confortante porque equivale a darnos un medio abrazo a nosotros mismos. La misma sensación de seguridad en el contacto propio puede encontrarse al unir las manos, entrelazando dedos o agarrándose la palma de una mano con la otra” .

Pues bien, Rivera se agarró una mano con la otra hasta 11 veces.

Osciló los pies hacia adelante y hacia atrás, sin mantener una posición firme; levantó un pie, el derecho o el izquierdo, hasta 10 veces.

Rivera tiene las trazas de ser un Sísifo actual

Un personaje de la Mitología que recuerda los avatares de Albert Rivera es Sísifo. Desafió a los dioses, y como castigo, éstos le dieron la tarea de cargar una roca hasta lo más alto de una montaña, desde donde la roca caía y le arrastraba; entonces, Sísifo volvía a cargar la roca hasta la cima. Y nada menos que por toda la eternidad. Sísifo es un perdedor.

Hasta ahora, Albert Rivera lleva doce años intentando una y otra vez convertirse en una figura política de primer orden. Y lo ha logrado. Con su juventud, ha demostrado que sabe ganarse la vida por su cuenta. En las elecciones catalanas, su partido ha logrado resultados extraordinarios. Cuando ha pasado a la política nacional, también ha crecido mucho. Entonces, ¿por qué Rivera deja esa sensación insatisfactoria?

            Su falta de seguridad se nota por el asco que tiene a la realidad. Para Julián Marías, el asco es de las emociones más desfavorables que le pueden ocurrir a una persona. Es como si un médico siente horror ante la sangre.

            Desde que se empezó a hablar de Vox hace pocos meses, Manuel Valls, exPrimer Ministro francés y candidato por Ciudadanos a la Alcaldía de Barcelona, soltó esa frase tomada de la lucha contra las epidemias: “Hay que poner un cordón sanitario alrededor de Vox”.

            Es la misma frase que Federico Luppi, actor argentino y que residía desde 2001 en España, pronunció contra la derecha española en 2004. Desde entonces, Luppi perdió el favor de muchos espectadores españoles. Incluso, es probable que experimentase signos de que mucha gente le despreciaba. El hecho es que regresó a Argentina, donde murió.

            Julián Marías, el filósofo español afirmaba: “Está muy difundida la creencia de que lo “inteligente” es ver lo penoso y destructor. Mi punto de vista es aproximadamente el contrario: cuando se atiende a la realidad, cuando se la mira directamente y con atención, se descubre que en gran proporción es valiosa. El examen sincero de casi todo lo que es real lleva al descubrimiento de calidades positivas, que importaría retener y salvar”.

            Y proponía lo siguiente: “Habría que ensayar un cambio de óptica; frente a las técnicas de envilecimiento, se podría intentar una visión de salvación de lo real”. “Lo que resulta urgente es una corrección de la perspectiva, del punto de vista; en el fondo, se trata del uso indebido de técnicas destructoras, que sustituyen lo efectivo por construcciones mentales injustificadas e injustificables”.

            Rivera ha empezado a dar muestras de una conducta errática en lo referente a Andalucía. ¿Por qué hace esto? No lo sabemos a ciencia cierta. Lo que sí demuestra es que siente asco ante la realidad de los resultados electorales de Vox.

            Desde luego, en 2009 no tuvo inconveniente en entrar dentro del colectivo Libertas para las elecciones al Parlamento Europeo. Le asociaron con la extrema derecha y no obtuvo representación en ese Parlamento. ¿Será por esa experiencia por la que no quiere ni oír hablar de Vox? ¿Porque no quiere desairar a Valls? ¿Porque así se lo aconsejan sus socios europeos actuales? Es lo malo que tiene hacer preguntas de por qué. Son tan amplias que es posible responder de muchas maneras.

            Él, que no quiere hablar con los de Vox, no tuvo inconveniente en aparecer con Pablo Iglesias en un debate de cafetería moderado por Jordi Évole.

            Lo peor que le pasa es que practica el asco de una forma tan poco realista e inconsecuente que solo piensa en los políticos, no en su electorado. Al parecer, Rivera piensa que sus oscilaciones no traen consecuencias.

            Durante la Segunda Guerra Mundial, a Winston Churchill le acusaron de haber perdido sus principios, por no criticar la ayuda que el tirano Stalin estaba mostrando en la lucha contra Hitler. Respondió de esta manera: “Lo que quiero es ganar la guerra a Hitler. Si el mismísimo demonio me ofreciera ayuda para vencer, por supuesto que obtendría una mención favorable en esta Cámara de los Comunes”.

El juego preferido de Rivera: “¿Por qué no hacemos esto?”…  “Sí, pero…”

            Eric Berne escribió un libro del que se vendieron millones de ejemplares en diversos países: Juegos en que participamos. Pues bien, identificó un juego que, según él, es el que más se da en las reuniones y grupos de todas clases. Por supuesto, en los políticos. Creo que es el juego favorito en el que participa Albert Rivera.

            Berne pone el siguiente ejemplo:

            Sra. Blanco: "Mi marido siempre insiste en hacer todas las reparaciones de la casa, y nunca hace nada bien."

       Sr. Negro: "¿Por qué no toma un curso de carpintería?"

       Sra. Blanco: "Sí, pero no tiene tiempo."

       Sr. Azul: "¿Por qué no le compras unas herramientas?”.

       Sra. Blanco: "Sí, pero no sabe usarlas."

        Sr. Rojo: "¿Por qué no llamas un carpintero?".

         Sra. Blanco: "Sí, pero nos saldría muy caro."

        Sr. Moreno: "¿Por qué no aceptas entonces que haga las cosas tal como las hace?"

        Sra. Blanco: “Sí, pero corremos el riesgo de que todo se derrumbe."

 

      Un buen jugador puede aguantar a los otros indefinidamente, hasta que todos se dan por vencidos, y entonces gana la Sra. Blanco. En muchas ocasiones puede verse obligada a manejar más de una docena de soluciones para llegar al abatido silencio que significa su victoria.

      Es lo que le pasa a Rivera y demuestra que tiene un guión vital de Sísifo. Se cree el más listo y piensa que los demás son menos inteligentes que él. Y puede ir ganando posiciones en la política española, pero también corre el riesgo de convertirse en un Raymond Poulidor, que siempre fue el segundón del ciclismo francés mientras el campeón era Jacques Anquetil. Puede que no llegue a coronar la cima de la política española aunque esté muy dispuesto a hacerse cargo de sus responsabilidades, lo mismo que le ocurría a Sísifo con la piedra.

      También puede coronar la cima, pero mucho más tarde de lo que piensa.

      Ya he puesto el ejemplo de Aznar. Pondré otro caso más actual. En la carrera presidencial de México, de 2006, todas las encuestas daban como vencedor a Andrés Manuel López Obrador. Y sin embargo, quedó en segundo lugar. Estudié a fondo los debates presidenciales de aquel año y creo que aislé el factor fundamental que le condujo a la derrota: No se presentó al primer debate. Cometió el gran error de ir sobrado. Como Rivera, vamos. Pues bien, ha tardado dos elecciones –doce años más- en llegar a ser Presidente. Aznar tardó solo tres en llegar a ser Presidente del Consejo de Ministros.

      Y es que en la vida hay tres formas de aprender: por los ojos, viendo; por los oídos, escuchando; y por las narices, tropezando y sacando conclusiones. ¿Qué camino o caminos escogerá Rivera?

     

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