07 de octubre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Defenderse atacando

/ Congreso de los diputados.

Porque nos tocó vivir uno de los años más felices, recuerdo la final del Mundial de Fútbol, que se celebró en México durante el mes de junio de 1970. Brasil conseguía ganar y golear a Italia en la final. Mientras la canarinha lograba su tercer título, un grupo de chavales ponía en marcha una auténtica empresa de diversión para casi seiscientos niños. Cuando colocamos la recién comprada televisión dentro del recinto cortinado, se abrió un futuro inigualable. Aquel excelente equipo de fútbol basaba su juego en el ataque olvidando un poco su defensa, pero manteniendo ese enorme nivel de coordinación y calidad, que ha quedado para la historia deportiva.

Ya nos dejó destellos de ese modo de jugar el mítico Real Madrid en la década anterior. Esta estrategia, salvando abismos, la podemos encontrar en el sainete diario que nos suele regalar la actividad política. Es conocido ese martilleo publicitario de los oponentes sacando trapos sucios, ciertos o no, de quienes ejercer la responsabilidad de gobernar. El criticar decisiones es parte de la contienda propagandística tratando de ganar favores de quienes deben votar en el momento oportuno.

El cotilleo mediático, que suele agotar a las personas más pacientes, no dista mucho de esos programas televisivos, que practican el mentidero y la ofensa como modo de vender publicidad. Podríamos calificarlo como un gallinero infecto y rentable. Lo que no tiene demasiada lógica es detentan el poder dedicando demasiado esfuerzo en atacar a los opositores olvidando dar explicaciones e informes transparentes sobre su gestión. Ese intercambio de ofensas supone el sainete despreciable de los que ignoran al ciudadano entretenidos en un espectáculo absurdo. Y con ese tipo de juego captan la atención de muchos, que ignoran y olvidan con felicidad.

Esas combinaciones en el centro del campo hacen perder oportunidades de remate y pueden dejar vendida a la defensa. Contemplar cómo medio equipo del Gobierno desprecia al líder del contrario no sirve más que para perder tiempo sin culminar la jugada. Ese cansino agobio al contrario no hace más que hacer correr el reloj, que va agotando las posibilidades de hacer juego de calidad. Para ganar hay que coordinar todas las líneas, y es importante contar con rematadores. Los forofos no dejan de jalear a sus figuras aunque lo hagan mal. En cualquier campo imparcial, ese modo de hacer política no merecía más que abucheos.

El esfuerzo compartido entre elementos bien entrenados y comprometidos suele ser un seguro de eficiencia, que en muchas ocasiones lleva al triunfo. Cuando los rematadores son torpes no hacen más que facilitar el trabajo del contrario. Una defensa débil o marrullera dejará huecos para que los oponentes rematen. Además de torpes, si los defensas son expulsados por marranos dejarán a los compañeros en inferioridad. Y el colmo de un equipo es ver cómo sus propios jugadores pierden el balón reiteradamente o meten goles en la portería propia. Ese es el espectáculo que contemplamos habitualmente en este campo de la vergüenza.

El público, sin protección policial, suele ser agredido por fanáticos incontrolados. Las deficiencias hacen mucho daño a la prevención frente a los movimientos de masas, para lo que se exige control y respuesta. Algunos jugadores se mofan de la grada y provocan enfrentamientos, que dejan indefensos a los prudentes. Los árbitros no se enteran de las faltas que algunos jugadores, los peores, suelen cometer, incluso, simulan caídas para conseguir un penalti salvador. Tampoco se cortan en golpear al contrario cuando no los ven.

El VAR social no funciona correctamente. Las imágenes no son suficientemente nítidas para constatar actos antideportivos. Los comentaristas no demuestran profesionalidad y se dedican a justificar el juego de sus equipos y atacar al contrario, incluso en jugadas claras. El juego vertical de Pelé y Tostao, como Di Stéfano o Gento, ya no se practica. Se sacan faltas con jugadas de estrategia, que se entrenan concienzudamente cada semana, para tratar de engañar al equipo contrario, al árbitro y, si es posible, también, al espectador. Por eso, la mejor defensa no es siempre un buen ataque.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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