15 de enero de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Alberto García Cebrián

El amor en tiempo de pandemia y redes sociales

Una pareja.
Una pareja.

¿Las redes sociales son amigas o enemigas del amor? No es una pregunta fácil de responder.

Esta pandemia ha puesto de relieve muchas cosas que ya sabíamos que estaban ahí, pero que no se notaban tanto. Las redes sociales han irrumpido en nuestra vida desde hace mucho. Más que un medio de conexión entre personas es como si hubiéramos construido un mundo paralelo al que pudiéramos huir del mundo real, y nuestro teléfono móvil fuera la ventanita por la que colarnos a ese mundo virtual, que existe y no existe a la vez.

En 2020 hemos tenido (y seguimos teniendo en 2021) tantas limitaciones en el mundo del lado del móvil que puede tocarse con las manos, que hemos querido escapar, más que nunca. Lo hemos necesitado, incluso, pero esta huida a ese otro mundo, el intangible del otro lado del móvil, tiene repercusiones muy tangibles en este sobre el que pisamos, el de la realidad de toda la vida, este en el que el aire nos envuelve y vemos el color natural de las cosas, sin riesgo de que las dioptrías nos devoren los ojos.

Pero, por otro lado, ¿dónde residen nuestras emociones? Nuestro brazo lo vemos, lo tocamos, sabemos cuál es su lugar en nuestra anatomía pero, ¿y nuestras emociones? Lo único que podemos hacer es sentirlas, pero no las vemos, no tienen forma, ni peso. Dicen que están en nuestro cerebro, en esa complejísima red de neuronas conectadas y recorridas por impulsos eléctricos. A lo mejor eso de que cuando surge el amor “saltan chispas” es literalmente cierto.

Una mujer habla por teléfono frente a un ordenador.

Después de todo, tal vez el arte no sea más que nuestro intento por plasmar en una forma, un color o un sonido esa carencia de nuestras emociones, para poder tocarlas, verlas y escucharlas.

Si nuestras emociones nos resultan tan intangibles, ¿por qué no van a poder surgir en un medio tan virtual, abstracto e intangible como el de ese mundo que se abre tras la pantallita del móvil? Después de todo, al otro lado, en algún lugar del mundo, la persona con la que contactamos a través de las redes sociales es una persona de verdad, como nosotros, y la Red, tan solo el medio de conexión, pero que en lugar de estar hecha de hilos de cobre, ondas o el vuelo de paloma mensajeras, están levantadas sobre una monumental estructura de ceros y unos. Lo que sí es una novedad es la potencia de este medio, y las innumerables posibilidades que abre ante nosotros.

Pero todavía estamos conociendo este medio de Internet y las redes sociales en nuestra socialización. Este episodio de la pandemia no tiene solo una vertiente sanitaria ni económica, sino que también tiene una vertiente sociológica en la que la que el amor y el desamor tienen un protagonismo destacado.

La pandemia nos confinó entre paredes de ladrillo, pero nos quedó una ventana abierta, una que, a pesar de caber en la palma de nuestra mano y en nuestro bolsillo,  contiene un mundo inconmensurable de posibilidades, también sociales, y también de amor, y de desamor, de oportunidades y de problemas.

En los tiempos que corren ha quedado patente lo mucho que han significado las redes sociales para quienes no podían estar junto a sus seres queridos en situaciones dramáticas. De esto hace mucho que sabían quienes dejaron su tierra en busca de una vida mejor en un lugar remoto, pero lejos de sus seres más queridos, frecuentemente niños cuya infancia se están perdiendo.

¿Pero qué ocurre con la combinación de una convivencia forzada por el confinamiento con las posibilidades de socializar que nos brindan las redes sociales? Y no olvidemos que todo esto ocurre mientras la incertidumbre por el futuro se acentúa más que nunca, ante el temor al virus y al desempleo.

El virus  nos dejó sin libertad, sin salidas, sin fiestas ni reuniones, pero sí, en cambio, nos inundó de incertidumbre, hizo de nuestro futuro un lugar más incierto que nunca con problemas laborales, lejos de nuestros seres queridos y, lo que es peor, a muchos se los ha arrebatado de la manera más cruel, lejos, sin un adiós, en la más desgarradora soledad.

Y las redes sociales que se dispararon, empezó una nueva era, si tú me sigues yo te sigo, ¿si te mando un corazón estaré ligando? Con muchos filtros en la cara y menos en el corazón, ¿o será al revés?

Y ahora 2021 empieza con esta resaca, con la resaca de una convivencia en muchos casos ya agotada y agotadora, con ganas de finalizar en muchos casos, pero ahí están las redes sociales, donde el ligar se ha puesto más fácil que nunca.

Donde un qué guapa estás vale mucho más que un te quiero de tu pareja podemos estar metiéndonos en algo que nos va hacer mucho daño, ¿no nos estaremos engañando con la dulzura fácil de las redes mientras que no valoramos el amor arraigado que nos cobija?, ¿o será al revés?

Una pregunta surge: ¿De verdad puede competir ese amor de la red social con el de la persona que tenemos junto a nosotros? El amor puede tener mucho de imaginación, la imaginación es poderosa, y en las redes podemos imaginar sin límite.

Es muy posible que estemos entrando en una nueva era. En estos momentos (todavía iniciales) ofrecer respuestas puede ser más parecido a profetizar que a hacer certeros pronósticos de mano de la ciencia. Por tanto, quizá, lo que verdaderamente importa es avisar a la gente sobre las preguntas que se abren, más que ofrecer respuestas rotundas. Que todos sepan lo que ocurre, y que estén atentos.

La edad de la inocencia en Internet y las redes sociales debe llegar a su fin, para madurar. Las personas tienen que saberlo, porque se juegan hasta el amor, o el desamor.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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