20 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Bancal de trolas

Muchas hortalizas se tiran en España.
Muchas hortalizas se tiran en España.

Nadie ignora las dificultades que enfrenta un agricultor a la hora de sacar rendimiento de un pequeño bancal de hortalizas. Entre otras consideraciones, que fundamentaron el mercantilismo francés, se decía que la riqueza está en la tierra y el resto de la sociedad no son más que parásitos. No está mal entendido el concepto de que la producción de materias primas y su adecuado comercio suponen la verdadera fortaleza de los pueblos.

Deberíamos aprender un poco más de los franceses cuando vemos cómo protegen sus productos y potencian el consumo de lo propio. Se nos olvida esa autoprotección cuando los parásitos comerciales tratan de sacar rendimiento sin preocuparse de las fuentes de riqueza de sus conciudadanos. En ese dislate seguimos viviendo mientras olvidamos que la tierra da de comer al consumidor y al agricultor, que constata cada día cómo le afecta negativamente el coste que debe afrontar para recolectar lo que siembra en su bancal.

Una defectuosa inspección sobre la calidad de los alimentos procedentes del norte de África, además de causar daño a la agricultura hispana, está poniendo en peligro la salud de quienes adquieren productos poco saludables. Los medios de comunicación están hablando sobre la supuesta contaminación de alimentos ecológicos importados, pero son más baratos. Los ciudadanos, informados o engañados, podríamos estar consumiendo productos bajos de precio, o no, aunque no tan sanos como los nuestros. Y en muchos bancales españoles se quedan las patatas, cebollas o sandías porque no es posible sostener el precio de cultivaros y cosecharlos. Los surcos están repletos de comida, que se perderá. Los parásitos mantendrán el beneficio aprovechando importaciones rentables sin tener en cuenta los intereses de su tierra, la fuente de una riqueza colectiva.

En España, no es posible sostener el precio de cosechar y cultivar productos hortofrutícolas. 

No podemos resistir la tentación de recurrir a las metáforas, porque en el bancal de todo tipo de delitos no queda nada. Las diversas maldades han sido convenientemente comercializadas. Los hurtos están muy cotizados, aunque haya importaciones. Tanta variedad permite que muchos ciudadanos se vean afectados.

En los últimos días, cuando la gente comienza a moverse por las calles, algunas descuideras amorosas, ataviadas con mascarilla, buscan hombres con relojes caros. Una simple pregunta y ese agradecimiento efusivo sin recato les permitirá apoderarse de un objeto valioso. En las casas, además de ladrones que puedan forzar puertas, nos pueden visitar chicas con excusa para entrar, entretener y apoderarse de dinero o joyas. Sus víctimas suelen ser personas mayores. Nunca nos cansaremos de insistir sobre la idea de no abrir la puerta a desconocidos, menos aún de autorizar el paso a la vivienda, por muy buena impresión que nos puedan causar.

No hay delitos en esos surcos del bancal de la ignominia, que se cosechan con agilidad y premura, tampoco en los bancales de la trola, donde las estafas, como buenas hortalizas, se cotizan mucho y se venden provechosamente. No hay mentira que se desperdicie, todas son buenas, hasta las que tienen algún defecto. La producción de falacias es rentable. Entre los parásitos sociales reparten ganancias, porque se abonan con los mejores aditivos y se cuidan con esmero para conseguir estupendos ejemplares. Las promesas electorales tienen gran aceptación y se consumen con facilidad. Aunque puedan resultar indigestas, para los intermediarios genera plusvalías. Se ha consumido bastante no pactar con Bildu, dormir con Iglesias, acuerdos con 'golpistas' y reforzar los delitos de rebelión y sedición. El producto estrella ha sido no conceder indultos, que ha permitido alimentar a mucha gente, especialmente a todos los que suelen meter el morro en los atrojes adecuados. Los nutricionistas menos expertos se han esmerado en recomendar ese tipo de productos porque mejoran vestuario, garantizan prebendas, producen ventajas y sólo engordan determinados bolsillos.

También se ha vendido muy bien el acatamiento a las sentencias del Tribunal Supremo, el respeto a la independencia de los jueces, no favorecer aspiraciones secesionistas y luchar contra la extorsión separatista, porque la ley hay que cumplirla.

Mientras en los bancales se pudren hortalizas abonadas con esfuerzo y sacrificio, los surcos que estaban repletos de mentiras se han quedado vacíos. Lo malo es que, además de pudrirse las hortalizas españolas, abonadas con el esfuerzo de los agricultores, hemos de soportar el ninguneo de nuestros aliados tradicionales, que las quieren por su calidad y garantía; las echan de menos en sus comercios. No desean nada del bancal de trolas.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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