25 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Dejemos la desgracia en paz

Milicia talibán a las afueras del aeropuerto de Kabul.
Milicia talibán a las afueras del aeropuerto de Kabul.

Seguro que habrá quien considere que los últimos ejercicios de propaganda no son más que otra sinvergonzonería política. Los seguidores incondicionales encontrarán razones para alabar las iniciativas emprendidas, porque son justas, pero otros muchos no entienden la insolencia y descaro de los que después de haber fracasado estrepitosamente se apuntan a una campaña de imagen despreciable. Una falta absoluta de previsión, habilidad, agilidad y eficacia para facilitar la evacuación de personas vinculadas a las legaciones diplomáticas nos viene a regalar un show mediático protagonizando una iniciativa, que debería ser ejemplar sin aspavientos.

Los ineptos solapan fracasos amasando desparpajo. En vez de explicar todas las razones de este descontrolado modo de salir huyendo, eso sí, con la imprescindible colaboración de los denostados imperialistas del demonio, se montan un aquelarre de obscena improvisación buscando distraernos de lo importante. Una aparente cabalgata de ministros ha tratado de acaparar una solvencia de medio pelo. Toda Europa, con un complejo de culpabilidad evidente, no sabe cómo justificar tamaño desatino y algunas de sus autoridades se han sumado al desfile en vez de pedir disculpas y apartarse de la escena pública. Mejor concentrarse en lo imprescindible y hacer un mutis por el foro para no hacer más el ridículo.

Cuando hubo que hablar, se escondieron porque no había coartadas creíbles. En plena escalada incontrolada en los precios de la energía, aprovechando el periodo vacacional, los señalados por las hemerotecas no han concedido el deber de contarlo. Dejemos la desgracia en paz y procuremos reparar los estropicios con menos ruido y más precisión.

No puede ser aceptada como correcta esa maldita manipulación mediática protegiendo la voz de su amo, privilegiada casta que administra el dinero público a su antojo procurando tener bien atendidos los intereses de quienes disfrazan sus vergüenzas. Nos dedicamos con insistencia al manoseo indecente de las tragedias, porque dominamos los resortes para rentabilizarlo políticamente, de manera que acentuamos las falacias que favorecen nuestros anhelos y escondemos lo que pueda dañarlos.

Nos concentramos demasiado en episodios macabros para extraerles el jugo peor entendido; estamos empeñados en construir trincheras desde donde atacar y defender la posición que elegimos. Demasiado tiempo perdido en alimentar odios sin más interés que ganar ventaja, y de eso saben bastante los gandules, que se alistan en las filas de quienes parecen estar ganando.

El futuro es muy borroso en ese territorio maldecido por la historia, donde el presente supone una tragedia cierta. Contemplar cómo se mancilla al ser humano, hasta la perversión, nos debería situar en el bando de los justos, sin apellidos, procurando no aceptar jamás lo que aparece como inevitable.

Imágenes de una televisión catarí sobre la toma del palacio presidencial por los talibanes.

La retransmisión de muchos tiros en la cabeza o el degüello de hombres como si fueran corderos debería servir para posicionarnos sin tapujos. La desgracia se ha enseñoreados en una tierra que nos pide ayuda y no hay modo de proteger a tanta gente desvalida. Recojamos a todos los que podamos para salvarlos de la muerte y la opresión, ya que no hemos sido capaces de arreglar una nación fallida.

Rusia y la OTAN, donde Estados Unidos ha soportado el peor de los envites, han dejado paso a las nuevas influencias en ese puzle inconcluso. Y las niñas vuelven por donde solían, al abismo del olvido y desprecio absoluto, al tiempo que, desde tan lejos, continuamos inventando enemigos invisibles para justificar el modo más sencillo de succionar del erario público.

Debemos hacer más y gritar menos para dejar en paz semejante tragedia humana. Menos pancartas y minutos de silencio inútiles, que no son más que apariencias compungidas en la parodia social. Aumentar recursos para quienes necesitan ayuda de verdad; menos oficinas preñadas de personal sin función. Demasiada injusticia como para distraernos en simulacros, como profesionales de la imagen protegiendo a referentes sociales, que no pueden camuflar la evidencia. Hechos heroicos arrojados por los imbornales del olvido. Concentrémonos en lo necesario y dejemos la desgracia en paz. 

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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