23 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Eduardo Gavín

With God on our side

Después de siglos de ver que rezar mucho no gana guerras, proclamar que Dios nos asiste en la batalla es un consuelo pobre o un alivio de la razón. Sin embargo, sí es posible tener a alguien que se cree Dios, como Putin o “Winnie” Jingpin, de nuestro lado. Y para eso no hace falta ningún milagro, basta con cambiar de lado con cierta velocidad. Para eso es necesario no ser muy despierto o carecer absolutamente de moral. Lo hemos visto durante esta última pandemia. Los que decían “digo” en marzo del 2020 dicen “Diego” en marzo del 2022. Y viceversa. Y siempre ofreciendo una imagen de solidez intelectual y moral, como si siempre hubiesen tenido razón.

Así, hemos visto a los sospechosos habituales posicionarse del lado de Putin en este conflicto. No sin sorpresa, gente de baja estofa como el Bloque Nacionalista Gallego se han puesto de parte del enemigo de Europa y a la vez de las “Libertades y Derechos de los Pueblos” (así, con muchas mayúsculas y plurales). Lo mismo harán los rufianes catalanes y casi seguro, al ver que hay armas, los “gudaris” vascos. Poco importa si eso viola sus principios, pues estos pueblerinos otra cosa no, pero principios tienen de lo más variado. Tantos como colores tienen los billetes de rublo.

Lo sorprendente, aunque en verdad no tanto, es ver que la derechita cu-cú subirse también a ese barco. Sí, esa misma que, a fuerza de llevar la contraria a la Moncloa, le ha acabado dando la razón hasta en la gestión de la pandemia, diciendo en 2022 lo que decía el inepto Simón en 2020. Que las mascarillas no valen, que los contagios no interesan, que solo mueren enfermos y viejos y que por tanto da igual, etc… Esa misma derecha que ha llegado a culpar al capitalismo, las farmacéuticas y Occidente, en general, de la pandemia y de la baja eficacia de las vacunas. Esa misma que, con ese discurso, ha desviado el foco del verdadero origen del virus, China, haciendo las delicias de los servicios de propaganda de los comunistas. Esa derecha que defiende “una nueva Europa” tiende a simpatizar con Putin en este conflicto.

Es cierto que es muy difícil ser de derechas en España, viendo la deriva de sus partidos. Pero de ahí a dar la razón a un sátrapa ex de la KGB y sus aliados comunistas hay un mundo de posibles derechismos.

No quiero decir que Putin no tenga sus razones, porque siempre todos los contrincantes las tienen. Más. Creo que tiene tanto derecho a sus peticiones como las tenían los USA en la famosa “crisis de los misiles”. Sin embargo, hay una sutil diferencia. En aquella Guerra Fría, había una balanza de poderes inestable y ambas superpotencias se tiraban chinitas para intentar arrimar el ascua a su sardina. En este caso, y con el potencial nuclear del planeta, lo que Putin va a conseguir, y quizá pretenda, es esparcir ascuas por todo el planeta. Llego a pensar que le han diagnosticado algo grave y ha decidido acabar con todo.

Porque ese es un riesgo que existe. Allá van, ya alejados, los tiempos del equilibrio de la disuasión nuclear de la gran Hannah Arendt y el fin de la historia del tontaina de Fukuyama.

Todo eso se ha ido al garete cuando un psicópata formado para el asesinato ha tomado suficiente poder. O mejor dicho, varios. Porque no olvidemos que sus aliados son todos los más siniestros dictadores que el mundo alberga. Todos comunistas, todos traficantes de armas y drogas. Bielorrusia, China, Corea del Norte, Venezuela, Cuba y todos los satélites de estos. Países que hasta hace dos días eran el comodín de la derecha española para advertir de las veleidades absolutistas del señor ese al que alquilamos la Moncloa.

Pues eso. Parte de esa derecha ha caído, cual Pablo camino de Damasco, y ríe las tontadas de Vladimir y lo que es peor, su violencia desatada. Imagino que aplauden también la miseria comunista del mundo, los ciberataques, el virus que muchos decían que no existía y los abusos contra el pueblo venezolano al que - ¿recuerdan? – decían defender. A la vez que se oponen sin querer a los movimientos defensivos de Orban y Morawiecki, hasta ayer sus adalides.

Lo triste es que, en este caso y al contrario que con el BNG, no lo hacen por dinero, sino por una simpatía legítima por Putin, al que consideran, no un Dios, pero sí un nuevo mesías contra la corrección política y social, contra toda la bazofia woke y contra la turrita ideológica que nos meten hasta en los tebeos. Ellos están de parte de Putin, convencidos de que él lo sabe y que además le importa. Y convencidos que si nos rendimos ante él antes de que nos volatilice, nuestra libertad permanecerá tal cual es. Por algún motivo que se me escapa, personas que consideraban la vacuna o la mascarilla un atentado inaceptable contra sus “Libertades” (otra vez las mayúsculas y el plural), ahora aceptan la tiranía más abyecta que hemos visto desde la caída de la URSS. Esos motivos son los que me llevan a despreciar a la Derechita Cucú. Su inestabilidad intelectual, por así decir y su poco entendimiento de lo que es la libertad: que te pongan una mascarilla cuando hay un virus respiratorio potencialmente mortal es como cuando te obligan a ponerte el cinturón de seguridad. Te hacen un favor. En Cuba no es obligatoria ninguna de las dos cosas. Espero que esto abra los ojos a alguno sobre ese tema paralelo.

En fin, que por rublos o falta de luces, Putin tiene muchos adeptos entre nosotros. Adeptos que se enojarían muchísimo si, en un estado de guerra, hubiese algún encarcelamiento preventivo, como suele suceder con los sospechosos de trabajar para el enemigo. Los mismos que se quejaban de las cuarentenas y decían alegremente que “de algo hay que morir” - cuando solo habían visto la muerte en el cine -, habrá que ver qué dicen ahora. Pedirán una hoja de reclamaciones o algo así.

Como digo, no hay dioses de nuestro lado. Del otro tampoco, pero sí que hay unos señores que se creen dioses porque, además de poder destruir el mundo si alguien les intenta impedir dominarlo, son capaces de obrar milagros como este. Que un cuarentón con fachaleco dé el pecho por la misma causa que pone la mano Puigdemont.

El tiempo se ha cumplido y el reino de Putin se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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