16 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

La culpa es del mono

Los niños pequeños suelen esquivar errores o travesuras, si hay alguien alrededor que pueda cargar con el marrón, incluido el gato. Más mayores, al verse acorralados si no actúan bien, descargan su maldad en otros. Los hay como el Capitán Araña, que incitaba a los demás y escurría el bulto.

Cuando pasamos la adecuada frontera de edad, la simple escaramuza para regatear un error o infracción puede suponer simulación de delito o acusación y denuncia falsa, porque estamos fingiendo que otros, conocidos o no, han infringido una norma o, sencillamente, han hecho algo contra los intereses ajenos. Un cotilla que pone en evidencia el honor o dignidad de alguien para impedir el reproche podría cometer injuria o calumnia.

El que para salir airoso de cualquier situación incómoda o problema grave echa la culpa a otros no es más que un sinvergüenza, mentiroso y cobarde. Hemos vivido acontecimientos que ratifican esta reflexión, porque le echaron la culpa a un murciélago, luego al pangolín, como contagiadores COVID. Los expertos estaban desorientados y parecía que había ciertas resistencias chinas en comprobar adecuadamente la actividad de un laboratorio investigando los virus.

Una retahíla infinita de acontecimientos fue repartiendo cientos de miles de muertos, millones de enfermos, ruina, estragos y desmesurada improvisación. Se interpusieron excusas y coartadas oficiales para justificarse o protegerse de la sospechosa responsabilidad que pudiera exigirse a los gobiernos respectivos. Compras, comisiones, errores, imprudencias y multitud de quejas por conductas que podrían vincularse al delito fueron derivando en trolas para repartir culpas a todos o a nadie. La culpa era del murciélago. En estos días, la estrategia de protección, sobre todo de los que atienden al público, ha superado los niveles tolerables; supone un desprecio para quienes no se ajustan con rigor a normas excesivas, comparadas con la dinámica en la que los demás, sobre todo los que se buscan la vida de otra manera, están afrontando el regreso a la normalidad social.

La culpa es del pangolín, que provocó la instalación del novedoso sistema telemático o telefónico de cita previa para clasificar a los ciudadanos en parámetros inquebrantables, sin posibilidad de atender cuestiones urgentes cuando no hay nadie esperando para ser atendidos. Se ha construido una muralla insalvable que, lejos de servir para mejorar la atención, está modelando una grave desconsideración. Nadie puede ir con una cuestión sencilla y rápida si carece de cita previa. No se invade derechos ajenos, solamente se trata de solventar problemas con la agilidad y eficiencia precisa, que muchos agradecerían. Lo primero es el ciudadano.

Muchos servidores públicos, aprovechando la maldad del murciélago chino, se olvidan de cuál es su principal misión. Mariano José de Larra escribió una frase lapidaria poniendo en cuestión la decencia de los funcionarios de su tiempo; en algunos momentos, lo suscribimos cuando intentamos ser auxiliados con esmero. Hay que poner despachos, cómodos y con excelente aire acondicionado, para atender generosamente a quienes acuden pidiendo una ayuda puntual. Un cariñoso desprecio a los responsables, que no hacen nada para cuidar mejor a esos ciudadanos sin cita cuando llegan esperando mayor aprecio y comprensión.

El coste desmesurado de todo, además de la inflación, es culpa de la guerra de Ucrania, aunque ya notábamos el descalabro social mucho antes de que se iniciara, pero es la mejor coartada a la que los responsables políticos se pueden agarrar. El que haya criminales prendiendo fuego o torpes cometiendo imprudencias en los montes de España produciendo otra tragedia más, de incalculables consecuencias, es culpa del cambio climático.

Quienes no hacen lo preciso para prevenir se excusan porque las altas temperaturas incendian más ahora. Esos mantras repetidos insistentemente, como parecen dictar lobbies poderosos, son como el niño travieso que culpa al gato. Lo que no hay duda es que la viruela de ahora, que se difunde con fuerza en España, y somos campeones de Europa, debe ser culpa del mono.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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