08 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Rodrigo Panero

El que insulta pierde… o no

Pablo Iglesias y Cayetana Martínez de Irujo.
Pablo Iglesias y Cayetana Martínez de Irujo.

¿Quién gana con la crispación que vivimos en el parlamento? La inmensa mayoría de los españoles piensan que hay excesivos insultos en el Congreso de los Diputados.

El único atisbo, de calma y lealtad, que hemos presenciado los ciudadanos de este país coincidió con el inicio de está terrible pandemia. Cuando comenzamos a padecer las consecuencias del coronavirus, su confinamiento y empezamos a contar fallecidos, en esos instantes, pareció que los partidos políticos dejaban de lado sus diferencias y arrimaban el hombro unos con otros, un alegre espejismo.

Pasaron apenas unas semanas y la crispación volvió a las cámaras del parlamento. Pactos con proetarras, la retórica de la ultraderecha, comunista, fascista… los calificativos que se regalan nuestros diputados son dignos de una novela negra. Se dejaba de hablar de políticas públicas para llegar, hasta el extremo, de hablar sobre quiénes eran los padres de los políticos, espero que Tezanos tome nota y pregunte en su próximo CIS cuánto le interesa esto a los ciudadanos.

Este plan basado en la crispación responde al hecho de que, en teoría política, un aumento de la tensión política puede desmovilizar a ciertas masas electorales y activar otras. Una estrategia utilizada en países de todo el globo y también en el nuestro, que, sin embargo, no todas las veces tiene éxito, pues quien lo lleva a cabo puede provocar otra respuesta aun peor en la gente, el hartazgo.

Pablo Iglesias en el Congreso.

Desde el fin del bipartidismo, la competencia por los votos de los electores se ha vuelo voraz, hablamos realmente de mercados políticos. Este fenómeno lo vemos especialmente en la derecha con la aparición de tres, a veces dos, grupos compitiendo en espectros políticos similares.

Y si esta crispación cansa tanto a los españoles, ¿por qué nuestros políticos la siguen usando? Tan solo se me ocurre una triste respuesta: esta es la única forma que encuentran muchos representantes para sobrevivir en política.

Se destruyen las alianzas cada día más, como si estuviéramos a las puertas de unas elecciones, y quién sabe, si el Gobierno sobrevivirá a la crisis postcovid. Les sobra con las vísceras de la gente para hacer su política, no hace falta escuchar al rival porque ni siquiera lo reconocen,y es que cuando, ni siquiera se reconoce al oponente político, es imposible tender puentes de entendimiento.

Tan lamentable es el espectáculo que están dando algunos representantes públicos que, incluso la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), ha emitido un comunicado en el que se lamentan que su labor durante esta crisis sanitaria se esté utilizando para aumentar la crispación política y se pide, casi ruegan, que no se politice su trabajo.

"El trabajo de los gobernantes es tomar decisiones escuchando y valorando las opiniones de los distintos actores y representantes de la sociedad civil" afirma la SEE. 

Al respetado lector de este artículo de opinión, le pido que no caiga en esta ruin estrategia, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Durante la gestión de esta crisis ha habido graves errores y se deben depurar responsabilidades. Son individuos concretos quienes tienen la obligación de responder, no caigamos en la trampa de enfrentarnos entre nosotros. Ese cainismo tan español como el mismo idioma castellano tiene que quedar atrás.

Rodrigo Panero es Consultor Político en Gala Political Center.

 

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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