22 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Javier Urra

Reseñas, comentarios de usuarios y algo más: La verdad y los peligros del consumo en el 'boca a boca digital'

Fuente de información de otros usuarios. Consultar valoraciones se ha convertido en un recurso muy extendido. Antes de acudir a un restaurante, el 95% de los consumidores contrasta opiniones previas, y para adquirir grandes electrodomésticos, un 89% consulta reseñas online.

Un 48% de ciudadanos reconoce mucha influencia cuando de buscar hoteles se trata. El 76% de la población escribe alguna reseña, tras usar el servicio de un hotel y un 67% tras pasar por un restaurante.

Los aspectos de las reseñas a los que se presta más atención es la valoración media global que en ocasiones se mide por el número de estrellas. Las reseñas online no equivalen a una evaluación técnica y objetiva.

Según diversos estudios, el porcentaje aproximado de reseñas falsas en internet es del 10%. Hay opinadores a sueldo. El sistema es asimétrico, son muchos los usuarios pasivos, y pocos los comentaristas activos.

Las opiniones de otros, vienen de un igual, al que dotamos de confianza, no es publicidad de empresa. Nos aportan información y reducen incertidumbre, consideramos que evitan errores, tendemos a adaptarnos a las opiniones y comportamientos de la mayoría como la psicología ha demostrado en diversos experimentos.

El boca a boca digital, funciona, la mercadotecnia influyente utiliza una publicidad enfocada a los individuos. Ahí están los influencer, personas con credibilidad sobre un tema concreto, y en una comunidad determinada, capaces de persuadir y modificar el comportamiento de las decisiones de su audiencia.

Javier Urra.

Por otro lado, y durante el confinamiento se han utilizado apps como House Party, para realizar videollamadas con personas a las que se quiere. La pandemia, se ha acompañado de teorías delirantes, estrafalarias, de la conspiración. Una vida impredecible, donde crece la desconfianza, desde un componente emocional.

Bulos, patrañas, negacionismo, gobiernos en la sombra, preguntas retóricas e insidiosas, dudas que son sembradas y buscan convencer al más escéptico. El confinamiento impulsó la búsqueda en las redes de lo que pasaba en el mundo, ya antes teníamos entre otras, teorías antivacunas, que cuestionan sus beneficios. También hay quien niega el Holocausto, el asesinato de Kennedy, la llegada del hombre a la luna, el 11-S.

Estas teorías de conspiración son evidentemente erróneas, pero dotan de control, de predictibilidad. La ecosfera de la sospecha, de la desconfianza en el poder se dispara en tiempos de honda preocupación social, de falta de control.

Ante la complejidad de la realidad diaria, y desde la distorsión del proceso cognitivo, se niega el azar, el accidente. Se busca señalar un culpable, un enemigo, un presunto complot.

La palabra complot resurge, para probar una convicción, una creencia de que un pequeño grupo de personas dirige el mundo (Bill Gates; George Soros…). Teorías bizarras, especulaciones, que van desde Pearl Harbor a Lady Di, pasando por la afirmación de que la Tierra es plana, o el calentamiento mundial, un cuento chino.

La conspiranoia deforma la realidad, parte de premisas no demostradas, no aportan ni una prueba científica, se apoya en explicaciones estrambóticas, muy extravagantes. Oímos hablar de los Illuminati, del contubernio del club Bilderberg. La explicación psicológica de estos dislates con características propias de los delirios, es que hay quien precisa creerse ficciones para explicarlo todo, parten de un sesgo de confirmación y reciben la sensación de pertenencia.

Javier Urra, Doctor en Psicología y en Ciencias de la Salud, Académico de Número de la Academia de Psicología de España y Primer Defensor del Menor.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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