14 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

Rodrigo Panero

La polarización política de España

Durante estos días hemos asistido atónitos a cambios sustanciales dentro de las estrategias de los partidos nacionales. No hay día que los españoles de a pie no se despierten sin una nueva noticia que tenga que ver con la actualidad política. Todas estas noticias responden a un mismo elemento: polarización.

Muchos pensamos que nuestra sociedad ya no podría soportar una polarización mayor en que la que vivimos en las elecciones catalanas de 2017, parece que fue ayer, ¿verdad?

Ciudadanos acababa de ganar las elecciones en la comunidad, 36 escaños, que no fueron suficientes para alcanzar el Gobierno. Algo quedó grabado a fuego en la formación naranja, una idea que marcaría el resto de los eventos políticos de nuestro país y nos llevaría al “controvertido” presente en el que nos encontramos.

Se acercaba el 2019, el Partido Socialista se disputaba la bandera de izquierda con un debilitado Podemos. Los dirigentes socialistas debatían sobre si mantener una estrategia centrista o, más bien, aprovechar el momento, dar un paso a la izquierda y recuperar varios diputados que aún manejaban los morados, así fue, PSOE obtuvo 123 escaños (38 más que en 2016), Podemos consiguió 42 (29 escaños menos que en los anteriores comicios).

Santiago Abascal, líder de VOX, junto a Javier Ortega Smith, secretario General de esta formación política

En el otro lado del tablero político se conformaba un bloque sólido, o no tanto, el bloque de derechas. Ciudadanos, agitando la bandera de España, con un exuberante patriotismo y entregado a la causa del liberalismo, arrancó un magnifico resultado de manos azules, (57 diputados, tan solo nueve menos que el PP).

El Parido Popular hacía aguas por todas partes, sus votantes escapaban por la izquierda y la derecha, perdiendo 71 escaños, un número mayor a los 66 que obtuvo y llegó, el otro gran polo en todo este cambalache de colores y formas políticas… entró en juego Vox, con unos, tan modestos como ruidosos, 24 diputados.

La tormenta estaba formada, con los morados y rojos enrocados en Moscú y los tricolores, no confundir con la bandera republicana, me refiero a los naranjas, azules y verdes, en Washington; las distancias se hicieron insalvables. ¿El centro político? ¿La moderación? Dónde nos la habremos dejado…

Llegó la repetición electoral del mismo año, las estrategias eran claras. Podemos necesitaba recuperar terreno, su late motiv fue la necesidad, “se nos necesita para hacer un gobierno sí o sí”. El PSOE jugó a una radicalidad moderada que no consiguió más votos, pero sí mantener casi todos sus escaños.

Manifestación del 8-M en Madrid

Vox apretaba cada vez más, palabras más duras, más tensión, más polarización… Partido Popular ejerció de padre decepcionado, reprochando a sus antiguos votantes que la división en el voto de la derecha solo beneficiaba a la izquierda, ellos eran el voto útil. ¿Y Ciudadanos? Abandonó completamente el centro - es aquí cuando los moderados se quedan huérfanos - y pretendió disputar la dureza en el discurso patriota.

Los resultados de aquellas elecciones son un cuento ya contado. ¿Ahora? Nuevos movimientos pueden hacernos pensar que el centro político, esos casi tres millones de votantes que deciden gobiernos en nuestro país, vuelve a estar disputado.

El Partido Socialista, unido a Podemos en el actual Gobierno, comienza a tener tintes de un espectro político a la izquierda del moderado. Con sus últimos pactos con Bildu y UP se ha alejado aún más del centro, mientras, lo que queda de Ciudadanos parece haber despertado.

Los naranjas han demostrado tener, en esta ocasión, sentido de Estado, apoyando la prórroga del estado de alarma y condicionando el mismo, en definitiva, siendo útiles y responsables.

Se abre entonces un nuevo escenario político. Ciudadanos podría recuperar el millón de votos centristas que dejó escapar en las anteriores elecciones. Los últimos movimientos en la formación de Inés Arrimadas, como la dimisión de Marcos de Quinto o Girauta, dos de las voces más radicales del partido, dejan el camino al centro abierto.

Mientras, tenemos un PSOE que cuenta con una maniobrabilidad reducida a causa de su matrimonio con Podemos. Por el momento, debemos de recordar que el centro sigue huérfano, y a los socialistas que, de un matrimonio gubernamental tan solo se sale con un electoral divorcio.

Rodrigo Panero

Conultor Político en Gala Political Center

 

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