16 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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José Ángel San Martín

Al Rey no le gustan las elecciones

Pedro Sánchez y el Rey Felipe VI
Pedro Sánchez y el Rey Felipe VI

Cada fracaso de los políticos electos es un éxito del monarca dinástico. La investidura fallida de Sánchez acierta a situar a Felipe VI en máximos anuales de estima ciudadana y autoestima personal. En su posado anual de Marivent prefirió no mirar al pasado. Y sugirió, con ese ceño circunspecto que tan bien le sienta a su barba plateada, que en el futuro todo menos elecciones.

La Constitución dice que el Rey reina pero no gobierna. Ha debido atisbar un grave desgobierno para sobrepasar tan delicadamente el papel que se le atribuye y opinar. La opinión de Felipe es muy opinable y ha surgido inopinadamente, entre regata y recepción, con la agenda repleta.

El presidente en funciones y el Rey superestable se verán el 7 de agosto en Marivent, pero solo hablará Sánchez, opinador interesado. Apuesten dólares Trump contra galletas Fontaneda a que elogiará el papel de Felipe, aunque reservándose para él un papel protagonista. Mientras el calor agosta España, Sánchez se ha metido de hoz y coz en un agosto de precampaña electoral multiusos. Si ablanda a Iglesias con su pertinaz gira veraniega, logrará una investidura a los puntos sin quebrar la mandíbula de cristal de su rival. Si no lo consigue, tendrá más de media campaña hecha y unos resultados formidables en noviembre.

Este verano en el que parece que los bosques se queman menos, la gente está más quemada que nunca. Arde el matorral de la indignación entre quienes votaron hace 99 días sin que ganadores y perdedores se pongan de acuerdo. Cuando los bloques son tan disímiles, la formación de gobierno se bloquea.

De ahí que Felipe VI haya saltado inopinadamente a la piscina de la opinión pública, donde los políticos nadan y guardan la ropa y los analistas se agarran al flotador insumergible del “ya lo dije yo”. La piscina está llena y el Rey se ha lanzado a ella disfrazado de socorrista. Aplauden los monárquicos, se encogen de hombros los republicanos y el pueblo vitorea a un monarca ojiazul que envejece más deprisa de lo previsto.   

Quizás porque a Felipe no le gustan las elecciones. Y eso que no ha tenido que presentarse a ninguna.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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