25 de enero de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Ignacio Herce Álvarez

Adiós libertad, adiós….

En el metro con mascarillas.
En el metro con mascarillas.

Allá por el mes de marzo del año pasado, cuando empezábamos a tomar conciencia de la pandemia y nos abocábamos hacia el “primer” confinamiento, escribí un artículo para este diario en el que aludía a la indefensión e impotencia del ser humano ante los diferentes elementos que nos rodean y contra los que está comprobado que no podemos luchar.

Hablaba entonces de que el tan traído y llevado “libre albedrío” no es más que una quimera, o lo que es lo mismo, un “sueño o ilusión que es producto de la imaginación y que se anhela o se persigue pese a ser muy improbable que se realice” según la definición del Diccionario de la RAE.

Aquel confinamiento nos privó de nuestra libertad y nos redujo a permanecer en nuestros aposentos durante dos meses y posteriormente, a disfrutar de una falsa libertad, alimentada por nuestro desgobierno, que nos incitaba a gozar del verano porque parecía que, con nuestros cánticos, aplausos y demás, habíamos vencido al bicho y nos merecíamos salir a celebrar nuestra victoria.

Poco, muy poco después, empezamos a sufrir las consecuencias de semejante desatino y empezó a aparecer la segunda ola, y no marina precisamente…Y en ella nos vemos inmersos desde entonces…eso sí, tenemos periodos de libertad en los que como a los niños en el colegio, nos dejan salir al recreo -puentes, navidades, fin de año y reyes- y, como consecuencia, vienen los constipados y, en este caso, el aumento de los contagios y todo lo que ello lleva aparejado.

Ciudadanos con mascarillas.

Raro es ver ya a alguien que no haya sufrido o que no conozca a nadie que haya padecido con mejor o peor suerte esta enfermedad porque las “balas silban cerca” queridos amigos. ¿Y cómo se frena esto? Muy fácil, restringiendo la libertad, la de movimientos, la de decisión, la de… Si como dije en mi anterior artículo, nunca hemos sido realmente libres salvo en nuestra imaginación, ahora nuestra libertad muere día a día, solo somos libres para elegir si queremos contagiarnos antes o después, terrazas, bares y restaurantes llenos, grandes superficies hasta arriba de gente…y es que no podemos vivir sin libertad porque tomarnos esa cañita, ese "aperi" o un buen corderito asado es el mayor signo de libertad que parece que tenemos, de lo contrario nos agobiamos y sufrimos unos estados de ansiedad de los que parece que jamás saldremos.

Y por si fuera poco nos toca la tormenta del siglo, otro golpe a la libertad. Otra vez a casita, a seguir angustiándonos… a esperar ese rayito de sol y todos a tomar la cervecita entre la nieve, a tomar unas bravas heladas con gorrito, bufanda y guantes…cual si de unas vacaciones en Formigal se tratara.

Pero la auténtica sensación de pérdida de libertad es la de carecer del poder de decisión sobre cómo poder vivir nuestra propia vida…, depender que algo o alguien me permita o no cosas como abrir mi negocio, poder ir a trabajar o que me haga estar en una UVI ingresado por COVID, estar recluido en cuarentena o no poder salir de casa por limitaciones físicas…eso sí es falta de libertad, pero la mayoría de nosotros asimilamos falta de libertad a la falta de esparcimiento.

Para mí, la verdadera angustia es la que se produce cuando ves que la vida te sigue demostrando que no dependes de ti, sino de “algo” que te supera, que te dirige, que solo te permite tener la sensación de que manejas tu destino cuando en realidad solo controlas aquellos aspectos más nimios de tu existencia y, aun así, somos incapaces de controlar la situación.

La poca libertad “real” que nos deja lo “divino y lo humano” la empleamos en limitarnos más aun nosotros mismos porque con esa necesidad de “sentirnos libres” lo que hacemos es sumirnos más en el oscuro túnel de las diferentes oleadas, catástrofes, decisiones políticas, etc... que siempre nos llevan a lo mismo, a perder esa libertad de la que tanto se habla, pero de la que pocos tienen conciencia de lo que realmente es y cuál es su auténtico alcance en nuestra vida diaria.

Y todo esto nos lleva a una pregunta: ¿Realmente somos libres? porque ante los acontecimientos vividos parece que cada vez la duda se agranda… o  ¿es que la percepción de su pérdida es cada vez mayor?, pero eso quizá sea objeto de otro artículo.

Esto ¿será un tipo de negacionismo…? Ahí lo dejo.       

        

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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