04 de diciembre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Mucho cuento

/ Congreso de los diputados.

Las fábulas de Esopo recogen comportamientos que se reproducen sistemáticamente en nuestros días y permite entender el devenir de nuestros responsables sociales, entre los que sabríamos identificar liebres y tortugas. Muchos descarados se empeñan en ganar corriendo descontroladamente, mientras la tortuga, serena y sabia, calculando posibilidades, sabe cómo llegar antes.

Se aprecia algo parecido en la historia que habla de una cigarra y la hormiga. Determinados manirrotos, derrochadores sin control, aprovechándose de los demás, nos están arrastrando hacia la bancarrota gravando el futuro de las siguientes generaciones. Merece atención esa conducta similar a la del león y el ratón, la zorra y las uvas, el zorro y el cuervo o, muy especialmente, el cuento de la lechera. No sería complicado identificarla entre los líderes económicos que manejan los presupuestos.

Cualquier experto, como los organismos que tienen que ver con la materia, insisten sobre el tropiezo que tendrá nuestra ensoñada lechera nacional, sin embargo, llevada por su engreimiento, pretende cambiar la historia con otra fantasía más osada para garantizar que su idílica gestión logrará esquivar la piedra. Es como si una retahíla de espectadores junto al sendero repitiera insistentemente que la piedra está delante y no la podrá evitar. Como hemos conocido antes, serán otras lecheras las que se den una leche descomunal.

A tenor de lo que conocemos, Esopo no sería partidario del maltrato animal, pero es dudoso que respaldara esa novedosa ley de su bienestar. Tampoco estaría dispuesto a pedir prisión a los gallos que cometen violaciones indiscriminadas. Los fundamentalistas suelen sobreactuar y tergiversar aspectos sociales para sacar rentabilidad injusta, porque la mayoría de esas medidas delirantes sobre bienestar animal esconden estrategias para crear nuevas ubres públicas por donde succionar dineros.

Ese cuento moderno conseguirá que se extingan especies y los potenciales propietarios se verán perseguidos como delincuentes atroces, a los que sacar la sangre. Hay quien opina que debe haber términos medios, como la cordura impone, pero no tendrían el deslumbrante efecto de entretener al personal más indolente. No sabemos si Esopo estaría de acuerdo en facilitar el aborto a una menor o castigar a quien ponga en peligro la gestación de un animal protegido, pero en estos días, seguro que hay opiniones para todos los gustos.

Pareciera que sufrimos la opresión descarnada de cuentistas con poco talento, pero egoístas de libro. Los hermanos Grimm, Perrault o Andersen no igualan la creatividad de los descerebrados dirigiendo un país, para los que La Bella Durmiente sufría un abuso sexual y Blancanieves era sometida por siete enanos entre sus camas. Esa supuesta violencia contenida en algunos relatos infantiles supone una afrenta a las directrices sectarias de igualdad, secuela de homofobia incrustada en nuestras vidas.

Los autores, cuyas historias han inspirado a la infancia mundial durante tantos años, deberían ser represaliados, eliminados de las bibliotecas y borrados de la memoria. Los paladines modernos de ese esperpento ponen en duda la inocencia para inventarse perversiones inconfesables entre Cenicienta y sus ratones. Ese supuesto machismo debe ser erradicado de la literatura infantil. Las películas de Walt Disney han de rectificarse para impedir la discriminación o el patriarcado opresor. Hay que revisar todo el acervo cultural y tamizarlo para que sea admitido en las novedosas leyes tan exigentes, dictadas por una especie de secta empeñada en cambiarlo todo y pronto.

Seguro que habrá modos de interpretar lo que se vivía, entender la evolución de los tiempos y tratar de eliminar tratos injustos de cualquier tipo, incluso, el etiquetaje interesado de las ideologías excluyentes, que han ocupado un especio hegemónico en los poderes del Estado solapando el saqueo fiscal, coartando libertades y permitiendo ataques a derechos. El mejor cuento es La Gestión de una Pandemia, protagonizado por incompetentes y sinvergüenzas, empeñados en silenciar a especialistas supliendo ciencia por la peor política. Hay mucho cuento.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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