04 de diciembre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Jorge Solana

Los menos importantes, los políticos y las ideologías

El Congreso de los Diputados.
El Congreso de los Diputados.

Los políticos ya nos tienen donde querían. Ahora vemos con cierto desasosiego como se han levantado en armas (sus palabras e insultos en el Congreso de los Diputados) nos creemos que están luchando por el país, por nosotros, por nuestro trabajo, por nuestra vida, pero no. Luchan por su sillón.

Dedicados en cuerpo y alma a la política sin poder ir a otro sitio que a un consejo de administración de una empresa, muchos políticos, es de necios generalizar y lo de dejaremos en muchos, no tendrían otro sitio al que ir a trabajar que a sus partidos. A esos lugares donde todo el mundo les venera sin son líderes o adulan al cabecilla y todos les “escupen” si dicen algo que es discordante con la opinión del supuesto líder. Nunca han hecho nada más y dudo que puedan hacer algo más.

Benito Pérez Galdós, señalaba, supongo que con mucha pena y gran pesar, que “la moral política es como una capa con tantos remiendos, que no se sabe ya cuál es el paño primitivo”. Y esa es la realidad de hoy, ya son tantos los remiendos de hoy digo una cosa y luego hago otra en toda la clase política durante esta pandemia, que han demostrado que no son líderes sino dirigentes, pero malos.

Las caceroladas no son de Abascal.

En la muestra está el actual vicepresidente, Pablo Iglesias. Tras el asalto autoritario a su partido, convertido en líder para toda la vida, le ha vendido a Pedro Sánchez que le convertiría en el Maduro europeo. En el hombre de estado que maniata al liberalismo descontrolado, pero no le había comentado los problemas de los gobiernos autoritarios. La convulsa situación política ha sido resuelta por los partidos políticos con pocas propuestas y mucha crispación. Una crispación que ya se ha trasladado a la calle.

Al otro lado del telón, Santiago Abascal, empeñado en que las caceroladas y la gente que sale a la calle es suya, de su propiedad. No diga nadie que si alguien se atreve a dar unos golpecitos con una cacerola es que no está a sus órdenes. Decía Voltaire, que un poco más de materia gris que estos parecía tener, que “yo conozco al pueblo: cambia en un día. Derrocha pródigamente lo mismo su odio que su amor”. Más les valdría no sujetarse demasiado al sillón.

Según me cuentan, por datos internos de algunos partidos, se estaría registrando un cambio en la intención de voto. El CIS de Tezanos seguramente me contradiga. A esos partidos, sí el PSOE y el PP, que también les va la marcha y se pelean y se insultan. Esos que dicen estar muy preocupados del ciudadano, pero resulta que están más cerca de los extremos que del centro son los que más castigan o aplauden las encuestas.

¿Y por qué la gente cambia tanto el voto? Porque el gran Ortega y Gasset ya lo indicaba “ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. Esto no lo tienen claro todavía nuestros políticos. Nada es para siempre. En este mundo tan volátil, los jóvenes no reflejan lo que era el sentir de la sociedad hace unas décadas. Ya no se es de un partido para toda la vida. Hay que gobernar con razón, no con corazón. Hay que liderar para gente que piensa en el bien común, en el medioambiente, en la economía, en los amigos y las personas. A los políticos se les ve el plumero y la sociedad cada día está más convencida de que sale adelante por lo que hace ella, no por lo que aportan ellos.

De esta crisis, sale una idea muy importante. Todos en la sociedad somos importantes, menos muchos políticos.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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