22 de enero de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Inflación

Es muy curioso observar como nuestros representantes políticos y sus acólitos de toda condición, especialmente quienes tienen el poder de crear y manipular la opinión pública, hurtan a los ciudadanos partes esenciales de la información. No lo pueden remediar, probablemente, porque la verdad siempre perjudica al mentiroso, pero camuflan cifras o explican poco problemas esenciales para acomodar afectos y enmudecer fobias. En estos días, salen a la palestra determinadas cuentas públicas que determinarán los derroteros de nuestro futuro, aunque el maldito presente nos está atropellando sin remilgos. Cuando algún experto nos habla de inflación, sencillamente, insiste sobre el precio de las cosas, sobre todo lo que llamamos cesta de la compra, donde las materias primas suelen soportar costes vinculados a la energía, que produce o transporta, para llegar al consumidor.

En otros tiempos, cuando la contestación social no estaba vendida al poder, cualquier subida de la luz o gasolina repercutía en la calle con estrépito y la violencia adecuada para minar el prestigio, como el crédito, del que gobernaba. Estamos asistiendo a la pantomima asquerosa de los silencios culpables y las artimañas perversas de los referentes sociales más despreciables ignorando y disimulando una desgracia colectiva de mucho calado. Los que no saben de macro o microeconomía, sencillamente, comprueban que sube la luz, gas y gasolina. No es difícil advertir el modo en que afecta a todos los precios en artículos que no entienden de diferencias salariales, porque las patatas valen lo mismo para cualquiera

Además, y no es poco, ese aumento de todo va reduciendo el valor de nuestro dinero. Las subidas de sueldo no tienen mayor importancia cuando lo que compramos también aumenta su coste. De nada sirve recibir un 2% más de pensión a primeros de año si la inflación supera el 4%, porque pagamos más por los mismos productos. Durante los últimos años, especialmente con la pandemia, el consumo fue retrayéndose y los precios se estacaron o disminuyeron. El poder adquisitivo, como el ahorro de muchos ciudadanos, se incrementó, al tiempo que otros se arruinaban o quedaban abandonados en una situación dramática. Las colas del hambre denuncian cada minuto una tragedia que algunos no pudieron o supieron prevenir. Para muchos ciudadanos es lógico considerar que mientras se apreciaba una evidente deflación, otros sinvergüenzas inflaban perversiones. Los paniaguados han incrementado su presencia cargando de gastos las arcas públicas, que no pueden atender otras muchas imperiosas necesidades. Una legión de asesores y sanguijuelas se han posicionado en las administraciones aumentando la presión en unos presupuestos limitados.

El gasto público se ha disparado con desmesura. Las prebendas están produciendo una enorme inflación de influencias asquerosas, pero no hay contestación, porque quienes podrían hacerla están atragantándose en los abrevaderos oficiales. Los servicios públicos, cuya calidad debería ser el objetivo sagrado de quienes los dirigen y prestan, se ven inflados de soberbia y desconsideración interponiendo todo tipo de barreras para impedir el libre acceso de quienes desean orientación y apoyo en tantas gestiones, que se van complicando cada día. Una buena cantidad de funcionarios y empleados ejemplares mantienen su esfuerzo para reducir la inflación del descrédito. Suben precios, penas y olvidos. También, aumentan las cuotas de extorsión política con una tremenda inflación de enchufes, empanados de regalos para asegurarse el respaldo de una imprescindible matemática parlamentaria. No hay nada más importante que manejar la vida de los ciudadanos como sea, hasta en lo más despreciable. No merece la pena empeñarse en bajar la inflación de las desgracias ajenas porque no facilita la estrategia de seguir manoseando los presupuestos, engordando sin control y haciendo cuadrar las cifras sin el menor rigor. Donde debe haber, hay, sin embargo, donde es importante que haya, no interesa. El enfoque de los referentes sociales está tergiversado. En clientelismo y nepotismo hay mucha inflación.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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