31 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Lucio Séneca

Mi viejo cristianismo

Los mercaderes expulsados del Templo, de James Tissot.
Los mercaderes expulsados del Templo, de James Tissot.

Hoy, rebuscando en mi destartalada biblioteca personal (¿y cómo puede estar una biblioteca que en los últimos 10 años ha cambiado de ubicación y de casa tres veces?) uno de mis libros perdidos ("Los nuevos apóstatas") me topé con la vieja Biblia de pastas negras y papel finísimo, casi trasparente, de color amarillo, que me regaló mi confesor de antaño, Don Antonio Liébana Santiago, el cura párroco de mi pueblo de Nueva Carteya (hoy ya no tengo confesor).

Aquel que me convenció para que me hiciera cura y que, incluso, me llevó a examinarme de Ingreso al Seminario San Pelagio de Córdoba en septiembre de 1953, cuando yo tenía 13 años. Afortunadamente para la Iglesia y para mí  no pude ingresar, aunque aprobé el examen, por razón de la edad, porque no había plazas para todos los aprobados y me dejaron para el año siguiente. ¡Ay, pero en los 12 meses siguientes yo descubrí que en el mundo había chicas y mujeres y ya me olvidé de las sotanas y hasta del "Dominus Vobiscum".

Bien, pues cuando me quedé a solas con mi Biblia negra abrí las páginas que tenía marcadas con un dobladito en la parte superior (una vieja costumbre que mantengo) y me detuve a releer algunas de las cosas que me habían llamado la atención 63 años atrás. Entre ellas ésta del capítulo 21 del Evangelio de San Mateo:

"Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: "¿Quién es este". Y la gente respondía: "Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea". Después Jesús entró en el Templo y echó a todos los que vendían y compraban allí, derribando las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas. Y les decía: " Está escrito: Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones". (Mateo 21-10-13). 

                                                   Las Hijas de Lot, de Heindrick Goltzius.

¡Dios! ¿y qué haría Jesús- me pregunté a mí mismo- si entrase en una de las Iglesias o de las catedrales de hoy y las viera ocupadas por turistas haciendo y haciéndose fotos? ¿y qué haría viendo lo que es hoy una Procesión? ¿y qué haría con los mercaderes del Templo de hoy? No quise pensar más y pasé página.

Después me detuve en ésta otra del Genesis, donde se describe la historia de las hijas de LOT, que dice así: “Luego, por miedo a quedarse en Zoar, Lot se fue con sus dos hijas a vivir en la región montañosa. Allí vivió con ellas en una cueva. Un día, la hija mayor le dijo a la menor:

-Nuestro padre ya está viejo, y no quedan hombres en esta región para que se casen con nosotras, como es la costumbre de todo el mundo.

Ven vamos a emborracharlo, y nos acostaremos con él; y así, por medio de él tendremos descendencia.

Esa misma noche emborracharon a su padre y, sin que este se diera cuenta de nada, la hija mayor fue y se acostó con él. A la mañana siguiente, la mayor le dijo a la menor:

-Mira, anoche me acosté con mi padre. Vamos a emborracharlo de nuevo esta noche, y ahora tú te acostarás con él; y así, por medio de él tendremos descendencia.

Esa misma noche volvieron a emborrachar a su padre y, sin que este se diera cuenta de nada, la hija menor fue y se acostó con él. Así las dos hijas de Lot quedaron embarazadas de su padre. La mayor tuvo un hijo, a quien llamó Moab, padre de los actuales moabitas. La hija menor también tuvo un hijo, a quien llamó Ben Amí, padre de los actuales amonitas.”

¡Dios! Incesto puro. Unas hijas que se acuestan con su padre y hacen el amor para tener hijos y los tienen. ¡Y esto es la Biblia cristiana y autorizada por la Iglesia Católica! y me pregunté: ¿Que dirá de esto el Papa Francisco? No, mejor no pensar  – me dije a mí mismo.

Después me detuve en otra de las páginas marcadas del Evangelio de San Mateo y lo que leí me asustó porque me dio miedo. Habla Jesús: "No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.” (Mateo 10.34-36).

¡Dios!, y tanto miedo me dio que cerré mi vieja Biblia negra y la devolví a su escondite. Está claro, el cristianismo de ayer no tiene nada que ver con el cristianismo de hoy. Ya sé que la Iglesia para supervivir más de 2000 años ha tenido que ir adaptándose a los “nuevos tiempos, pero en esas adaptaciones hubo algunas manipulaciones interesadas, según las adoptara un Papa u otro. No es lo mismo una adaptación realizada por Alejandro VI que una realizada por el Papa Juan XXIII. De ahí, tal vez la “agonía del cristianismo de Unamuno”. Tampoco puede entenderse con mentalidad de hoy que la Virgen María quedara embarazada por un soplo del Espíritu Santo. Fe y ciencia, la eterna encrucijada de los filósofos y el viacrucis de Averróes.

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