06 de abril de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Esther Merino Peral

Para olvidar

LA UME desplegada en Atocha-Renfe.
LA UME desplegada en Atocha-Renfe.

Ahora se insta a quedarse en casa, pero exactamente hace una semana se promovían grandes concentraciones sin recato, tanto de futbol, congresos políticos y manifestaciones reivindicativas.

Las tertulias de la tele eran hervideros en los que se daban consejos para una cosa y exactamente para la contraria, con alarmismo y sin él, como si estuvieran sentando cátedra y ahora resulta que se han multiplicado los ataques de pánico y la psicosis. Vaya, no me explico por qué. Una política reconvertida en monigote parlante de uno de estos programas decía el sábado que no dejaría de asistir a la manifestación feminista porque bien lo merecía “un bien mayor” y que si se contagiaba, “pues mira eso que se llevaba”. No ha vuelto a aparecer por ningún lado, pero no me extrañaría ni lo más mínimo que ahora formara parte de la campaña del “quédate en casa” para no colapsar los servicios asistenciales. Y, famosos presentadores que el sábado pasado levitaban de gusto ante la retransmisión de los eventos del día siguiente, hoy mismo andan clamando por la irresponsabilidad que supone salir de casa para lo que no sea imprescindible.

Nos hemos vuelto locos

Se llama a la solidaridad hasta la extenuación, a mantener normas básicas, de higiene pero también una mínima distancia de seguridad entre personas, mínimo un metro, además de que no se produzcan aglomeraciones. Y resulta que hoy sábado 14 de marzo se han tenido que cerrar parques (como el emblemático Retiro, Madrid Río o la Casa de Campo) porque la gente abarrotaba céspedes como si fuera la Pradera de San Isidro en hora punta, retratada por Goya. Y los famosísimos “runners” ya convertidos en profetas de una religión más que en una forma saludable de mantenerse en forma, se habían multiplicado hasta lo incomprensible y se les podía ver corriendo como si les persiguiera el infierno, sin desviarse ni una milésima de sus recorridos ilusorios, avasallando al resto de transeúntes, escupiendo y salivando a menos de tres centímetros de quien se pusiera en su camino durante todos sus trayectos, como pollos sin cabeza. Algunos han llegado a pelearse entre ellos mismos porque colisionaban al confluir en un mismo punto, como si fuera un choque de trenes y nadie tenía las suficientes neuronas como para plantearse echarse un poco a un lado. Por supuesto hasta el toque de queda de anoche a las doce, terrazas, bares y chiringuitos llenos.

La UME en Valencia.

Y ahora, el Estado tiene que tomar las riendas para gobernar la intendencia de la vida cotidiana, declarando un estado de asedio (que a los efectos prácticos significa la supresión casi hasta el límite de la libertad individual de las personas) porque la estulticia del ser humano no tiene límites, como se puede ver en la ristra de chistes que circulan por las redes o en los hilos de Twiter, como la foto que se ha hecho viral y que quizás es la más representativa de los despropósitos que estamos viviendo, en la que se ve una mujer con un carro de la compra cargado hasta la bandera (ni siquiera de rollos de papel del baño?!?!?!?! que ya están estudiando los sociólogos) sino de cajas y cajas de flanes y natillas como si se fuera a acabar el mundo ¡!!!!!!!.

Nos hemos vuelto locos y el Apocalipsis era esto

Justo el lunes pasado, de pronto saltan las alarmas, pero aún algunos arrastraban los pies a la hora de clausurar centros educativos y universidades. Es más, algún político, incluso dos o tres días después, casi amenazaba a las autoridades universitarias de su región, porque se les habían adelantado en la decisión unilateral de cerrar sus instalaciones. Denostados los madrileños que han cambiado la ciudad asediada por la enfermedad (sólo Murcia ha recibido a medio millón en un inesperado Éxodo) pero igualmente han “cazado” a algún relevante político de la tipología de “jarrón chino”, siempre preocupado por el destino de la patria, trasladándose desde Madrid a su fastuosa residencia costera y además custodiados por una patrulla de la Guardia Civil.

Ahora se llama a la alabanza inmensa del personal sanitario (que se merecían antes y después por cierto), pero hace unos meses poco menos que se escupía a la “marea verde” que salía en masa para demandar lo que justamente hoy nos hace falta y escasea, camas y medios y que denunciaba lo que ahora se niega, o sea, el eufemismo que se venía produciendo desde tiempo atrás de la “externalización de servicios”, como los de los análisis clínicos, que ahora se han mostrado esenciales para la pronta detección.

Decía el Príncipe de Salina (encarnado por un Burt Lancaster para la gloria de la memoria colectiva) en la película del Gatopardo, cuando se negaba a aceptar el cargo de senador de la nueva república garibaldiana, que los políticos –sicilianos- de su historia pasada como reciente eran “para olvidar”, pero igual podría decirse de los de otras geografías. Pues eso.

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