29 de enero de 2023
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Sí, pero no

/ Políticos.

Algunos de nuestros líderes políticos, como buenos propagandistas, no escatiman esfuerzos para ofender al oponente, venderse con la mejor imagen o dar ejemplos de incoherencia. Crear una leyenda negra no deja ser recurrente para intentar desactivar otras opciones legítimas con las que se alcanza cuotas de poder o influencia social. El etiquetaje pertinaz, secundado por una legión de fieles acólitos, va impregnando en la opinión pública hasta conseguir mancillar el prestigio ajeno.

La historia ha sido generosamente perversa con las leyendas negras, especialmente la que se fraguó contra el imperio español, que encontró enemigos externos e internos. Los historiadores modernos, que han repasado cada uno de los cuentos inventados por los enemigos de España, siguen tratando de poner la verdad en su sitio con mucha dificultad. De esa infecta práctica de quienes pretenden lograr sus objetivos dañando la fama del oponente estamos bien servidos en los últimos años.

Muchos telespectadores recordarán un debate cara a cara, con ocasión de las elecciones generales de 2015, entre nuestro actual presidente del gobierno y su antecesor; explicaban propuestas y se regalaban reproches con fruición. En un momento determinado, el primero escupió a su oponente con el calificativo de indecente. Aquella expresión retumbó con fuerza entre los ciudadanos atentos a ese ejercicio de confrontación de ideas, que alcanzaba el clímax con una ofensa personal.

Para algunos, pletóricos y orgullosos de su pertenencia, debió suponer una gran satisfacción; para otros, probablemente, la mayoría, sonó a exabrupto de un maleducado sin remilgos. La corrupción era el elemento vertebrador de aquella tensa fase del enfrentamiento dialéctico. La putrefacción se ha extendido en una clase política denostada por buena parte de los ciudadanos, hastiados de tanto sinvergüenza metiéndose el dinero ajeno en sus bolsillos o en el de los amiguetes.

Cuando alguien etiqueta a un indecente es lógico imaginar que acumula cualidades suficientes como para reprochárselo sin mesura. Sí, pero no. Las conductas inmorales e ilegales fueron y siguen siendo las señas de identidad de una casta social envanecida por el ejercicio del poder sin ninguna ejemplaridad constructiva. Quien insultó por la indecencia del oponente no ha demostrado ser distinto en demasiadas ocasiones, algo que debieron suponer quienes contemplaban aquella andanada de desprecios generando innumerables quejíos, porque los indecentes hacen mucho daño a los que esperan referentes sociales positivos.

Los manirrotos que gobiernan España no hacen más que imponer ocurrencias absurdas abanderando una propaganda infumable, Sí, nos hablan de éxito en la creación de empleo, pero no. Las diversas triquiñuelas contables no hacen más que esconder realidades a su antojo. Sí, se empeñan en ofrecer una imagen optimista de la situación económica, pero no. Los informes independientes no hacen más que repetir el fiasco español, que se ha colocado en la cola de Europa.

Sí, nos hablan de la contención de precios, aumento de retribuciones, ayudas y subvenciones, pero no. Su parafernalia oficial, preñada de dinero para vender la mejor de las imágenes, no tiene nada que ver con lo que sufren los ciudadanos cada día cuando van a comprar comida o intentan calentarse. Sí, tratan como muy democrático apropiarse del control institucional para asegurarse la sumisión de quienes deben supervisar la acción de gobierno, pero no lo es.

El insistir sobre la actitud entorpecedora del oponente no es más que una estratagema para seguir amasando resortes de influencia política con la que mantenerse en el poder. La maldita costumbre de aprovechar cualquier problema fuera de nuestras fronteras para arrastrarnos hacia una crispación desorbitada pretende enfrentarnos cada vez más, mientras acaparan iniciativas en su beneficio generando inquinas y odios en cualquier nivel de esta dócil e indolente sociedad. Los últimos fiascos legislativos, promulgados con incompetencia o sectarismo, dañan con rigor el bienestar colectivo. La realidad sigue siendo dura y pertinaz, aunque la escondan. Todo parece que sí, pero no.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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