25 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Lucio Séneca

Todos somos soldados

Soldados de la UME.
Soldados de la UME.

Ahora que estoy como uno de aquellos esclavos negros que se ven en las películas, encerrado entre cuatro paredes, sin ver la calle ni el cielo, porque vivo en un apartamento interior, y sólo pendiente de lo que pasa con el "coronavirus" (internet, radios, televisiones, periódicos), me estoy dando cuenta de que, efectivamente, el mundo se divide en dos: los que ven la botella medio llena y los que la ven medio vacía... todo depende de la cadena que veas, o la radio que escuches o el periódico que leas.

Si oyes a los de la Oposición lo que estamos viviendo, padeciendo y sufriendo ya no es sólo una epidemia ni una pandemia  es una "locura" y los culpables son los incompetentes del Gobierno, que no están haciendo nada y lo que hacen lo hacen mal (y te pasan por los ojos las cifras de muertos, 4.500, 5.210, 6.432, 7.458, 8.019, 8.220, 9.200...hasta que te quitan las ganas de comer)... Si oyes, ves o lees los Medios del Gobierno (que son casi todos) o a sus amigos (que son el otro casi) todo está controlado y el "pico" ya está cerca, Italia tiene más muertos, Estados Unidos va camino del millón de muertos, los culpables son los chinos, somos el mejor país del mundo, con la Patria se está con razón o sin razón. O sea, como siempre, para una España la botella está medio llena y para la otra está medio vacía.

Pero, también me estoy recreando en este encierro obligado con ese refrán tan castellano que dice NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA. Porque si un mal, mal no, malísimo, una tragedia, es lo que estamos viviendo (y vamos a seguir viviendo hasta que el comunista Iglesias haga un milagro) un bien, o varios, son los que estamos comprobando para mayor gloria de  España, esta España que algunos desprecian y otros quieren cargarse... y entre esos bienes tenemos que señalar, con orgullo, a los "españolitos" que sin alharacas, sin demagogias baratas, sin partidismos, sin fotógrafos detrás, sin esperar nada, están respondiendo como una piña para acabar con el terrible virus que nos está diezmando. (Otro pueblo habría ya exigido responsabilidades, que las hay a montañas),  encerrados en casa, sin protestar por las torpes medidas que se adoptan, ayudándose unos a otros como se pueda, hablándose entre vecinos como nunca se habían hablado, aplaudiendo desde sus balcones o ventanas el esfuerzo de esos sanitarios que hasta se están jugando sus vidas, llorando o rezando por los muertos propios o ajenos, criticando a los que no colaboran o lo hacen sin amor, sin perder la fe en España, su Patria (Dios, si hasta el comunista ha tenido ya que hablar de la PATRIA).

Soldados españoles

Pero, tal vez el mayor bien que el "coronavirus" nos ha descubierto ha sido el de nuestros soldados, los soldados españoles, ese Ejército casi desconocido para las nuevas generaciones que en silencio y sin palabrería ha salido de sus cuarteles para llevar su ayuda donde más se les necesite y salvando los peligros, cualesquiera que sean. Por eso no ha sorprendido que hasta las máximas autoridades de la OMS se hayan fijado en la labor que vienen haciendo estos días de pena, dolor y muerte. "Es increíble, extraordinario, lo que aquí se ha levantado en tan poco tiempo", ha dicho el Jefe de los Expertos de la OMS, Míster Bruce Aylward, tras visitar el hospital de emergencia que el Ejército y el Samur han levantado en el Pabellón de Ifema de Madrid. 

Soldados de la UME en formación.

Lo cual, tratándose de soldados españoles, no es nada novedoso, porque no hay más  que dar un paseo por la Historia (y no sólo la española) para encontrarse juicios y testimonios de matrícula de honor. Pues, ya es sorprendente que Alejandro Magno reclamase para sus ejércitos soldados "tartesos" (o sea, del Sur de Iberia) y que los pusiera siempre en vanguardia, como sorprende saber que Julio César valoraba a los honderos de las Baleares por encima incluso de los suyos o que Napoleón cuando quería castigar a alguno de sus generales lo mandaba a la Guerra de España porque sabía que lo que más temían sus jefes y oficiales era luchar contra los españoles aunque fuesen desarrapados. Aquellos soldados que el Gran Capitán entrenó para formar los Tercios Españoles que durante dos siglos fueron invencibles, aquellos soldados de la División Azul que cuando entraban en una aldea rusa en lugar de incendiar o asesinar compartía su comida con la pobre gente vencida, aquellos soldados que harapientos y muchas veces hambrientos conquistaron todo un continente y levantaron un Imperio donde no se ponía el Sol. 

Y daba igual que fuesen andaluces o extremeños, vascos o catalanes, castellanos o gallegos... por encima de todo eran y se sentían españoles. Cuentan que uno de los primeros motines que Cortés tuvo que apagar al desembarcar en las playas donde se levantaría la Villa Rica de la Veracruz (en México) fue por darles la vanguardia a un grupo de extremeños, lo que provocó la queja de los demás españoles porque todos querían ser la vanguardia. ¿Y qué se puede decir de aquellos "trece de la fama" que cruzaron la raya que Pizarro había trazado sobre la arena de la playa de la Isla del Gallo para seguirle en su conquista del Perú?. "Soldados españoles, a ese lado de la raya que os he marcado están la comodidad, la buena mesa, las mujeres y la fiesta... a este lado están el honor de ser español, la gloria y casi seguro la guerra y la muerte...¡elegid!... y sólo 13 siguieron a aquel loco extremeño, los suficientes para conquistar un imperio".

Y así podíamos estar hablando del soldado español horas y días enteros, pues hasta Hitler el sanguinario se enamoró de aquellos voluntarios que se fueron del sol de España a la nieve de Rusia que no retrocedían ni cuando se lo mandaban los generales alemanes. "Aprended de estos españoles, que mueren pero no se rinden ni retroceden" les dijo a los suyos cuando fue a despedir a los supervivientes de la División Azul que regresaban a España. 

"Si la batalla dura una semana, serán italianos. Si la batalla se alarga, es que son españoles". (Miguel Hidalgo en la guerra de Independencia de México).

"Nunca nos habíamos enfrentados a un soldado de infantería como el español. No se derrumba, es una roca, no desespera y resiste paciente hasta que puede derrotarte". (Un Coronel Sueco en la batalla de Nordlinger).

"Cuando veáis a un soldado desaliñado, indisciplinado y sin afeitar, cuadraos. Es un héroe español. Son valientes, duros, no ceden ante nada; qué orgullo me da que los españoles estén con nosotros". (Coronel Josef Seep, general de las Waffen-SS de Hitler). 

Por eso el criminal "coronavirus" que nos está azotando con las peores intenciones podrá acabar con mil, con diez mil, con veinte mil... pero no vencerá jamás a un pueblo del que  salen soldados semejantes que antes de rendirse mueren gritando el nombre de la Patria: ¡Viva España! Pero hoy en su honor debemos leer y escuchar el Himno que los hace grandes.

Himno de la Infantería española

“Ardor Guerrero vibre en nuestras voces. Y de amor patrio henchido el corazón. Entonemos el Himno Sacrosanto. Del deber, de la Patria y del Honor. ¡Honor! De los que amor y vida te consagran. Escucha, España, la canción guerrera, canción que brota de almas que son tuyas de labios que han besado tu Bandera. De pechos que esperaron anhelantes besar la cruz aquella que forma con la enseña de la Patria el arma con que habrán de defenderla.

Nuestro anhelo es tu grandeza que seas noble y fuerte. Nuestro anhelo es tu grandeza que seas noble y fuerte y por verte temida y honrada contentos tus hijos irán a la muerte. Y por verte temida y honrada contentos tus hijos irán a la muerte.

Si al caer en lucha fiera ven flotar victoriosa la Bandera ante esa visión postrera orgullosos morirán. Y la Patria, al que su vida le entregó, en la frente dolorida le devuelve agradecida el beso que recibió.

El esplendor y gloria de otros días tu celestial figura ha de envolver que aún te queda la fiel Infantería que, por saber morir, sabe vencer. Y volarán tus hijos ansiosos al combate tu nombre invocarán.

Y la sangre enemiga en sus espadas y la española sangre derramada tu nombre y sus hazañas cantarán. Y éstos que en la Academia Toledana sienten que se apodera de sus pechos con la épica nobleza castellana el ansia altiva de los grandes hechos te prometen ser fieles a la historia y dignos de tu honor y de tu gloria”.

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