05 de diciembre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Justicia o revancha

/ Imagen de archivo de la Guerra Civil española.

En estos días de crispación hay quien cuestiona determinados valores éticos de una sociedad, que parecía férreamente construida. Muchos de nuestros padres y abuelos optaron por el borrón y cuenta nueva canjeando revancha por perdón. Para muchos ciudadanos fue bueno amnistiar criminales de guerra para que pudieran volver a sus hogares de origen. Otros, sencillamente, tomaron la iniciativa porque nadie, ni la Ley, les pediría cuentas.

Es más, algunos se cruzaron por los espacios que ocuparon sus víctimas sin recibir venganza, eso sí, en algunos casos, como era lógico, no se libraron de algunas pruebas de desprecio. En los años cincuenta las heridas sangraban, en los sesenta, además, la gente se buscaba la vida reconstruyendo biografías en silencio para progresar, en los setenta la deriva social fue advirtiendo que los años servían para reinventarnos en cada casa y calle española.

La reconciliación legal y real imperó en quienes deseaban mirar al futuro con esperanza, eso sí, sin olvidar, porque la memoria está íntimamente encadenada a la experiencia, conocimiento y la información. El remover con interés perturbador los rescoldos de una tragedia suele traer malas noticias. El tratar de justificar deudas morales poniendo la mano para cobrarlas, probablemente, se podría calificar de muchos modos, aunque el de justicia estaría el último de la fila.

Hay quien dice que la recuperación de odios de antaño no es más que revanchismo cobarde de quienes detentan la capacidad para imponer sus criterios. Lógicamente, y es compresible, también habrá quien considere que este empeño en remover la memoria es un acto de justicia, que estaba pendiente desde hace mucho tiempo. Un porcentaje importante de personas sabrá ponderar ambos modos de valorar las secuelas de un pasado demasiado doloroso para quienes lo vivieron y sufrieron como protagonistas aguantando en silencio las consecuencias perversas de una derrota.

Los que vencieron en aquel destrozo colectivo tuvieron el modo de sacar rédito de una posición ventajosa, que era justa también. Y los nietos, como algunos hijos con papel secundarios en el drama social, deberíamos entender que la decisión de pasar página era mucho más benefactora de lo que algunos intransigentes sectarios reconocen. La justicia tiene acepciones que conviene concretar; se trata de un principio moral para dar a cada uno lo que le corresponde o merece.

También se define como el conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene. Incluso se incluye la definición de derecho, razón y equidad. Contrastando las razones de la recién estrenada legislación sobre eso que llaman memoria democrática, habría que partir de una estructura filosófica señalada en la lógica. Habrá quien lo considere un sofisma impostado, aunque otros insistirían en que se trata de dar a cada uno lo que en justicia le corresponde. No queda claro qué es lo que se reparte si, al mismo tiempo, se decide legalmente quiénes están vedados a la posibilidad de obtener lo justo.

Seguro que encontraríamos argumentos con los que reconocer muchos gestos para restablecer derechos largamente infectados de injusticia y afrenta, como una importante dosis de revanchismo de quienes arremeten contra los que no forman parte de su mesnada ideológica. En muchas de las disposiciones promulgadas en los últimos años hay demasiado desprecio hacia los que no aceptan las normas del orden imperante; clara intolerancia sobre la que se han hinchado de despotricar cuando no detentaban el poder político.

La venganza no es buena consejera y suele alejarse del concepto más legítimo de la justicia. El reconocimiento debería estar basado en la información, el relato exacto, la concreción de conductas y situaciones, que forman parte del recuerdo contrastado y reforzado por la realidad. La propaganda sectaria no es buen aderezo de lo justo, todo lo contrario, resulta una combinación venenosa para sociedades indefensas. Hay demasiadas voces insistiendo sobre lo que no se hace bien, porque si dejamos de vacunarnos pensando que ya estamos inmunizados, perdemos la protección de una justicia moderada para infectarnos de la viruela del revanchismo.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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