12 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

Eduardo Gavín

¡Magia!

Una pareja de la Guardia Civil.
Una pareja de la Guardia Civil.

Parece que escampa el enésimo diluvio y aunque no ha vuelto el cuervo y mucho menos la paloma, ya hay quien empieza a pensar en quedarse con el olivo.

Lo importante nunca es la realidad, sino lo que se cuenta, por eso es importante que lo que se cuenta sea lo que a uno le beneficia. Para este cuento hemos elegido el nombre de “el Relato” aunque decir que es un cuento no es lo más certero, pues el cuento, o es popular y se escribe, o se escribe y deviene en popular, pero siempre posee un trazo moralizante, por sutil que sea. No así el Relato, que es algo inventado por mayordomos aviesos, siervos del poder, por lo que su intención y resultado serán de todo menos moralizantes.

Quizá sería más propio definir “el Relato” como la mano izquierda del prestidigitador diestro: Aquella que con sus movimientos estudiados casi que nos obliga a mirarla mientras dejamos de mirar la otra, la que nos roba la cartera, la de la realidad. “¡Magia!”, decimos, y queremos decir “¡Relato!”.

Contra la virtud, pecado. Contra los cuentos morales, los libertinos. Los dieciochescos sades, casanovas y bocages, todos ellos pasaron por prisión por su contrarrelato. Todo ello nos escandaliza… ¡En pleno siglo de las luces!... aunque la luz en realidad llegase a Timisoara o Haro mucho más tarde que los candiles de Casanova.

Escandaliza porque, en el siglo de los LEDs, parece que vuelve a pasar lo mismo. Es natural. En el Relato actual, que pretende adiestrar más que educar, no se puede permitir un contrarrelato. Ni grave ni ameno. Ninguno. Porque al tener que ser por fuerza verdad, no se puede permitir la duda. La duda es la mentira y es el bulo. Quien no cree al que lo cuenta, por fuerza está guiado por una mentira. Y esa mentira causa el stress social. No se me ocurre más stress social que estar encerrado en casa sin saber si vas a poder salir y volver a ver a tu familia, pero soy de los que piensa que todo siempre puede empeorar.

Una pareja de guardias civiles.

Evitemos el stress social mandando tras de él no a un psiquiatra o un payaso, sino a una pareja de la Guardia Civil. Qué mejor para el stress social que la amenaza. Todo sea para acabar con la Mentira, que como la Pobreza, la Corrupción o el Primer Motor Inmóvil, son objetivos de la Revolución desde que se inventó la Revolución y así será por siempre.

La Guardia Civil cuenta, por primera vez, con el apoyo del majadero medio español. Ese que siempre les ha acusado de hostigar a los robagallinas, de oprimir a los pueblos periféricos, de llevar bigote.

Ese guardés siempre a la orden del que le invite a comer, a una encomienda o a una ínsula barataria. Ese español tan castizo que sube porque está ahí, porque corre a tomar el cafecito con el jefe e por no darse a entender. Ese del “qué guapo está usted hoy, señor ministro, acuérdese usted de lo de mi chico”… para acabar uno siendo un experto. Currículos bovinos o aun ovinos tendrían, si fuesen vertebrados.

Ese vecino que aplaude en el balcón e invita a irse de casa al neumólogo del quinto. El mismo que lloraba sangre por la Ley Mordaza (objetivo de Sánchez desde que se inventó a Sánchez y así será por siempre) hoy clama, desde el semisótano del servicio, que “libertad sí, mentira no”. Bellísimo objetivo, que siempre lo será también.

Su cruzada ahora, es la mentira. El motivo cambia, el medio no. La Mentira destruye la Verdad, que es el Relato y eso no puede ser. Una cosa es la verdad y otra la Verdad.

Pero la cosa es saber qué es la mentira. Si es la mano izquierda o la derecha. Y si es el mago o el público el que decide eso. Si se informa uno por El País o por la revista Más Allá.

Dicen que el peor público de magia son los niños más pequeños, porque miran donde les da la gana. Por eso a ellos les hacen mucho lo de sacarles cosas de detrás de la oreja, porque ahí sencillamente no pueden mirar. 

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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