16 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Gabriel Araceli

Los enemigos de España son los propios españoles

Amadeo de Saboya
Amadeo de Saboya

"La Gloriosa" triunfante en Cádiz se perdía en las Cortes de Madrid entre discursos y discursos, unos a favor de la Monarquía y otros a favor de la República... hasta que se impuso el hombre fuerte de la revolución, el general Juan Prim, y venció la Monarquía, aunque no la Monarquía de los Borbones ("¡Los Borbones, jamás, jamás, jamás volverán a España!") sino una Monarquía electiva y como España, arrojados los Borbones, se había quedado sin Rey hubo que ponerse a buscar uno... Ahí surgieron otra vez las discrepancias y los inútiles enfrentamientos dialecticos a favor o en contra de los candidatos que fueron ofreciendo los distintos grupos políticos presentes: el Duque de Montpensier, cuñado de Isabel II; Fernando de Sajonia-Coburgo; Leopoldo de Hohenzollerm-Sigmaringe, pariente del Rey de Prusia; el general Espartero (que de entrada no aceptó) y, por último, el Duque de Aosta, el segundo hijo del Rey de Italia, Víctor Manuel i.  Al final resultó elegido el Duque de Aosta, como Amadeo de Saboya I, por 191 votos frente a los 27 del odiado Duque de Montpensier.

Pero, el destino y los españoles decidieron otra cosa. Porque casi antes de llegar a España su principal valedor, el general Prim, a la sazón Presidente del Gobierno, cayó asesinado y su primer acto fue acudir a la Catedral de la Virgen de Atocha para rezar ante su cadáver... y sin Prim estaba condenado a sufrir los vaivenes de la política española. Como así fue, ya que su Reinado (sólo dos años) vivió todos los componentes sempiternos de una nación descompuesta por los enfrentamientos y las Guerras Civiles, los separatismos, la corrupción, las luchas de los Partidos, una mala administración y miseria, huelgas, paro, ambiciones, atentados terroristas...

Y claro está, aquel pobre hombre no aguantó y se marchó (la gota de agua que rebasó su capacidad de aguante fue el atentado que sufrió un día que paseaba con su esposa, la Reina, por el Retiro madrileño). Pero, su Carta de Despedida, como abdicación, describe mejor que ningún argumento, lo que era aquella España del XIX, en realidad la España de siempre... con una diferencia, que allí no estaba Don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, el eterno Presidente en funciones, con sus ansias de Poder. Seguro estoy que Don Pedro se reirá del Rey Don Amadeo...por su dimisión.

Pero, lean integra la carta de despedida dirigida al Congreso de los Diputados:

              “Señores Diputados de la Nación española:

Grande fue la honra que merecí a la nación española eligiéndome para ocupar su trono; honra tanto más por mi apreciada, cuanto que se me ofreció rodeada de las dificultades y peligros que lleva consigo la empresa de gobernar un país tan hondamente perturbado.

Alentado, sin embargo, por la resolución propia de mi raza, que antes busca que esquiva el peligro, decidido a inspirarme únicamente en el bien del país, y a colocarme por cima de todos los partidos, resuelto a cumplir religiosamente el juramento por mí prometido a las Cortes Constituyentes, y pronto a hacer todo linaje de sacrificios por dar a este valeroso pueblo la paz que necesita, la libertad que merece y la grandeza a que su gloriosa historia y la virtud y constancia de sus hijos le dan derecho, creí que la corta experiencia de mi vida en el arte de mandar seria suplida por la lealtad de mi carácter, y que hallaría poderosa ayuda para conjurar los peligros y vencer las dificultades que no se ocultaban a mi vista, en las simpatías de todos los españoles amantes de su patria, deseosos ya de poner término a las sangrientas y estériles luchas que hace tanto tiempo desgarran sus entrañas.

Conozco que me engañó mi buen deseo. Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fuesen extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los qué con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males dé la nación son españoles, todos, invocan el dulce nombre de la patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible atinar cual es la verdadera, y más imposible todavía hallar el remedio para tamaños males.

Lo he buscado ávidamente dentro de la ley, y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla. Nadie achacará á flaqueza de ánimo mi resolución. No había peligro que me moviera a desceñirme la corona si creyera que la llevaba en mis sienes para bien de los españoles, ni causó mella en mi ánimo el que corrió la vida de mi augusta esposa, que en este solemne momento manifiesta, como yo el vivo deseo de que en su día se indulte a los autores de aquel atentado. Pero tengo hoy la firmísima convicción de que serían estériles mis esfuerzos e irrealizables mis propósitos.

Estas son, señores diputados, las razones que me mueven a devolver a la nación; y en su nombre a vosotros, la corona que me ofrecía el voto nacional, haciendo de ella renuncia por mí, por mis hijos y sucesores.

Estad seguros de que al despedirme de la corona no me desprendo del amor a esta España tan noble como desgraciada, y de que no llevo otro pesar que el de no haberme sido posible procurarla todo el bien qué mi leal corazón para ella apetecía. Me voy de España.

                                                         Amadeo. Palacio de Madrid, 11 de febrero de 1873"

Lo dijo Ganivet:  "Los españoles jamás sabrán vivir en Democracia y nunca estarán a gusto con la Libertad... Es un pueblo que sólo se siente bien cuando no tiene que pensar" y lo completó Julio Camba: "El español es poco amigo de pensar, pero si piensa no hay otro pensamiento más que el suyo".

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