20 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Pedro Sarrión

El cancerbero de Carranza

Ignacio Aguado
Ignacio Aguado / Europa Press

Hace cinco años que se abrió la primera sede del partido Ciudadanos en Madrid, en la calle Carranza. Los no más de 200 afiliados se disponían a votar diferentes cargos orgánicos que habían quedado desiertos. La ilusión de muchos de los nuevos afiliados de Madrid la manejaban, entre otros, Ignacio Aguado y César Zafra, que ya en julio de 2013 se habían arrogado, junto a cinco afiliados más, el poder de representar al partido en la capital. El poder del oportunismo en el partido naranja había nacido. Michael Ignatieff, catedrático en Harvard, escribía que «el arte de la política consiste, esencialmente, en ser un maestro del oportunismo. Un torpe oportunista político no es más que alguien incapaz de ocultar que está aprovechando una oportunidad. Un oportunista hábil, por el contrario, es quien sabe persuadir al público de que él ha creado la oportunidad». La historia de “dos torpes y un destino” había comenzado.

El primer centro de reuniones fue el emblemático café Comercial mientras se alquilaba la sede de Carranza y se compraban unas sillas y mesas. Zafra, hoy diputado, y Aguado, también diputado y actualmente potencial candidato a la Comunidad de Madrid, manejaban los hilos de forma coordinada. Instruidos por Barcelona iban dando pasos para que la organización política se implantara y así aquellos días pasaron preparando las que iban a ser las primeras elecciones europeas a las que se presentaba Ciudadanos. Saltar de Cataluña a Europa permitía probar la escala nacional y, efectivamente, el poder mediático de Javier Nart y Juan Carlos Girauta obraron el milagro.

Ciudadanos ha crecido, representa una oportunidad para cambiar la política, el locuaz Rivera, el plano Marín, las bellas y listas Arrimadas y Villacís, el díscolo Manuel Valls y el ahora candidato de los euros, Garicano, para dar una imagen internacional del partido, componen el equipo ganador. Existen flecos por coser en la Comunidad de Madrid donde el "dobladillo" Aguado/Zafra no termina de zurcir el roto madrileño. En la política, cuanto más rápido se sube, más se acelera la bajada.

Ciudadanos ha cambiado el ideario, los estatutos, la organización territorial, tiene alquilada una flamante sede en el barrio de Ventas, pero arrastra el problema de deshacer lo que ha sido el sistema de vasallaje creado por Aguado y la mano que mece la cuna, Zafra. Parece una fecha, 1.840 días habrán pasado el próximo 29M desde el primer éxito electoral europeo de 2014, siendo ahora el campo de juego político otro muy diferente.

Los candidatos están en el vestuario vistiendo sus galas, ahí tenemos a delanteros fieles, mediocampistas oportunistas, defensas aplaudidores y, el portero de Carranza, Zafra, el guardián de las llaves. En las gradas se encuentra la "cla" y muchos afiliados a los que no les pasa desapercibida una situación que se presenta difícil en la liga municipal, autonómica, general y europea. Muchas copas a jugar para tantos borrachos políticos, como dice un oportunista de Ciudadanos de la zona norte de Madrid en sus clases magistrales, el partido se gana en los bares.

A los vestuarios ha llegado un nuevo entrenador, tiene un pasado profesional que no pasa desapercibido, un comunicador que viene, se dice, para ayudar a Villacís en Madrid, ha trabajado en Barcelona y es oriundo de León. Tiene el cometido de poner orden en el desorden territorial de la Comunidad, un gestor que busca la eficiencia y la lealtad frente al aparato burocrático del partido que solo quiere la fidelidad de los pelotas, pero como en todas las organizaciones, cuando llega alguien nuevo, se le ningunea. Zafra no tiene pasado profesional, es un pipiolo que busca seguir viviendo de la política porque el oportunismo, estar en el lugar y momento adecuados, así como tener un padrino le ha rendido sus frutos, cuatro años liando cigarros en la Asamblea de Madrid como segundo de Aguado.

Vino Aguado de casualidad a Ciudadanos, un chico bien del barrio, líder de la renta per cápita, de La Moraleja que igualmente ha vivido como líder en la Asamblea madrileña, sin serlo. Churchill define su perfil: “el político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ha ocurrido”. Incapaz de articular un discurso brillante, poco expresivo y mediocre en sus aseveraciones no pasa por sus mejores momentos y su puesto depende de unas elecciones primarias donde puede tener oponentes de relieve, o de que el partido pueda encontrar una estrella que le sustituya, como ha sido Valls en Barcelona.

La suerte está echada, la moneda se ha lanzado al aire para elegir quien saca del centro político y los jugadores aún no han entrado en el campo, el vestuario puede que cambie pero que cambie porque los nuevos jugadores ya lleguen vestidos. El cancerbero de Carranza puede quitarse los guantes, se necesitan porteros que sepan atrapar balones al vuelo, tirándose en plancha.

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