25 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Los bulos

"La militancia ideológica que impregna a determinados medios y periodistas".

Dentro de lo que podría ser la clasificación de mentiras el bulo supone una manipulación de la realidad disfrazada de noticia. No pocas veces esa elaboración disimula perfectamente una realidad, livianamente tergiversada, que logra efectos devastadores. La eficacia de una trola perfectamente pergeñada hace que para muchos expertos en la falacia suponga una herramienta perfecta para lograr los objetivos más perversos.

Una trampa puede ser más destructiva que una bomba de relojería, pues el mecanismo permite encontrar ciertas similitudes cuando se trata de lograr su detonación con efecto retardado. No es inventar sin más, sino hacer creíble una mentira tratando de lograr la mayor onda expansiva. Además de las armas convencionales, unos mensajes perfectamente difundidos consiguieron vencer en numerosas contiendas, porque la fama supone el elemento más vulnerable para dañar con el descrédito.

Una simple ocurrencia puede suponer la ignición de una deshonra sin límites. Manejar los tiempos y las ideas constituye la demostración más eficiente para alcanzar o mantener el poder. Verdaderos ejércitos de asesores y empleados bien remunerados se dedican a crear bulos para ensalzar a los propios y destrozar el honor de los oponentes.

Desde el boca a boca, que tanto daño ha causado, hasta las redes sociales, que permiten la difusión más generalizada, ese invento perverso ha desarrollado una fortaleza imparable, porque en el universo de los delitos contra el honor, en ocasiones, se camuflan excusas o justificaciones legales que dejan desvalidos a los que deberían ser protegidos con ejemplaridad.

El bulo interesado debería ser retribuido legalmente con rigor. El anonimato se alía con las falacias y hace mucho daño, pues una deshonra suele irradiarse más que la rectificación. La difamación estratégica, que no aparece como calumnia, permite orientar la opinión ajena hacia la deriva que produce rendimiento. En determinadas oportunidades, el afectado injustamente por un bulo puede ignorarlo, lo que impide plantear su defensa.

Hemos padecido los efectos devastadores de un bulo sin haber podido contrarrestar su perversa invención. Cuando el perjudicado logra conocer por qué su dignidad está en boca de otros, las consecuencias no se reparan, y tratar de explicar una realidad supone un esfuerzo agotador.

En la era de la comunicación los bulos han encontrado su hábitat más acogedor. Los medios de comunicación administran errores e infundios, lo que les sitúa en el ranking de la independencia y la verdad. Conocemos la manipulación informativa al servicio de quienes pagan la adhesión de supuestos profesionales, que sirven como sicarios de la noticia. La militancia ideológica que impregna a determinados medios y periodistas sirve para proteger al grupo y dañar al contario.

En ocasiones, podríamos considerar que un bulo bien construido ha permitido alcanzar el poder o vencer en diversas contiendas. Difundir trolas con apariencia de noticia está sustituyendo el debate tradicional, donde no es rentable ser sinceros.

Esa permanente lucha electoral alimenta a voluntarios, movidos por odio o afección, que se dedican a distribuir bulos. Las redes sociales dan muestras cotidianas de semejante ejercicio de maldad. Los hay que, inconscientemente, difunden noticias sin contrastar. Para luchar contra el cuento falso la mejor herramienta es una información veraz, que se obtiene por los propios medios o la intervención oficial.

Cuando las instituciones informan con agilidad desarman bulos. Por eso es esencial interponer noticias a la construcción de relatos falsos, que tanto perjudica a la realidad. La indolencia oficial o el afán de protagonismo de algunos de sus líderes, empeñados en administrar la información a su antojo, propician la desesperada búsqueda de datos por distintos canales, que pueden no ser fiables y suplantan hechos reales. Mantener la confidencialidad que imponen las leyes no impide contrarrestar fuentes poco rigurosas. Los sucesos más desgarradores alimentan informaciones que no hacen más que perjudicar la eficacia de la investigación. No es prioritario informar a toda costa; por el contrario, sí lo es esclarecer eficazmente delitos, por eso la eficiencia y agilidad oficial debe servir para desactivar los bulos. 

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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