09 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Eduardo Gavín

El retorno

El fin de semana volvió la normalidad.
El fin de semana volvió la normalidad.

Volvemos a la Nueva Normalidad en marciales horarios de paseo, por rangos y edades. Nunca me han gustado los toques de silbato para el paseo, pero entiendo que aquí el riesgo es morrocotudo y que a veces hay que someterse para sobrevivir, como aprendemos al ir al colegio, al entender el trabajo.

La Nueva Normalidad es parecida a la anterior pero con menos libertad, menos dinero y menos alegría. Una Normalidad de Marca Blanca, de economato socialista. Uno se repasa las redes sociales, los “opinaderos” electrónicos, y descubre cómo está la gente. Unos han aplaudido mucho y ya esperan la nueva orden. Por ejemplo, que aprueben con asentimientos repetidos la más que probable bajada de sueldos a los "imprescindibles" de la sanidad. Otros han puesto música, han hecho ejercicio en el balcón, han perfeccionado el uso de la pandereta o han dado salida al paquete de levadura Royal que quien más, quien menos, deja caducar en el fondo de la alacena. 

La gente salió a pasear el fin de semana.

Salimos y queremos ver los cambios de la Nueva Normalidad. No vemos caras ni corazones. Solo ojos. Suerte de los que los tienen bonitos. Vemos diferencias. Hay menos polución, se oyen los pájaros. Hay hierba creciendo asalvajada en los ladrillos. Qué descanso ha tenido el planeta. A cuánto estrés le sometemos. Cómo sufre por todos nuestros pecados. En el fondo, el virus somos nosotros, que sobramos en el planeta. “Nosotros” aquí significa “vosotros” y sobramos se lee por “sobráis”. Ningún antihumanista se suicida por la causa, es una religión curiosa. Nadie arriesga un pelo por el Fin Último. No lo critico, yo detesto arriesgar nada, pero yo solo soy un conservador con preocupaciones sociales. Un facha de puro socialdemócrata. 

Así que para algunos sensibles el cambio es ese. Pasear a la hora adecuada según tu edad y condición deportiva. Excepto si tienes un can,  que te convierte en diplomático. Pisar la hierba surgiendo de debajo del asfalto, admirar al caracol trepando el murete hasta que un mirlo se lo zampa. Qué bella es la naturaleza. Fïjate que espectáculo, su virus. Todo es naturaleza. Todos somos parte de ella. Todos seremos compost. Algunos excéntricos, unos miles, ya están en ello. Fertilizando la tierra, dando vida a unos cipreses. Curiosamente, para todos aquellos que observan ese milagro de la naturaleza volviendo por sus fueros, estos primeros sacrificados son solo una molestia amarga a la hora del aplauso. O quizá no, quizá sea parte de su plan. Un mundo con cervatillos y líquenes, un mundo sin sentido y sin moral.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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