07 de octubre de 2022
|
Buscar
FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Somos menos y más pobres

En los últimos días, como se insiste desde hace tiempo, el índice de natalidad hispano está en bajos históricos. Algún medio nos remonta al año 1941 para encontrar una situación similar. Para algunos, esta dinámica en el primer mundo está vinculada a la estrategia diseñada por los que mandan de facto, incluso hay personajes que no se cansan de repetir que somos demasiados en el planeta.

Lo curioso es que, precisamente, los países de mayor desarrollo y bienestar se toman en serio esa deriva restando, mientras otros lugares no tienen reparo en reconocer que desean seguir sumando para vencer en esa (no declarada) guerra poblacional. Hasta China, que trató de aguantar la superpoblación, ha perdido su primer puesto y busca incentivar los nacimientos al comprobar que sus habitantes envejecen demasiado.

En España llevamos tiempo restando nacidos y aumentando la edad media de nuestros mayores; entre otras razones, porque ganamos en esa carrera por la esperanza de vida. Algo tendrá que ver nuestro modo de alimentarnos o vivir y la eficiencia y eficacia de la sanidad, ejemplo de calidad para el resto del mundo.

Hay quien considera que la inmigración está compensando la falta de nacimientos autóctonos, pero la reducción de una población vetusta, en estos últimos dos años, ha tenido una variable trágica, que nuestros poderes públicos se ha empeñado en disimular.

Los poderosos grupos audiovisuales, convenientemente financiados por la publicidad institucional, han ido abandonando reproches y el conteo de muertos. Han optado por asumir unas cantidades oficiales y adormecer al pueblo olvidando muchos aspectos relacionados con la imprevisión, imprudencia, negligencia, indolencia e incompetencia, además de tantos asuntos pendientes de retribución legal. Los manipuladores de la información, estratégicamente posicionados en espacios informativos o debates, cuando apremia, se dedican a comparar sacando porcentajes parciales o incidencia por grupos de edad, pero obvian las cifras absolutas.

Somos menos en España

No es sencillo encontrar el número total de fallecidos por COVID-19 entre marzo de 2020 y agosto de 2022 en España. Esa dificultad nos aleja de cuentas cercanas a la realidad. Los que siempre han escondido información por interés partidario y rentabilidad electoral indicarán cantidades a la baja. Los que parecían transmitir realidad, últimamente parecen amordazados. Habrá quien se atreva a calcular los muertos por encima de 150.000.

Esa tremenda reducción de habitantes, añadida a la mortandad media anual, supone otra resta para considerar que somos menos en España. Y si es grave la reducción de nacidos y aumento de fallecidos, no va a la zaga el imparable aumento de coste en esos productos que suelen meterse en la cesta de la compra. También los combustibles. La inflación, como otras variables desgraciadas, está reduciendo la capacidad de una importante mayoría para seguir manteniendo sus limitados niveles de bienestar. Y esa pandemia financiera, también, afecta a los índices de natalidad.

Los jóvenes tienen serias dificultades para independizarse por falta de perspectivas laborales, limitaciones en la contratación y calidad de vida, lo que les frena en su intención de crear una familia y tener hijos. El modelo tradicional, en plena discusión, como las controversias en el nuevo modo de comportarnos afecta a la estabilidad y esa posible vocación de procrear. Además, y no es baladí, la presión social a favor del aborto y otras alternativas frente a la familia tradicional minan con eficacia la natalidad.

En los últimos tiempos, algunas orientaciones ideológicas, empeñadas en seguir sus dictados más intransigentes, están protagonizando una gran ofensiva para reducir partos, porque lo importante es recomendar el aborto sin ofrecer alternativas a tantas jóvenes, que podrían seguir con los embarazos si tuvieran ayudas y respaldo oficial. Hay mal pensados que consideran un negocio muy lucrativo ese apoyo de las prácticas abortivas. Parecen faltar iniciativas oficiales o privadas con la misma fuerza que fomenten la natalidad. No hay aspectos positivos en esta deriva social, que nos hace ser menos y más pobres.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

COMPARTIR: