09 de mayo de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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José Francisco Roldán

Los hilos de la agitación

Las multas del Estado de Alarma no se cobran.
Las multas del Estado de Alarma no se cobran.

Nos están poniendo a prueba. No sabemos muy bien quiénes, pero lo sospechamos. No valen justificaciones ni argumentos interesados en relativizar situaciones gravemente violentas. Los indolentes, que no se mojan ni bajo la lluvia, esquivan posicionarse porque temen perder en el envite. Seguro que asumirán protagonismo cuando les interese sacar rédito.

Mientras tanto, los que se dedican a la manipulación social, no hacen otra cosa que distraernos tratando de alejarnos de los temas importantes, los que son de verdad; si hace falta, crean problemas para acudir más tarde a solucionarlos, como aquellos contratados para evitar incendios forestales que prendían ramas para después sofocarlos y mantener su empleo. De algún modo, algunos de nuestros responsables sociales nos tratan como niños torpes, huérfanos de conocimiento y capacidad de reflexión. Parecen que pretenden idiotizarnos porque lo zafio y mediocre se ha puesto de moda. Y muchos no estamos por la labor de aceptarlo.

De cualquier manera, intentan que nos sintamos culpables buscando la desmoralización general y callarnos dócilmente, mientras que los elementos más agresivos de sus huestes violentas y los chorizos acaparan el protagonismo social. Fomentan el conformismo controlando la capacidad crítica de quienes no tienen la intención de dejarse manosear. No dudan en imponer normas perjudiciales, dosificándolas para impedir el estallido social en su contra. Como es evidente, van dejando para después las soluciones porque no saben o no quieren asumirlas. Para algunos cobra importancia la idea de que, curiosamente, los más poderosos del planeta interponen organizaciones filantrópicas y grupos de presión para orientar la deriva social hacia sus intereses. No parecen mostrar dudas en destruir sociedades, donde personajes que están a su servicio pretenden alcanzar el poder mediante la propaganda más rancia.

Miles de multas se quedan sin cobrar.

Unos capitalistas feroces parecen respaldar revoluciones anticapitalistas usando a los sicarios disfrazados de comunismo y anarquismo. Sin embargo, lo primero que buscan sus líderes es afianzar futuro, acomodarse y asumir posiciones de privilegio requiriendo sacrificios a los descerebrados que siguen sus consignas. Las sociedades democráticas, con carencias, deben protegerse de esa propaganda de hecho, justificada con actos de resonancia para generar repercusiones, y de ellas obtener nuevas respuestas para alimentar movimientos revolucionarios influyendo en conciencias deficitarias y desgracias sociales. Cuanta más frustración, mejor se incendian voluntades. Cualquier conflicto, por liviano que parezca, debe ser estrujado para sacarle la mayor gravedad artificial y obtener una tensión desmesurada. Y en ese punto deben salir las mayorías silenciosas para respaldar con firmeza el estado de derecho, la ley, como los instrumentos que tiene para proteger a sus ciudadanos y restablecer la normalidad cuando se vean atacados. La ley debe ser justa y justificada. La debilidad de los pacíficos no hace más que alimentar a los que pretenden romper el orden establecido. España podría estar soportando una combinación de comunismo y anarquismo que busca alterar nuestro modo de vivir.

Pero los hilos de la agitación no están tan cerca como suponemos. Cuando escuchamos gritar libertad mientras se ataca a la Policía y se destruyen bienes, parecemos regresar al comunismo libertario, que reclama libertad mediante la extorsión injusta para abolir el Estado que deseamos, donde existe gobierno, autoridad, jerarquía y control social basado en las leyes democráticas. Hablamos de delitos. No se trata de pensamiento, tampoco de opinión, que no ofende con gravedad. Estamos defendiendo el honor y la dignidad de las personas. Se trata de proteger la legalidad y respaldar con firmeza a quienes la cumplen y hacen que se cumpla. No es posible vacunarnos contra el delito sin recursos eficaces, porque en otro caso, y hemos conocidos experiencias desastrosas, los ciudadanos indefensos, acorralados por la injusticia más palmaria, podrían reaccionar en defensa de sus derechos acudiendo a la violencia. Es importante ser eficientes y bastantes para afrontar la ofensiva de ese comunismo libertario acomodado en instituciones oficiales, que detentan poder y presupuestos, empeñado en hacer la revolución. No olvidar que hay autores materiales e inductores. Para sus actos está el Código Penal.

No siempre valen las sanciones administrativas porque las multas tienen eficacia, solamente, para los que pueden pagar. La defensa del Estado de Derecho obliga a romper los hilos de la agitación.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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