20 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Gabriel Araceli

Alta traición y fuera de la ley

Esto de los Borbones es de antología. No hay, no ha habido, uno que haya terminado bien, el que no ha muerto en el exilio (Isabel II, Alfonso XIII) lo ha hecho en un manicomio (Felipe V, Fernando VI) y el que no de tuberculosis o sífilis. Pero, el final más humillante y grave de todos fue el de Alfonso XIII, o sea el abuelo de Juan Carlos, ahora sólo "desaparecido".

Don Alfonso, que previsor escribió en su "Diario" el mismo día 17 de mayo de 1902 que comenzaba su Reinado esto: "En este año me encargaré de las riendas del Estado, acto de mucha trascendenci tal y como están las cosas; porque de mi depende si ha de quedar en España la Monarquía o la República. Yo puedo ser un Rey que se llene de gloria regenerando la Patria, cuyo nombre pase a la Historia como recuerdo imperecedero de su reinado, pero también puedo ser un rey que no gobierne, que sea gobernado por sus ministros, y por fin puesto en la frontera".

¡Dios, y acertó!. Porque el 14 de abril de 1931 tuvo que salir por pies y antes de que se pusiera el sol si quería salir vivo... Sin embargo, la República, o mejor dicho los socialistas, los comunistas, los independentistas catalanes y vascos, los anarquistas (con el voto en contra de 1 monárquico, ¡¡ 1 !!) no se conformaron con echarlo al exilio, sino que encima lo declararon traidor a la patria...y fuera de la Ley como puede leerse en la sentencia que aprobaron con mayoría absolutísima las Cortes Constituyentes el 20 de noviembre de 1.931. Que dice:

"Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue Rey de España, a quien, ejercitando los poderes de su magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico de su país, y en su consecuencia, el Tribunal soberano de la Nación declara solemnemente fuera de la ley a D. Alfonso de Borbón Habsburgo Lorena. Privado de la paz jurídica, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase en el territorio nacional.

Don Alfonso de Borbón será degradado de todas sus dignidades, derechos y títulos, que no podrán ostentar legalmente ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de sus representantes elegidos para votar las nuevas normas del Estado español, le declara decaído, sin que pueda reivindicarlos jamás ni para él ni para sus sucesores.

De todos los bienes, derechos y acciones de su propiedad que se encuentren en el territorio nacional, se incautará, en su beneficio, el Estado, que dispondrá el uso más coveniente que deba darles.

Esta sentencia, que aprueba las Cortes soberanas Constituyentes, después de sancionadas por el Gobierno provisional de la república, será impresa y fijada en todos los ayuntamientos de España y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de las Naciones".

"Previa la correspondiente pregunta, fue aprobada por aclamación, dándose Vivas a la República y a España.

El Señor Presidente, puesto en pie, dio Vivas a la República y al Pueblo Español, que fueron contestados con gran entusiasmo por todos los Señores Diputados.

Eran las tres y cincuenta y cinco minutos de la madrugada del día 20 de noviembre de 1931.

Así que Don Juan Carlos no se puede quejar... aunque es verdad que esta película  aún no ha terminado...y todavía están en la Moncloa las fieras podemitas... y los monárquicos escondidos, como siempre, y esperando que un general les salve y les devuelva "lo suyo".

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