29 de enero de 2023
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Expertos

/ Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad.

Hay muchos ciudadanos que no desean olvidar. Tampoco habrá quien perdone a los responsables por error, omisión o acción durante la trágica pandemia, que nos sigue afectando. La falta de respeto de algunos representantes políticos debería ser retribuida legalmente. Quienes están alimentando esa memoria falsificada de nuestra historia en los años treinta, parecen ignorar lo que sufrió la población hace unos pocos meses. La maldita memoria selectiva, que no hace más que infectar la convivencia.

No hace falta irse tan lejos para arañar en muchas conciencias, tampoco aguantar el manoseo de eslóganes malintencionados, que se van engordando con mentiras y reproches tergiversados. Sobra sectarismo intransigente de quienes se arrogan el privilegio de enarbolar la verdad irrefutable. Para demasiada gente, cuyo luto no ha terminado, resuenan con estruendo varias declaraciones de nuestro presidente del Gobierno, ministro de Sanidad, ministra de Hacienda y el ínclito coordinador, Fernando Simón, informando que los protocolos para afrontar la pandemia estaban siendo marcados y dirigidos por un comité de expertos.

No se cansaban de repetir semejante trola. Una cara dura impresionante respaldaba esa simulación aderezada de apostura oficial. Como consecuencia de las reiteradas preguntas al respecto, el propio ministerio de Sanidad contestó al Defensor del Pueblo, vaya papelón, que ese comité de expertos nunca existió. Un clamor confirmado sin consecuencias, porque en España la mentira oficial se ha apoderado de la vida pública.

Los especialistas, como los expertos, que muestran cada día su eficacia y eficiencia, son ninguneados para dejar paso a los charlatanes, que protagonizan descaradamente la iniciativa política infectada de consecuencias, que seguimos padeciendo. No hace falta ser muy espabilado para entender que los que saben deben estar delante de la actividad profesional, porque sin ellos el estancamiento social y científico está garantizado. Los hay que esperan una investigación determinante sobre las conductas irregulares o ilegales que se han perpetrado desde el comienzo de la desastrosa experiencia. Una legión de fallecidos y efectos secundarios graves en la salud de mucha gente merecen más respeto. No podemos olvidar, porque no lo merecen.

Nuestro mercado laboral es un ejemplo de la falta de rigor y competencia de los responsables políticos, que siguen perdiendo el tiempo en alaracas y propagando absurda compitiendo en chascarrillos y cotilleos insufribles, al tiempo que faltan técnicos en la mayoría de los gremios profesionales, lo que está causando perversos efectos en el desarrollo, atención y bienestar.

Un grupo de torpes está abandonando la posibilidad de que las empresas tengan personal cualificado. Impresentables de nuevo cuño se han olvidado de proporcionar especialistas a tantas actividades esenciales para el desenvolvimiento de una sociedad, saturada de jóvenes que ni estudian ni trabajan, y tampoco desean estudiar o trabajar. Los hay que viven recogiendo una limosna oficial para entretenerse viviendo a costa, si pueden, de sus padres. Hay incompetentes obviando la capacitación de sanitarios, que se precisan urgentemente.

Los miles de muertos que superan las cifras previstas en la última secuencia anual determinan un abandono de la atención primaria, que ha desterrado a miles de enfermos, dejados a su suerte, sin control y seguimiento por sus dolencias acelerando los peores resultados. Y esos colectivos, que tienen toda la razón, siguen exigiendo que las autoridades responsables ofrezcan soluciones.

Desgraciadamente, algunos de esos prebostes oficiales están entretenidos discerniendo sobre quiénes son de extrema derecha, izquierda extrema o medio pensionistas ideológicos, que sí proporciona ingresos y prebendas. Están dejando pasar oportunidades. Existe un ministerio de Universidades donde se debería decidir cómo poner más médicos en servicio, porque estamos arriesgando la vida de los ciudadanos. Se trata de planificar más capacidad de respuesta con el fin de reparar gravísimos entuertos y prevenir mayores desastres. Y si no saben, que dejen a los expertos.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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