06 de diciembre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Javier Urra

El líder

Pedro Sánchez, presidente del gobierno.
Pedro Sánchez, presidente del gobierno.

Aunque tenga muchas razones, el líder nunca abandona cuando las cosas se ponen mal, y es que liderar es ceñirse al deber, a lo que ha de hacerse, a lo correcto, no a lo cómodo, al aplauso fácil.

Liderar exige mantenerse solo, sin el sostén populista, se precisa de coraje, de habilidades adquiridas con experiencia, de una personalidad forjada con tenacidad, de desarrollados potenciales intelectuales.

Se trata de no ser autoindulgente, de no posar para una radiografía, de saber decir: “No sé”, de no juzgar si no conoce todos los hechos y ha escuchado las distintas versiones.

Su posición ante los homenajes debe ser como la de Orson Wells en sus últimos años, cobraba. No debe llevar gafas para dar impresión de intelectual, pues no aporta cultura.

No puede ser una persona crónicamente insatisfecha, ni seguir unida a un partido político, a una asociación, a una empresa, por puro rencor, ni desear cambiar su fortuna jugando a la lotería, ni no tener un puesto profesional al que volver, ni aceptar regalos, ni quedarse como invitado en casa de nadie, ni asumir desde el conformismo la “obediencia debida”.

Debe huir de las frases ingeniosas, lucir en los días grises de bruma, lluviosos. Ser convincente, creíble. Ha de anticipar. Debe poseer carisma y una mirada poliédrica para ver el mundo que le rodea más allá del movimiento, de las conductas, debe captar motivaciones, sentimientos, lo no dicho en las encuestas, en los sondeos.

Pedro Sánchez de pie en el Congreso de los Diputados.

Un líder ha de ser vocacional, apasionado por su trabajo y contar con un magnífico talento: el sentido del humor. Rodearse de los mejores, lo que presupone buenas personas. Gustar de argumentar, de entender que la posesión de la verdad es un espejismo propiciado por los más necios.

No debe buscar alcanzar el éxito, sino crear una obra compartida. Reconocer sus limitaciones, propiciar la humildad. Ser querido, no temido.

El líder sabe comunicar, compartir la experiencia humana, gusta de la soledad que permite el intercambio con los otros, rehúye la pereza cognitiva, aviva el vínculo, el apego.

Aprecia la solidaridad, fomenta las conductas de ayuda. Potencia la responsabilidad individual. Un buen líder sabe identificar los problemas y dar respuesta con presteza. No cabe la mediocridad, la confusión e incoherencia.

Debe ponderar la información que recibe, entender que la salud incluye lo biológico, lo social y lo psicológico.

Se apoya en la fortaleza de su espíritu, con sentido de futuro, desde la serenidad, la asertividad, la resolución de conflictos, mantiene un delicado equilibrio entre tiempo y voluntad.

Gusta de la belleza, de la cultura, de la armonía del ser, cuenta con un propósito de vida. Es consciente de la capacidad que posee para superar circunstancias difíciles, y aun traumáticas.

Ha aprendido desde una personalidad resistente y una gran capacidad para reinventarse a gestionar la espera, la tolerancia a la frustración. El líder se adorna de flexibilidad, nunca se deja atrapar por la apatía, desgana, falta de motivación.

Mujer u hombre, quien ostenta liderazgo conjuga el idealismo con la realidad, sabe aceptar y relativizar, sonríe, es perseverante, hace acopio de sabiduría, adopta el autocontrol, y siempre siempre, anticipa.

Demanda el esfuerzo de cooperación y asume la responsabilidad de los fracasos.

Javier Urra, doctor en Psicología y en Ciencias de la Salud y académico de Número de la Academia de Psicología de España.

 

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