01 de junio de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Juan Munguira

La poliédrica ilusión de la riqueza en la construcción europea

Sede del Banco Central Europeo.
Sede del Banco Central Europeo.

“El que consigue la libertad, casi nunca sabe que hacer con ella”.

En nuestras sociedades se había camuflado la titularidad de la riqueza con la posibilidad de acceso al crédito. No éramos tan prósperos como nos hicieron creer, se trataba más bien de una ilusión de la riqueza. Se prosperaba gracias al crédito y no a la renta. Existía la posibilidad de endeudarse, de pedir prestamos y ahora se encuentran con la realidad de los hechos, las deudas superan a los ingresos.

La política del Banco Central Europeo con su política expansiva cuantitativa generó un escenario novedoso, los denominados tipos negativos, con la intención de que los depositantes tuvieran menos incentivos para acumular liquidez en los depósitos bancarios e invirtiesen en activos productivos. Nos estábamos acostumbrando a algo sorprendente, pagar por prestar dinero. En suma, pagar porque la banca o los tesoros nacionales guardasen nuestro dinero.

El peligro para algunos países afectados por esta crisis sanitaria, es que el dinero intuya los problemas y prefiera refugiarse en tesoros de países solventes como Alemania, Suiza o Estados Unidos, incluso sin obtener rentabilidad alguna o pagando por dichos servicios. El dinero es cauteloso, tiene ruedas y está asustado ante las consecuencias de esta pandemia imprevisible.

El endeudamiento público se venía edulcorando con la compra masiva de deuda soberana por parte del Banco Central Europeo. España pagó en el año 2019, ochenta mil millones de euros menos en intereses que en el año 2009. Las decisiones del Banco Central Europeo ayudaron a equilibrar las cuentas públicas. Los tipos de interés real -descontada la inflación-, eran negativos o cercanos a cero en la mayoría de las deudas soberanas de la Eurozona. La respiración era artificial y estaba asistida por anabolizantes.

La pandemia actual va a generar una nueva compra masiva de deuda pública y privada por parte del Banco Central Europeo, un torbellino de estímulos, con una probabilidad cierta de que los bonos europeos reflejen al alza los tipos de interés existentes. Estados Unidos ha dejado intuir que va a emitir los denominados “corona bonos”, espoleado por la demanda creciente de su moneda. El bono norteamericano es el más solicitado por esta crisis sanitaria.

La sede del BCE.

Los países occidentales hemos desarrollado escuelas de pensamiento sobre la autoridad intelectual que otorga la realidad de los hechos. Un problema añadido de esta crisis financiera, puede derivar del sometimiento de las estructuras de pensamiento económicas al escrutinio y debate público, incorporando la tensión ideológica al debate financiero existente. Existen aproximaciones como el “capitalismo de estado chino” o el “desarrollo económico con inclusión social” de algunas latitudes latinoamericanas, que pueden ser utilizadas para aprovechar y ocupar espacios ideológicos de conformidad con la teoría de los vasos comunicantes.

La coacción de la exposición explota lo visible, no pregunta más allá de eso, demanda la necesidad permanente de bienestar general y de crecimiento continuado. Las crisis financieras cuestionan estas premisas, lo que puede ser aprovechado por ciertas corrientes de pensamiento, para magnificar el valor de lo material en detrimento de valores inherentes al ser humano, como la libertad ideológica, religiosa o de emprendimiento. La falta de protección a la propiedad privada suele ocupar su repertorio.

Las medidas europeas adoptadas para afrontar esta crisis poliédrica deben consolidar el sueño de una Europa unida. Europa ya venía atravesando problemas, como la transición del diésel en Alemania, la política presupuestaria en Italia, la guerra comercial, la sostenibilidad, las debilidades macroeconómicas o el Brexit. Esta crisis agudiza las carencias existentes.

El Eurogrupo ha acordado un paquete de medio billón de euros de ayudas que van a ser monitorizadas por el Banco Europeo de Inversiones, el Mecanismo Europeo de Estabilidad y la Comisión Europea. Se ha avanzado hacia la meta, pero no se ha conseguido el objetivo último anhelado, la responsabilidad solidaria en la emisión de la deuda europea. El miedo a una ola de euroescepticismo en el Norte de Europa, como ya ocurrió con la crisis griega, de momento lo obstaculiza.

Las reticencias existentes aconsejan gradualidad en el proceso de integración, por lo que la reconstrucción de Europa se podría estructurar en tres fases bien diferenciadas:

  1. a) La convergencia fiscal, con una cesión sustancial de competencias, supervisando que los excesos de los pródigos no sean pagados por los virtuosos.
  2. b) El establecimiento de un fondo monetario europeo. Un bono europeo, en el que cada país responda de su parte alíquota de la deuda. Se trataría de bonos europeos mancomunados, una opción menos europeísta que los bonos solidarios, pero un paso adelante. Existe un precedente histórico, cuando las trece colonias americanas mutualizaron su deuda para financiar la guerra de la independencia.
  3. c) La emisión de obligaciones solidarias, con la configuración del Banco Central Europeo como prestamista de última instancia.

La consecución del objetivo final no significará una libertad financiera absoluta de los países afectados. Todo lo contrario, cualquier acción mancomunada o solidaria implicará mayor rigor, disciplina y control de las cuentas públicas. Los pródigos o los dogmáticos tendrán menos oportunidades. Esperemos que se no se haga realidad que “el que consigue la libertad casi nunca sabe que hacer con ella”.

Juan Munguira es profesor de los mercados financieros

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