20 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

La invitada

Cayetana Álvarez de Toledo.
Cayetana Álvarez de Toledo.

El feminismo político es solo una fachada, la realidad social confirma los peores prejucios y las peores estereotipias sexistas. Como la planchadora del Árbol de la Ciencia de Pio Baroja, quienes no tienen nada solo pueden ofrecer su virgo, para ese otro reducido resto no existen diferencias entre ser puta de burdel, amante de hombre rico y poderoso, o amante de monarca. Pero existen, en lo de ser amante siempre ha habido clases. Que la promoción política de Irene Montero sea la propia de ser consorte de un líder contrasta con la biografía de Cayetana Alvarez de Toledo.

El PP prefiere a una mujer de maneras autoritarias como Cuca Gamarra, pero tan simple como tenaz en poner voz femenina a quien le dicta el discurso, a una mujer sabia que aprecia que la política no conoce fronteras entre cultura, economía y libertad. Cayetana no es simplemente una mujer de raza, lo peor para la farsa es que representa el destino de una mujer sabia que odia la adulación y rechaza esa cohorte de turiferarios tan leales como ignorantes y mediocres que rodean al líder. Cayetana despierta el repudio generalizado de los cobardes y el silencio de los corderos.

Quienes se atribuyen la representación del partido son precisamente quienes carecen de voz en él, salvo para aplaudir. Resultaría mas barato atribuir al lider diputados virtuales, y no lacayos del pupitre sin voz pero con voto ajeno. Nadie que les conoce pueden pedirle a Egea y González-Terol, investidos por autoridad ajena, algo mas que ser dos flagrantes manifestaciones de autismo político. Bien se conoce que los machos alfa prefieren mujeres sin formación, mejor con brillo aparente, que mujeres capaces de pensar por sí mismas y tener un discurso que no entra al juego miserable de los partidos, transfigurados por voluntad del César ¡Y la Constitución declara que los partidos tienes que ser democráticos!

Cayetana se ha mostrado superior en todo lo que ha dicho y sentido y seguirá siendo portavoz de una mayoría de españoles que no en pocos casos han sentido esa bocanada de aire fresco. Y han aprendido la lección y van a repensar sus decisiones. Cayetana ha sido la poesía del verbo político, un martillo de altas expresiones que desde el pupitre de la asamblea ha demostrado que la alumna era mejor que el resto de profesores.

Nunca en los últimos periodos de sesiones hemos disfrutado tanto con el verbo hecho carne en una persona de apariencia tan estilizada como los dardos de sus palabras, surcando el denso aire de la mediocridad política. Cayetana permanece como la mejor de las mejores, frente al peor de los peores, Ni Casado es Rajoy y mucho menos Aznar. A este efímero presidente pepero le queda solo el recorrido de despeñarse por el precipicio de su falta de fuerza. Al revés, anda al revés, un paso adelante y dos para atrás para terminar cayendo de espaldas, mientras intenta hacerse un "selfi", en el famoso acantilado australiano de Diamond Bay.

La diputada Álvarez de Toledo.

No existe retorno al pasado, el pasado ha molido todo el trigo que caía por la tolva y ahora la muela sola, no gira sin el agua turbia, rápida que atropellaba las aspas del destino político del país. Un país sin pan, como en los mejores tiempos del neorrealismo de la posguerra. Un país, por decirlo de una manera parecida a lo que otros podrían llamar patria, que nunca fue nación. Cayetana devolvió los orígenes, siendo fruto de esa diáspora del pasado. España por ser imperio dejó de ser patria y sus hijos, que quisieron volver, fueron rechazados por ser ahora apátridas.

Que vil venganza, que bajeza tan ruin, que hipócrita decisión la de Pablo Casado, el escupidor de las aceitunas, la amansadora de rebaños de esas ovejas mansas de un partido popular lleno de un potpurrí de barones, investidos de una nobleza por posición, la misma de la que carecen. A Cayetana le sobran los títulos, aporta titulares por si misma, tiene razones para argumentar, suficientes, dignas, honradas hasta la saciedad.

Una mujer, sobre todo una mujer, con la cultura necesaria para hacer frente a este periodo oscuro y tenebroso, donde impera la necedad del ser, ya ni siquiera esa levedad que nos permite levitar en la vida. Cayetana es magnética para los hombres de hierro, para todos los donjuanes españoles que aspiran a devolver la pelota de oro a los infantes. Pero la política carece de hombres de hierro.

Como una guerrera, amazona, emprendió una batalla, cultural, política, social, no dejó títeres con cabeza, avasalló con su ejército retórico las bancadas de los enemigos de la España taciturna, de los espejos deformantes donde los políticos se miran, creyéndose bellos, creyéndose hombres. Una mujer como muchas mujeres desean ser, lista, fuerte, poderosa, sin deudas por cuota, por sí misma.

Al pepé le quedan pocos pablos de vida. Nadie, jamás ha cometido semejante tropelía de apartar la razón, la lógica y el pensamiento salvo cuando la mediocridad de unos argumentos mendaces han servido de ágape para la prensa. Esos convidados pagados con el oro de los gobiernos.

Cayetana sigue viva y vivamente la queremos en la política, en el frente de batalla para doblegar a los ejércitos que nos han traído la peste, la pobreza y el hambre. Aquí yace el pasado, sea bienvenido el futuro. Ahora el paisaje dibuja la calma que precede a la tempestad. Cayetana es para el largo recorrido. Entretanto, soportamos a los efímeros. 

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