08 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

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Eva Milla

Carta de Navidad a nuestros hijos

Hay que entretener a los niños en Navidad.
Hay que entretener a los niños en Navidad.

Queridos hijos, nunca antes la vida ha sido tan intensamente vivida. Nunca antes ha habido un paradigma social que os hubiera permitido vivir tan protegidos como lo estáis ahora. No ha habido ninguna época en la historia donde se haya tenido tantas oportunidades de desarrollo, información y crecimiento personal como la actual. Al menos en este nuestro Occidente los jóvenes vivís sin miedo, sin necesidades y con oportunidades de aprendizaje constantes.

Nuestra generación ha intentado que viváis con calidad de vida y rodeados de afecto desde vuestro nacimiento. Enseñaros que vivir es un asunto urgente y que vida solo hay una. Ninguna época disfruto de la comodidad de la actual, ni hambre, ni frio, ni incertidumbre, ni guerra. Lo hemos fabricado todo para que vosotros seáis felices y podáis disfrutar de una vida sin apuros, sin frustraciones, sin desprotección.

Pero nos hemos quedado lejos de conseguirlo, porque con nuestra perdida de autoridad hemos perdido la oportunidad de protegeros de verdad, o al menos no hemos conseguido enseñaros el valor de elegir de manera adecuada, la reflexión necesaria para tomar decisiones, la seguridad para vivir y explorar el mundo con libertad. La forma de conseguir las cosas sin exigirlas, sin tener ganados todos los derechos por el hecho de haber nacido.

No soportamos que vosotros no nos queráis, fallaros emocionalmente, sentir que somos la causa de vuestra frustración. Este es nuestro mayor defecto. Consentíroslo todo porque no sufráis, porque no os veáis diferentes, porque vuestra autoestima no se hunda. Y así os hemos desprotegido y os hemos lanzado a un mundo real, un mundo de feroz competencia, con leyes reales donde los delitos tienen sus precios y los malos actos sus consecuencias. Y así salís al mundo, protegidos y creyendo que lo sabéis todo pero inconscientemente expuestos, extremadamente rendidos al capricho.

Hemos sabido crear un mundo de comunicación constante, y os hemos proporcionado los aparatos y las herramientas para que siempre estéis acompañados o vigilados, pero lo que hemos conseguido es que estéis más aislados que nunca, menos socialmente conectados, más superfluamente interrelacionados. No os comunicáis desde el afecto, sino desde la necesidad. Quiero esto y necesito lo otro. “Dónde estás mamá que he llegado a casa y tengo hambre o necesito dinero”, y mamá o papá se vuelven de la reunión de turno o desde donde sea necesario para que mi pequeño no sienta que le fallo, o que no sufra por ser el único que no lleva el dinero”.

Hemos de aportar seguridad


Los padres hemos tratado de aportar seguridad estando ahí siempre, escuchando, entendiendo, aceptando, más allá de todo lo entendible para nuestras cabezas, mentes de otra generación; el tatuaje, la novia, los amigos, las fiestas, los gastos, los estudios, los viajes. ¡Qué nada falte ¡, el último IPhone, lo último en Play, el coche más chulo, la ropa de marca, cenar con la novia en casa o incluso acostarte con ella, en mi casa, es posible, no sea que me vayas a echar en cara que no te entiendo, que no te respeto o que a tu amigo le dejan porque tiene padres más modernos.

En muchas ocasiones no comprendemos, pero aceptamos sin discutir y consentimos porque os queremos. Qué forma más extraña de querer es esta que hace que compremos vuestro cariño. Somos muy culpables de vuestros fracasos, porque los tapamos y compensamos para que no los sufráis, con el objetivo de ser los mejores padres.

No hemos acertado. No hemos conseguido que entendáis que todo no vale. Que no se puede consumir droga de forma normalizada, ni puntualmente el día de vuestro cumpleaños, que la ley del alcohol está puesta para protegeros y no para fastidiaros la fiesta, que estudiar y perseverar en un objetivo forma parte del valor de las personas y no son castigos del estado, que salir por la noche antes de tener la edad para hacerlo os pone en riesgos vitales innecesarios, y que cuidar de la abuela lejos de ser una fea obligación te hace mejor persona y mejora tus contactos emocionales con el mundo.

A veces no hemos sabido hacer que entendáis que no podéis divertiros sexualmente a costa de otras personas, que el capricho no puede estar por encima del respeto a los demás, que las mujeres y hombres deben entenderse y no maltratarse. Quizá no hemos sido un ejemplo adecuado y hemos descuidado lo que era realmente importante.

Os queremos sin límite. No dormimos pensando que podáis estar pasando un mal momento y no estemos ahí para escucharlo. Os hemos convertido en analfabetos emocionales tratando de que fuerais los mejores gestores de vuestras propias emociones. Nos hemos empeñado en daros todas las respuestas sin que hayáis llegado a haceros las preguntas, “no te preocupes porque Fulanito no te haya invitado a su cumpleaños, no lo necesitas, ya harás el tuyo y tu fiesta será más grande”, cuando ni siquiera habías reparado en que no estabas invitado, por si acaso lo estás pasando mal, por si no te das cuenta de que quizá sufres. Objetivo, ser vuestros mejores amigos, sin parecerlo”.

Está claro que no hemos sabido hacer que cuando estéis lejos de nosotros, estéis seguros con vuestras acciones. Cada día más problemas con vuestras parejas, cada día más problemas de adicción, cada día más fracaso adulto que ha partido de una infancia y una adolescencia protegida en exceso a la par que juzgada. Hemos juzgado sin mesura vuestras malas acciones. Hemos reprochado hasta la saciedad lo que nos ha parecido que no era de rigor, “eres una mala persona cuando no haces esto o aquello”, “no salgas así pintada que pareces una …..”, “qué van a pensar los vecinos si te ven con aquel chico”, “eres un desastre porque no apruebas “ ó “qué decepción, yo no quería criarte como eres”.

Os hemos chillado

Hemos chillado y os hemos recordado en demasiadas ocasiones lo malas personas que sois para al minuto siguiente haceros el mejor de los regalos aun acosta de pasar necesidad nosotros. Así os hemos vuelto locos. Esta ha sido la forma de enseñaros, polarizada en el bien y el mal y con los colores intermedios alterados, esto que ayer no valía, es posible hoy. Lo que ayer te prohibí hoy lo puedes hacer. Lo que habíamos quedado en conseguir, ya no es tan importante porque la emoción de hacerlo ha cambiado en un minuto por alguna moda que los padres apoyamos, y de esta forma os hemos enseñado a vivir en el subidón de las emociones habituales, sin enseñaros a aceptar la cotidianidad.

Desde aquí reflexionamos y nos planteamos nuestros errores. Os pedimos perdón por ellos y de nuevo os mal educamos y os exculpamos de vuestra responsabilidad. Mi generación está perdida en el camino de la educación y vosotros, nuestros hijos, pagáis las consecuencias de nuestro suspenso como padres.

Cuando os equivocáis producto de esa educación ambigua que recibís, os encontráis con condenas como la de Aranda, muertes a manos de los novios o de la novias o de las novias o novios de vuestros ex, embarazos no deseados, multas por consumos en la calle, fracasos laborares por exceso de derechos, relaciones de pareja donde los afectos están cada vez peor gestionados, violencia bilateral, acoso escolar, diversiones grupales donde los excesos de droga y alcohol os pasan facturas de salud importantes, trastornos crecientes y mucha incertidumbre creada sobre la seguridad de nuestro amor.

Arreglarlo ahora es difícil, porque la solución pasa por cambiar generacionalmente la conciencia, recuperar la coherencia en nuestras acciones de padres, lo que pasa por entender que para que vosotros seáis felices, es necesario sufrir, llorar, sentir fracaso, odiarnos de vez en cuando, no conseguir lo que queréis siempre, no estar siempre pendiente de lo que sentís y lo más importante de todo, que seamos capaces de transmitiros la solidaridad necesaria para sentir que formáis parte de un engranaje superior que debe actuar en conjunto para tener logros sociales o individuales.

Queridos hijos, solo vosotros podéis arreglar esto. Sólo vosotros podéis recapacitar sobre lo recibido y ponerlo en valor salvando lo bueno y desechando lo malo. Intentar que algún día podáis escribir una carta como esta y que en ella reflejéis con orgullo el logro de la educación sobre vuestros hijos.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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