01 de junio de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Juan Munguira

La situación económica producto del coronavirus

La Bolsa de Madrid.
La Bolsa de Madrid.

El legislador en tiempos convulsos debiera recordar que la innovación relativa lleva al triunfo mientras que la innovación absoluta conduce al fracaso.

Jardiel Poncela decía que el forzoso descanso de los domingos es abrumador; pero existe un medio de huir al aburrimiento de los domingos: no trabajar en toda la semana.

El Gobierno de Italia y España entre otros muchos países, parece que han tomado en serio el sentido literal de estas palabras al decretar el cese de la actividad económica. Ironías al margen, en España el cese de la actividad será en principio de una semana, contra el criterio de algunos presidentes autonómicos que invocaban la singularidad de sus sectores industriales para suavizar el cese de la actividad decretada.

La crisis del coronavirus ha desvelado ciertas deficiencias en el engranaje de la Unión Europea. Existen instituciones creadas ad hoc para cristalizar el espíritu de integración europea, pero en los momentos de incertidumbre, el espíritu y los intereses nacionales prevalecen sobre el espíritu de solidaridad europea.

El Tratado de Maastricht pretendió apuntalar la integración de la Unión Europea y su gobernanza institucional tratando de evitar lo que desafortunadamente se refleja en esta crisis sanitaria, un conjunto de Estados confederados con intereses económicos políticos y sociales muy distanciados.

El modelo económico chino se ha sustentado en las últimas décadas en un crecimiento progresivo de sus exportaciones, especialmente a Europa y USA, lo que coincide en el tiempo con el desmantelamiento de importantes sectores industriales de estos países. Ello supone no solo un incremento añadido del déficit comercial de los países destinatarios de estas exportaciones, sino también una disminución del empleo y de la capacidad adquisitiva de sus salarios. Ante este panorama, una perturbación grave como la actual pudiera provocar una recesión económica no deseable.

En la previsible situación de crisis económica producto de esta crisis sanitaria, en la que los ingresos públicos se van a reducir al menos temporal y coyunturalmente, con la correlativa aparición de un déficit público imprevisto, el incremento del gasto público no va a priorizar dinamizar la economía y la creación de riqueza, sino que los nuevos desempleados perciban las prestaciones sociales y de cobertura.

La Bolsa de Nueva york.

Algunos Estados pueden tener graves dificultades para financiarlo con deuda pública, lo que generaría la necesidad de monetizar la parte de esa deuda que no es posible colocar razonablemente en el mercado, lo que puede proyectar ciertas dosis de inseguridad sobre su capacidad de pago

Otro dato inquietante, ante el más que posible incremento simultáneo de las emisiones y colocaciones de deuda pública por parte de los países afectados por esta crisis sanitaria, es el montante total de la nueva deuda pública emitida, con las dificultades añadidas para obtener colocaciones con costes asumibles por los emisores.

Desde una perspectiva fiscal, la mayoría de las economías avanzadas tienen mayores déficit y deuda pública que en la anterior crisis financiera global, lo que estrecha la posibilidad de nuevos estímulos fiscales. En Europa, sin embargo, el Banco Central Europeo ha desplegado toda su artillería tratando de drenar de liquidez a los bancos europeos, para que puedan financiar al tejido productivo, especialmente a las pequeñas y medianas empresas.

El Real Decreto de medidas económicas aprobado por el Gobierno español, con toda su mejor intención, ha aprobado una dotación de 100 mil millones a través de avales. En el primer tramo de veinte mil millones, el 50% se reserva para garantizar y avalar préstamos de autónomos y pymes. Sin prejuzgar la benevolencia de esta medida, pudiera haber sido más oportuno dotar de líneas de liquidez a las pymes para que no desaparezcan por la falta de capital circulante.

La crisis sanitaria que estamos atravesando en Europa supone un tránsito desde una política de finalización de los programas de liquidez extraordinaria al inicio de una política monetaria más expansiva, lo que colateralmente puede generar una política de intereses negativos. La senda de los intereses negativos incentiva que los bancos incrementen la financiación del tejido productivo, al existir una relación directa entre lo que los bancos cobran por sus depósitos y el aumento de los préstamos que otorgan a las empresas, ya que ha disminuido el costo de financiación para las entidades financieras.

Sin perjuicio de ello, lo cierto es que la existencia de demanda solvente de crédito sigue siendo determinante, ya que las entidades financieras tienen que cumplir con los requisitos de supervisión prudencial y los requerimientos de capital establecidos en Basilea II y III.

La crisis sanitaria no debe hacernos olvidar que los efectos de la prosperidad industrial y económica es consecuencia natural de que los seres humanos somos libres y distintos. El maravilloso valor del emprendimiento debe orientar a nuestros dirigentes en su difícil labor de liderazgo, preservando derechos básicos como la propiedad privada, la libertad de creación, la sostenibilidad y los derechos de los trabajadores. Amancio Ortega y José Ignacio Sánchez Galán son un gran ejemplo de ello.

El legislador en tiempos convulsos debiera recordar que la innovación relativa lleva al triunfo mientras que la innovación absoluta conduce al fracaso.

*Juan Munguira es Profesor de los Mercados Financieros.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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