21 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Pilar Redondo

Hacia la inmortalidad... De Romero de Torres a Romero del Rosal

Rafael Romero, Pilar Redondo y Jose Maria Palencia en la exposición.
Rafael Romero, Pilar Redondo y Jose Maria Palencia en la exposición.

Un patio es una obra de arte, conjunción de belleza y colorido.

Muchos de estos, como el de Julio Romero de Torres han servido de inspiración para escritores, músicos, fotógrafos, cineastas y pintores, como Rafael Romero del Rosal, que es un acuarelista de reconocido prestigio.

Su obra pictórica es muy variada, paisajes, bodegones, figuras religiosas, etc.

Un buen pintor no sólo debe ver lo que va a  pintar, debe sentirlo, y Romero del Rosal lo hace con intensidad, lo avala una fructífera trayectoria.

La exposición que nos presenta está compuesta de 23 obras en tonos ocres y pastel.

La niña de los limones, Dora la Cordobesita, y el resto recrea los múltiples rincones del patio de la familia Romero de Torres.

La pintura es un dialecto universal y sirviéndose de él, en cada cuadro Rafael agarra la vida con vehemencia, atrapándola para siempre y ofreciéndonos la eternidad.

Su trazo nítido y el tratamiento de los colores hacen de los cuadros de Rafael que sean merecedores del calificativo de portentosos.

En esta exposición, en la mayoría de los trabajos desarrolla la gama de los ocres, entre ellos: tierra de sombra tostada, tierra de sierra tostada, ocre amarillo y ocre d´or.

Su pincel docto, erudito y virtuoso hacen que el resultado sea impecable.

Sus cuadros hablan por sí solos.

Su trayectoria lo coloca en un destacada lugar del mapa pictórico.

En esta exposición, su proyecto está perfectamente definido en clave contemporánea, haciendo que cada cuadro narre una historia diferente, pero todas ellas albergan el alma del propietario de esa casa, Julio Romero de Torres.

Al observar la obra de Rafael es casi imposible no sentir un latigazo interior y que te vibre hasta las entrañas.

En los patios de Romero del Rosal la luz establece su morada.

Es maravilloso el realismo con que plasma los suelos, solerías.

En algunos de los cuadros cuando la noche hace acto de presencia a las flores lactantes se les detiene el pulso, muriendo por unos instantes, entrando en un profundo diálogo con Julio, seduciéndolo.

En todos ellos estalla la supervivencia, dándole voz al silencio que grita, cincelando el tiempo, que despacio se desnuda, sin pudor.

La luna descalza se desangra, desbordando su pureza sobre la esencia de unos acordes de guitarra, que de madrugada parecen habitar cada milímetro de este patio.

En muchos de estos rincones las sombras amamantan al recuerdo, que se convierte en invicto, imperecedero, inmortal.

Las rejas desvestidas son mudos testigos de la risa, el llanto, el dolor, la pasión, el delirio, el amor...

El agua pierde la virginidad jurando que sus labios están sellados, y las promesas y secretos a salvo. 

En cada cuadro de esta exposición, la verdad y la mentira tallan a medida sobre el pavimento las huellas de María Teresa, Fuensanta, Amalia, Rosarillo...

La sangre fluye por las arterias de cada obra, dando vida a cada partícula.

La exposición fue presentada por Don José María Palencia Cerezo, Director del Museo de Bellas Artes de Córdoba.

Agradecer a Rafael Romero del Rosal, que contara conmigo y mi modesto trabajo para su presentación.

De esta exposición, la Diputación de Córdoba ha editado un bello catálogo.

"La pintura es poesía muda; la poesía pintura ciega." (Leonardo Da Vinci)


Pilar Redondo. Escritora. Córdoba.  

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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