01 de agosto de 2021
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

Julio Merino

Carta de Luciano Bonaparte a su hermano Napoleón, desde Madrid

“¡A qué país me has mandado!...Hermano, este país está descompuesto, arruinado y hundido, por lo que he podido indagar hasta ahora”

La Historia de España es la Historia de una montaña Rusa, ya que a veces se sube al Palacio  más grande y hace un Imperio donde no se pone el Sol y a veces baja a las cabañas más pobres, como en 1800 se humilla al francés, o se deshace en Guerras Civiles salvajes e inútiles. Desgraciadamente,  son más los momentos de ruina y miseria que los brillantes y poderosos. Hoy les traigo aquí una de las escenas que mejor definen lo que digo. La carta que Luciano Bonaparte, el hermano de Napoleón, siendo Embajador de Francia en España, le escribe desde Madrid.

Luciano Bonaparte fue quizás el más listo y el más político de los hermanos de Napoleón. En total fueron ocho los hijos del matrimonio italiano afincado en Córcega los que durante 15 años se enseñorearon de Europa: José, que sería Rey de Nápoles y de España; Napoleón, que sería Emperador de los franceses; Luciano, que sería Ministro, Embajador y Príncipe de Canino; Elisa, que sería Princesa de Lucca; Luis, que sería Rey de Holanda; Paulina, que sería Princesa de Borghese; Carolina, que sería Reina de Nápoles y Jerónimo, que sería Rey de Westfalia.

Luciano fue más que un hermano. Luciano fue el que le dio el Imperio a Napoleón aquel "18 Brumario" (calendario de la Revolución) o 9 de noviembre (según el calendario occidental) de 1799, porque aquel día del "Golpe de Estado" (Napoleón siempre negó que "aquello" fuese un Golpe de Estado) si no llega a ser el Presidente de los QUINIENTOS (digamos el Congreso de los Diputados) y se pone de parte de su hermano cuando ya había sido declarado "fuera de la Ley", el más tarde Emperador hubiese sido guillotinado o fusilado sin más.

Un año y tres meses estuvo Luciano de Embajador en Madrid (noviembre de 1800-febrero de 1802) y hay que decir que en ese tiempo amasó una inmensa fortuna en oro, una colección de Arte y las mejores joyas de la Corona.

J

Luciano llegó a Madrid un día frio y lluvioso cuando tenía 25 años y estaba viudo de su primera mujer. ¿Y qué España y qué Madrid encontró?

Leamos el “Confidencial” que le envía a mediados de diciembre, nada más llegar a su hermano.

"Al Primer Cónsul, mi querido hermano. ¡A qué país me has mandado! (Luciano y Paulina fueron los únicos hermanos que siempre se dirigieron a él sin protocolos ni títulos). Lo primero que puedo decirte es que después de un viaje muy accidentado llegué a Madrid casi como mi madre me trajo al mundo, ya que al cruzar la Sierra que rodea la capital, por el paso que llaman de Somosierra, mi vehículo y los que me acompañaban, y hasta la escolta, fuimos asaltados por un numeroso grupo de bandoleros que nos robaron todo. Solo nos dejaron el traje puesto y, de casualidad, los caballos.

Hermano, este país está descompuesto, arruinado y hundido, por lo que he podido indagar hasta ahora.

He salido algunas noches, para orientarme y ver con mis propios ojos (los madrileños viven más de noche que de día) y todavía no he digerido mi sorpresa. La depravación de las costumbres aterra. El amor sodomita y el amor sádico, la prostitución descarada y el desorden general me han recordado los años previos a la Revolución del 89.

En Madrid, los nuevos ricos -agiotistas, proveedores, especuladores-disfrazados de no sé qué pasean del brazo a sus amantes con vestidos transparentes o modales varoniles, y humillan con sus lujos y sus alardes prepotentes a los que solo pueden malcomer de tarde en tarde.

Es una sociedad -te lo aseguro- descompuesta, donde la fornicación, el adulterio, el crimen, el incesto, la desvergüenza, son una terrible realidad. Es el desorden y la anarquía moral. ¡Y yo que creía que España era la nación más católica del mundo!

Me dicen que aquí solo están bien organizados los bandidos, los salteadores de caminos, los ladrones, los desvalijadores de correos, los estafadores, los timadores, los criminales... pero, para robar o matar. La rapiña se ha erigido en soberana absoluta. Las calles están llenas de pobres, todo el mundo pide limosna hasta en la puerta de las iglesias y los palacios. Nunca había visto nada igual.

¿Y la Nobleza?

En los días que llevo aquí ya he tenido que asistir a varias cenas y muchas fiestas, en Palacios más lujosos que los de París... ríete tú del Luxemburgo, de la Malmaison, incluso de las Tullerías. El vestido de una Dama es más un escaparate de joyas que algo para resaltar la belleza.

Anoche mismo estuve en una cena con fiestas que los duques de Osuna organizaron en mi honor (¡ser hermano del "grande" hombre de Francia, como ellos dicen, me está abriendo todas las puertas!) y te aseguro que todavía no he terminado de anotar los títulos de la Señora Duquesa(porcierto, ¡guapísima!),porque la Señora además de duquesa de Osuna por matrimonio, es por derecho propio Condesa­duquesa de Benavente, duquesa de Béjar, duquesa de Mandas, duquesa de Plasencia, duquesa de Arcos, de Gandía y de Mallorga. Princesa de Anglona y de Esquilace. Marquesa de Lombay y de Jabalquinto. ¡Oh!

A la otra Duquesa Grande, la de Alba, todavía no he tenido el gusto de conocerla. Al parecer está muy enferma. Sí he conocido ya a los Duques del Infantado y a los de Medina­Sidonia. ¡Qué personajes!

España es de ellos, de unas cuantas familias, entrelazadas y familiares, que se reparten las tierras, los pueblos, los Castillos, los Palacios, las provincias, los ríos y hasta las costas. Esto es la Edad Media.

¿Y la familia Real?

Ya sé que por ellos debiera haber comenzado este informe, pero ellos son la cúspide de esta pirámide que es España. Curiosamente una pirámide cuya base es la pobreza y el hambre y va subiendo del oro a los diamantes. Pues, allí, arriba del todo, casi tocando el cielo, están los Reyes y su familia ... ¡Y el famoso guardia de Corps, don Manuel Godoy!

Por ser estas mis primeras impresiones voy a ser breve a la hora de presentarte a los "personajes".

Carlos IV es como un retrato, un doble, de Luis XVI, un pobre hombre que solo piensa en la caza yen vivir bien y tranquilo. No quiere problemas y le molesta pensar. Él mismo me dijo, cuando Godoy me llevó a la presentación de rigor, lo siguiente:

"Señor Embajador, quiero que transmitáis al Primer Cónsul que soy un admirador suyo desde la campaña de Italia, la campaña de Egipto y la gran batalla de Marengo... desgraciadamente para mí yo soy todo lo contrario, un hombre pacífico que no quiere problemas y que solo ama la caza. Soy antes que Rey un buen cazador.

Majestad -le respondí-,antes que nada y a petición del Primer Cónsul, le transmito su agradecimiento por los 16 espléndidos caballos que S.M. le envió para celebrar la batalla de Marengo. En honor de S.M. le ha puesto ese nombre ("Marengo") al más bello de los ejemplares. También me ha encomendado que trasmita los mejores deseos para la Familia Real y para España, país al que venera y admira por su Historia y su grandeza".

La Reina María Luisa es un engendro de mujer, la más horripilante que he visto en mi vida, y además de esas personas que no miran de frente. Según se dice en la Corte es la amante de Godoy desde 1775, o sea el año que yo nací. Así que aquí quienes mandan son los amantes, la Reina y Godoy, pero por lo que me han dicho y yo mismo he comprobado a S.M. el Rey no le importa. Yo diría que incluso le complace, si no no llamaría siempre al Primer Ministro "querido Manuel".

Por tanto, ya sé a quiénes tengo que conquistarme y con quiénes tengo que tratar para conseguir nuestros objetivos. Te escribiré. Un abrazo de hermano. Luciano".

Luciano

Diciembre 1800

 

Señores, no se puede ser más cruel a la hora de describir a una mujer ni más acertado a la hora de describir a una Reina (aunque esa Reina sea una Reina de España): “La Reina María Luisa es un engendro de mujer, la más horripilante que he visto en mi vida, y además de esas personas que no miran de frente”.  

Julio Merino

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