19 de junio de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Lucio Séneca

Entre locos y ciegos

Miguel de Unamuno
Miguel de Unamuno
Hoy rebuscando en mi "baúl de los recuerdos" me he topado con un documento poco conocido que por su interés actual creo interesante reproducir. Se trata del relato que me hizo mi admirado Don Ramón Serrano Súñer de la comida-reunión que mantuvieron Franco y Unamuno en febrero de 1936. "Don Miguel, que pasaba ya de los 70 años,aunque muy bien conservado, llegó a la cita en el hotel Nacional de Atocha, vestido de negro y con su tradicional jersey de cuello alto, con la puntualidad del castellano serio. Mi pariente y yo (Don Ramón siempre se refería a Franco como "mi pariente") , que ya estábamos esperando, nos levantamos y le saludamos con verdadero afecto. Franco vestía de uniforme de diario, sin condecoraciones ni medallas, aunque en esos momentos todavía era Jefe del Estado Mayor Central del Ejército. Era Ministro de la Guerra y Presidente del Gobierno, Don Manuel Portela Valladares". Releído ahora, en plena campaña electoral, llama poderosamente la atención  lo que "Don Miguel" dice sobre la situación política de aquel momento preeleectoral: "¡No,no me gusta cómo van las cosas!... Las izquierdas, o eso que llaman izquierdas, se han vuelto locas, y las Derechas, o eso que llaman derechas, están ciegas... o sea, que estamos entre locos y ciegos... ¡Esto no puede terminar bien!". ( Tan solo 5 meses después estalló la Guerra Civil). Y no digo más. Lean:
 
Mire usted, general (le llamó así durante toda la comida) le agradezco sus palabras y el que haya leído mis obras, obritas o lo que sean …, pero le quiero decir alago que quizás no haya dicho nunca. Yo no me siento escritor, ni catedrático, ni político (que nunca lo he sido), yo pienso que no he sido otra cosa en toda mi vida que un simple maestro de escuela, sí, sí, un maestro de escuela, ¿y sabe por qué?, porque siempre he pensado y sigo pensando que el problema de España es un problema de educación y que los españoles son como niños que lo ignoran todo. Aquí se cree que ser culto es saber leer y escribir y conocer las cuatro reglas… ¡y eso hasta grandes próceres que he conocido! Verá, general, tras muchos años de estudio y meditación sobre el ser español he llegado a una conclusión: el español no es ni mejor ni peor que otros pueblos, pero … tiene algo especial: que es como un péndulo que sólo tiene extremos, o sea, o todo o nada… o apatía total o pasión sublime… Tal vez por eso Galdós dijera aquello de que el español es el que sabe hacer un 2 de mayo y no sabe hacer el 3 y el 4. Los españoles no quieren saber nada de nada durante años y de pronto un día se llenan de pasión y pierden la noción de todo… Y entonces, ¡ay, entonces!... te pueden  conquistar un Imperio o te incendian las iglesias y los monumentos. No hay términos medios. Por eso creo que también yo me he equivocado, yo quise despertar espíritus y ahora ya me temo que lo que he despertado han sido fieras …  Es un pueblo éste que no sabe lo que es la libertad… quizás porque nunca la conquistó, porque cuando  la tuvo fue más bien un regalo de alguien.
 

Bueno, y así se pasó un buen rato. Porque Don Miguel era una enciclopedia de saberes y pensares.. Luego, y ya a los postres, se centró en la República y en la actualidad política:

Mire, general,y que conste que hablo de esto porque usted me ha preguntado... Verá, cuando los monárquicos trajeron la República y la República me trajo a mí, yo viví como una cierta esperanza, creí entonces, ¡iluso de mí!, que por fin había llegado la hora de España. ¡¡Era todo tan bonito!!, un pueblo que se echa a la calle y que cantando arroja por la borda a una Monarquía de siglos, ¡era todo un acontecimiento!... una ocasión histórica.. Pero, no. La República se suicidó recién nacida, quizás porque la "comadrona" fue el resentimiento. Ya saben que su mentor, el señor Azaña, como dije en su momento, era un escritor sin lectores  capaz de hacer la revolución para que le leyeran... No, y me di cuenta en cuanto me hicieron diputado y entré en las Cortes, aquello no era un lugar de encuentro, aquello fue desde el primer día el paraíso del desencuentro, una Torre de Babel a lo pobre. Ortega lo denunció enseguida con su "¡No es esto, no es esto!" famoso, pero yo preferí retirarme a mi Salamanca y seguir predicando en el desierto.

¿Y ahora?, se atrevió a preguntar Franco.

Ahora, aquella mi esperanza del comienzo es ya un túnel sin salida.  Mejor dicho, con una única salida: la del enfrentamiento, la del exterminio, lo de siempre... otra Guerra Civil... o tú o yo. ¡No, no me gustan cómo van las cosas!... Las Izquierdas, o eso que llaman izquierdas,  se han vuelto locas, y las Derechas, o eso que llaman derechas, están ciegas. O sea, que estamos entre locos y ciegos... ¡¡ Y esto no puede terminar bien!!.

Y así terminó la comida. Don Miguel y Franco se despidieron con un apretón de manos y deseando lo mejor para España.

Lucio Séneca

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