25 de marzo de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Paco de Domingo

¿A qué jugamos?

Venimos de los tradicionales fastos navideños que se construyen con el insalvable machihembrado de tradicionales alimentos e históricos costumbrismos que nos castigan el encanecido bolsillo y la caduca salud, circunstancias a las que debemos de añadir la inevitable digestión del ´Gordo´ regada, en caso de los afortunados, con rosario de cava y reconstituyente bicarbonato de ilusión.

Y casi sin darnos cuenta nos hemos topado con los ´tardíos´ Reyes Magos de Oriente, quienes siempre cometen la fría indelicadeza de visitarnos después de que su principal competidor nórdico nos haya agasajado con dos semanas de antelación –¡Jo, Jo, Jo!- a lomos de su escopetado trineo, a tiro de reno, procedente de boreales ámbitos y con incontables puntos de ignoto destino.

Sus Majestades siempre se hacen acompañar de una generosa chequera con la que apadrinar los billetes de lotería y las matrices de los talonarios que fraccionan y reparten la suerte entre los afortunados tenedores de documentos oficiales de LAE, quienes, aun sin ser carpinteros, depositarán la viruta en las vigilantes y acorazadas entidades bancarias.

El ´Niño´ más popular de la primera semana de Enero supera con creces al primogénito, con o sin pan bajo el brazo, del Año Nuevo puesto que viene cargadito de manteca con la que untar a los agraciados. Y este año la excelencia económica ha recaído en la cuña de la misma madera: un niño de quince años ha resultado bendecido por la suerte al tocarle el primer premio. No puede acceder por edad a un salón de apuestas pero sí tiene capacidad para adquirir un boleto en un punto de venta. ¿A qué jugamos?

Y de infantes sigue la cosa. Con tan sólo nueve años, y bajo la tutela y paternal presencia, un angelito, al que habrá que cortarle las alas puesto que es un auténtico gallo de corral, jaleado por su papá celebraba el nuevo año disparando contra aves protegidas administrativa pero, por lo visto y oído gracias al percutor, no humanamente, con el trofeo de la merecida repercusión punitiva que puede llevar dicha acción. Diríase que no le satisfacen las simulaciones cinegéticas en el ordenador familiar.

Pero la diversión aviar, como la alegría, va por barrios, y en el pucelano de Pajarillos las ocurrencias están también al cabo de la calle y a tiro de fiesta. Parece que ya la pólvora de los petardos se nos queda corta, como la ilegal arma utilizada en el festejo de fin de año, y el espectáculo pirotécnico pasa a formar parte, como los vinos, del capítulo de autor. Para más bemoles la música de los proyectiles fue contemplada en vivo y en directo por varios ´mocosos´ presentes en el monólogo de percusión.

¡Mira que les queda toda la vida por delante! Sin embargo, en ocasiones, nos proponemos poner en práctica la política del cangrejo: caminar hacia atrás, rescatando en plenas facultades de torpeza los desatinos más casposos y decimonónicos que configuran la trayectoria de nuestras huellas.

“De padres gatos… hijos michinos”.

Paco de Domingo

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