20 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

Paco de Domingo

En tiempo y forma

Dentro del próximo, desde la abstrusa lejanía, mundillo de la literatura judicial se contempla la expresión “en tiempo y forma”, marco en el que se sustentan los diferentes procedimientos que se encuentran sometidos al imperio de ambos conceptos, que marcan el desarrollo de las actuaciones que conciernen a todas las partes involucradas en aquellos, teniendo como fiscales de cabecera plazos y reloj.

En la cotidianeidad de la vida en sus diferentes ámbitos de ocio, laboral, religioso… las relaciones personales también vienen marcadas por el cinturón de los ajustes a fechas y horarios para el buen funcionamiento del ´negocio´ que interrelaciona a la administración con los administrados, a superiores y subordinados y a moros y a cristianos.

A partir de estos aprobados presupuestos, nada prorrogables, se establece el nacimiento del concepto de la puntualidad; de hecho, y por ´su derecho´, ciertos viandantes pertrechados de venas y arterias piensan que se es más puntual incluso por llegar antes de la hora al lugar convenido. ¡Pues no señor!, la exactitud es prima hermana, por parte de padres, de la puntualidad.

Me gano la vida que perdemos alrededor del sector servicios –hostelería-, ¡tan lleno de vicios!, y en momento alguno de mi carrera de fondo profesional he exhibido rótulo alguno con horario de apertura y cierre, por lo que “si vienes y no estamos, es que no coincidimos”.

En más de una ocasión, en determinadas ´escarlatadas´ oficinas de la entidad bancaria presidida por los tacones de Ana Patricia Botín, dueña y señora de sus vestidos y botones, se han saltado a la torera, cual gitano con manoletinas nuevas, el horario de cierre de despacho al público efectuando la clausura con anterioridad al indicado en la puerta de acceso a la entidad. ¿Se encuentra usted al tanto de circunstancias de este jaez señora doña?

¿Es necesario embarcarse en la nao de la vida amarrándose al noray de la pulcritud horaria emparentándola con los idus romanos? ¿Y cómo actuar si un reloj atrasa o adelanta porque no se tiene acceso a la adquisición de un Longines helvético? ¿Quién le pone el cascabel de la precisión al gato de la exactitud? ¿Y qué hacemos con el entrañable Lucho Gatica, reciclamos su “Reloj, no marques las horas…”? Convendría, como alternativa, rescatar la figura de don Mario Moreno arguyendo: “No se me adelante, pero tampoco se me atrase”.

Quienes llegan siempre a la hora a una trattoria, previa cita concertada para una ingesta, cuando comandan la pasta ¿la solicitan al punto o al dente? El que suscribe, y ´susescribe´, porta el reloj siempre ´o´clóckicamente´ (en punto y en hora) debido al riesgo de puerta en las narices, ya solo cuento con una, que comporta el llegar a última hora al punto de destino. Un eximio camprodonés llega incluso más allá: “Siempre llegamos tarde, donde nunca pasa nada”.

Solo la parca no negocia atrasos o adelantos: Nadie se muere el día anterior, conoce la hora y el momento exactos para sus luctuosos fines.

Paco de Domingo

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