15 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Felicísimo Valbuena

Julio Escribano, humanista, una especie a proteger

Escribano Hernández, Julio: (2017) Lecturas del viajero y (2018) A la zaga de la vida Madrid, Fundación Universitaria Española.

El autor, profesor de Instituto y de Universidad durante muchos años, me ha sorprendido porque domina varios campos del saber y, además, los presenta como fondo de los personajes, históricos unos y conocidos del autor otros, cuya circunstancia decisiva él presenta en relatos cortos o muy cortos. Hasta presenta un micro-relato que no llega a una página de extensión.

¿Cómo hemos de interpretar estos relatos?

La pregunta es breve, pero con las posibles respuestas a esta pregunta podríamos escribir un libro.

Un primer enfoque: Cada cuento e, incluso, cada poesía, es un esbozo, o como le gustaba llamar a Borges, un “esquicio”. Hay toda una tradición clásica en Hollywood sobre este asunto. El célebre guionista de cine y novelista Robert Siodmak, explicaba así este sistema: “Para cada historia te hace falta una idea bien definida que tienes que poder escribir en una postal. Un amigo mío vendía las historias así; por ejemplo: “Hay una escasez terrible de vivienda en Washington durante la guerra, y una pareja joven y rica tiene la idea de ponerse a trabajar como mayordomo y doncella en casa de un importante funcionario del gobierno...” Ése era el “meollo” y eso era todo lo que hacía falta para conseguir un trabajo en un estudio”. A quienes actuaban así se les llamaba “hombres o mujeres-idea”.

Pues bien, en no pocos relatos de Escribano encontramos un esbozo de una historia mucho más extensa. Ahora hay novelistas que escriben novelas históricas y encuentran muchos lectores aficionados a esa corriente narrativa. Escribano ofrece material para varias novelas. Porque él da la entrada y, de ahí en adelante, el escritor o el principiante pueden emprender el viaje hacia terrenos poco conocidos.

También ofrece relatos de personajes que él ha conocido y que pueden dar lugar a cuentos más extensos, novelas de cine, guiones e, incluso, series. Entonces, ¿qué hace falta para poner estos planes en marcha? Casi nada: Escritores, guionistas. Es decir, casi todo. Hay autores que venden muchos libros y todos los años las campañas nos presionan diciendo que debemos ver tales y cuales películas que merecen premios y más premios. Sin embargo, hay que reconocer que no estamos pasando ni por una edad de oro de la ficción ni del cine. Dejo constancia de que en España necesitamos buenos novelistas y guionistas de cine.

Sobre la novelística española reciente, recomiendo a quienes les interese, que lean los números de La Fiera Literaria que, mensualmente, y durante diez años, editó Manuel García Viñó. Ha sido un fenómeno único en España. Sobre el cine, recomiendo que se fijen en la poca calidad que tienen demasiados guiones de las películas españolas y los procedimientos facilones a los que acuden los guionistas y directores: tacos y sexo, que no pueden suplir su falta de imaginación. Menos mal que, de vez en cuando, nos encontramos películas como Solas o La caja 507.

Entonces, animo a Escribano a que se atreva a escribir una novela con algunos de los materiales que ha manejado para sus cuentos. Puede combinarlos con las técnicas de creatividad que varios autores han desarrollado desde hace muchos años.

Lleva adelantado mucho, porque las informaciones que él ofrece pueden concretarse en diálogos dentro de escenas con personajes que atraigan vivamente al lector. Y hablando de escenas, los dos libros pueden pasar a ser planos de una construcción literaria muy sólida. Se me vienen a la mente los relatos sobre Fray Luis de León, el Arzobispo Carranza, Lope de Vega. Entre otros, claro está.

También los libros de Julio Escribano ofrecen material para documentales. Hay datos que resultan sorprendentes, como éste: “En España, de las sesenta y ocho catedrales, treinta y siete están dedicadas a la Asunción, advocación que difundieron los españoles cuando fundaban ciudades en América”. Y pasa a detallar algunos datos interesantísimos; entre otros, Asunción, la capital de Paraguay. En solo una página, el autor presenta un esbozo más de lo que podría ser un excelente mapa del itinerario de un documental sobre Historia y Arte.

Deduzco que el autor vive en Alcorcón y está ligado a La Adrada, en Ávila, aunque no constan estos datos en la contraportada del primero de sus libros. Y de nuevo nos empista para que evoquemos épocas históricas alejadas y muy cercanas en el tiempo de las dos localidades. Incluso, muestra su registro de poeta cuando presenta el castillo de La Adrada o el célebre Pino Aprisquillo, que con humor fija su antigüedad entre 300 y 600 años.

En resumen: Nos encontramos ante un autor que reúne aspectos de las personas autorrealizadas: Es creativo, su prosa tiene energía, sus personajes derrochan autenticidad y por su forma de tratar las situaciones dramáticas y trágicas de la Historia y de su historia individual, deduzco que es muy buena persona.

Felicísimo Valbuena de la Fuente

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