16 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Odiadores

/ Odiadores.

No es complicado saber qué han opinado los sabios sobre el odio. Ni siquiera hace falta saber leer y escribir para definir lo que se entiende como cabal. Nuestros abuelos, limitados en formación, pero expertos en esfuerzo y sacrificio, nos enseñaron el camino para esquivar la venganza o el acérrimo desprecio. No se hace preciso acudir al ámbito religioso, porque, con alguna excepción, coincide en la consideración del odio como antípoda del amor.

Valga una reflexión del filósofo Bertrand Russel en la década de los sesenta: “El amor es sabio, el odio es tonto”. Sus tres pasiones, compartidas por una enorme mayoría de ciudadanos, eran: “Ansia de amor, buscar el conocimiento y piedad por el sufrimiento ajeno”. Se atribuye a Platón esta frase: “Odiar nos permite ser desagradables y sin embargo permanecer cercanos, cuidarnos y ayudar. Así podemos aguantar esta mierda”. Hay quien dijo: “Nada queda inmune al odio, que todo lo traspasa y permea; una vez que se abre paso, todo lo corroe y contamina”. 

A pesar de la grandeza de quienes lucharon en nuestra última guerra civil zanjándola con dosis de perdón anhelando un futuro compartido sin odio, los tontos de ahora se empeñan en infectar la sociedad que vivimos despreciando iniciativas emprendidas por quienes tuvieron la gallardía de legislar con la vocación más constructiva de nuestra historia. Tenemos que aceptar la indigna existencia del odio en nuestra vida más cotidiana, disfrazada de envidia, en lo que somos campeones mundiales.

El que odia vomita desprecio sin mesura y trata de salpicar a todo lo que no se enmarca en sus pretensiones. Pero habría razones para entender el odio, como la venganza, ensamblada en una desgracia propia o ajena, lesionando desgarradoramente una circunstancia concreta. La maldad, hasta vestida con justificación, se desmadra inconteniblemente cuando hay carencias afectivas o de conocimiento, por eso hemos sabido de arrebatos o premeditación irradiando un odio cerval.

Se admite, porque es benévolo, el odio a conductas o situaciones determinadas, pero como sinónimo de desprecio o desafección a lo que consideramos perverso. Somos muchos los que odiamos la mentira, deslealtad, corrupción, violencia o prepotencia, como amamos la paz, el bien común, disciplina, compromiso, generosidad, legalidad o solidaridad. Habrá bastantes personas que llegan a entender el odio como respuesta a una maldad, que nos hace sacar lo peor de cada uno para respaldar la represalia o la justicia privada, colmos que surgen cuando la respuesta legal o la protección de los poderes público se quiebra o desaparece.

En España ya estamos sufriendo el olvido y desatención oficial para afrontar obligaciones fundamentales del Estado, como es la defensa de derechos y libertades de sus ciudadanos, que demandan respuestas eficientes y eficaces para restablecer, hasta donde sea preciso, la convivencia y bienestar común. Merece especial atención los que se convierten en odiadores sociales. En los últimos tiempos, como si de una epidemia se tratara, en España han rebrotado, porque así lo han querido y airean, auténticas bacterias y virus sociales, que se dedican a infectar a la sociedad para que enferme de odio.

El interés personal o grupal está afianzando perversas maniobras para crispar y general enfrentamientos desproporcionados como estrategia política. La propaganda más capciosa, embarrada en la maldita venganza, ha conseguido, desdibujando la realidad, difundir un relato falsificado para construir varios frentes irreconciliables, que permite a sus promotores más destacados abastecerse de recursos públicos, garantizarse un futuro y sostenerse a toda costa en el poder.

El divide y vencerás sigue teniendo la vigencia que los malditos bastardos nos regalan cada día. Esa deriva del odio tiene como referente algunas ideologías preñadas de maldad, muerte y rencor, que enarbolan siglas y banderas manchadas de sangre. Los sectarios impregnan resentimiento con recuerdos trágicos alimentando estrategias para obtener ventajas. Sus sicarios de la palabra divulgan maniobras diseñadas para crispar y separar, porque son, también, odiadores.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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