18 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Ignacio Herce Álvarez

No tengo ganas de ná……

La tristeza y desesperación ha llegado con el COVID.
La tristeza y desesperación ha llegado con el COVID.

Hace unos días venia yo tan contento y feliz de hacer una entrevista a un famoso torero que pronto podrá leerse en este diario, cuando me encontré con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Me hizo mucha ilusión encontrarle porque normalmente era una persona muy vital, siempre impecable en el vestir, de trato amable y cercano…de esas personas con las que se está a gusto charlando o tomando un vinito con su consiguiente tapita.

Físicamente ya le noté con un gesto tristón y me choco su “torpe aliño indumentario”, cosa que me impacto bastante ya que la imagen que dé él se desprendía era siempre la de vivir la vida con alegría y contar con ese puntito de elegancia que no llegaba a caer en la pedantería. A  mi pregunta de ¿Cómo te va la vida amigo? Su respuesta fue sencilla…” pues aquí aguantando el tirón, como todos”.

Dado que sus actividades siempre fueron múltiples y variopintas decidí interesarme por ellas y su respuesta fue más deprimente aun si cabe, “Pues haciendo cosillas, pero la verdad es que no tengo ganas de na…este COVID nos está matando como personas y como sociedad”.

  El COVID nos ha dejado tristes.

Me explicó que quizá en otras latitudes esta nueva normalidad -realidad, como yo la denomino-, no se note tanto como en nuestras tierras por aquello de nuestro carácter cálido y latino, pero, lo cierto es que poco queda ya de aquello que fuimos. “Mira, los amantes de viajar ya no podemos hacerlo físicamente por los cierres perimetrales y fronterizos y, aunque se pudiera hacer con más libertad, ¿A dónde vas a ir si esta todo confinado, bajo toques de queda o tienes que hacer cola hasta para comprar el periódico? Viajar era descubrir sitios y lugares, nuevos espacios y, sobre todo, moverte con libertad por ellos, ahora para que te vas a mover si lo primero que hacen en algunos sitios es meterte en cuarentena nada más llegar…o nada más salir”.

Y siguió con su exposición…"Eso si sales al extranjero, pero sin tener que salir fuera aquí dentro la cosa tampoco anda mejor, cada día estoy más temeroso de entrar en una gran superficie, de comer en un restaurante, de tomar unas cañas…de hacer en suma lo que hacía antes normalmente. Tengo auténtico pavor a quedar con alguien por si tiene el bicho, por lo que quedo en terrazas y con el bozal y la vara de medir distancias entre ambos y, esperemos al buen tiempo porque en estos días es casi patético ver a la gente sentada en terrazas con un frio que pela tomándose una bebida o comiendo algo con el abrigo hasta las orejas…vamos que no te cogerás el COVID, pero el trancazo seguro. Y no te digo nada si te coges el bicho y se lo pasas a tu suegra como conviviente que me ha tocado en suerte…vamos el acabose en los todos los frentes”.

“Por otra parte, antes siempre además de trabajar, teníamos alguna actividad que hacer, comidas, cenas, reuniones, festejos varios…de tal manera que estábamos en constante movimiento, pero ahora ya casi no sales de casa y vives permanentemente pegado al ordenador, no te digo más que ya hasta tengo que usar gafas desde que estamos en esta situación…a este paso no llego a los sesenta”.

Ante mi estupor continuó su perorata: “Y ahora estamos tele trabajando que suena muy bien pero que es un auténtico coñazo… ¿dónde están esos ratos comentando los partidos o las corridas en época taurina con los compañeros de oficina o ese desayuno en el que poder despellejar al compañero ausente al que acaban de ascender quien sabe porque méritos…? y además trabajábamos hasta a gusto…. ¡quién me iba a decir que echaría de menos ir a la oficina!"

Y por si fuera poco apostilló…"Ni siquiera te vale vestir bien porque ya no ves a nadie salvo de medio cuerpo para arriba en la maldita pantalla del ordenador, para que vas a afeitarte si con la mascarilla no se te ve la cara…Pues eso, que no tengo ganas de na…”

Después de esta conversación nos despedimos con la sensación de no saber si nos volveríamos a ver algún día y me metí en el metro donde resonaban los altavoces recordando el uso de la mascarilla, las distancias de seguridad… como en una película catastrofista de serie B y ya no sabía si volverme al bar del que provenía alegremente y echarme de bruces en la barra o buscar un viaducto cercano, pero la verdad es que me dejó sin ganas de na….

La verdad es que al salir del metro vi la luz del sol y me dije…"pues yo tengo ganas de escribir un artículo para elcierredigital.com"  y aquí os lo dejo….

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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